Purple Rain (1984)





Purple Rain.
Año: 1984.
Director: Albert Magnoli.
Elenco: Prince, Apollonia Kotero, Morris Day, Olga Karlatos,
Clarence Williams III.
País: EE.UU.
Duración: 112 minutos.

 En un año 2016 plagado de tragedias y malas noticias, obviamente destacó por su impacto en la cultura pop la muerte de variadas figuras insignes del cine, la música y las artes. Entre esta oleada de lamentables fallecimientos, uno de los más choqueantes fue la muerte de uno de los músicos más talentosos y multifacéticos que nos regalara el siglo XX: Prince Rogers Nelson, conocido por una infinidad de diversos nombres, alias e incluso signos (Prince logo.svg), pero común y mayormente conocido como Prince.

No bien su aporte a la música ha pasado un poco desapercibido por estas latitudes, donde se le considera más un artista de culto, lo cierto es que a nivel global su influencia y presencia ha dejado una huella incalculable en todo tipo de expresiones artísticas, lo que va de la mano tanto con el talento de Prince, así como con su peculiar y excéntrica personalidad.

Es por esto que, en primer lugar, vale la pena elogiar de sobremanera lo hecho por el festival In-Edit este año en su decisión de traer el filme y exhibirlo en 2 funciones, no sólo para rendir un homenaje más que merecido a la trascendental figura de Prince, pero también como un acto que sirva para acercar a la gente que no ha tenido -o no se ha dado- la oportunidad para disfrutar de la obra de uno de los mejores músicos de la historia.
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Hablar de “Purple Rain”, el debut fílmico de Prince (y la única de las cintas en que actuó que no fue dirigida por él) es un tanto complejo, principalmente por la forma en que el film mismo y su calidad están ligadas intrínsecamente con la figura de Prince. Y es que, para bien y para mal, Prince se nutrió de uno de los recursos más utilizados por los músicos para darse a conocer en el cine -y promocionar su música-: una película semi-biográfica. Por un lado, se cumple lo ya establecido respecto a la creación de un vínculo casi inseparable entre cinta e intérprete (para un ejemplo más reciente, ver el caso de Eminem y “8 Mile”); por otro lado, la elección del formato facilita la actuación de los músicos ya que les permite revivir pasajes de su vida, enalteciendo la interpretación de sí mismos que realizan durante el metraje.

Y esto no podría ser más evidente que lo ocurrido con Prince en “Purple Rain”, que con el tiempo se convirtió en un clásico de culto principalmente apoyado en la fuerza de la actuación de Prince y su banda sonora. Por un lado, esto permite pasar por alto las numerosas fallas de la cinta -que son muchas y de alto calibre-; por otro lado, también posibilita notarlas más, lo que nos lleva de vuelta a nuestra afirmación del párrafo anterior respecto a la complejidad que implica el comentar un filme así. ¿Es una mala película con algunos elementos brillantes que la redimen? ¿Una cinta donde la suma de las partes es mejor que éstas analizadas de forma individual?

Como dijimos, “Purple Rain” es una cinta semi-biográfica que relata la historia de un brillante y talentoso músico conocido como “The Kid” (Prince), oriundo de la ciudad de Minneapolis -al igual que su inspiración-, quien debe sobreponerse a una serie de problemas sociales y traumas personales, con el solo objetivo de lograr la fama que tanto anhela y lograr trascender musicalmente. Es así como The Kid y su banda, The Revolution -el grupo que lideraba Prince-, viven realizando presentaciones en un club nocturno tanto como parte de su trabajo, pero también como la forma de escape que The Kid tiene para salir de sus dramas familiares -clásicos problemas con su padre y madre-, así como sus demás demonios, representados tanto en su aparente incapacidad de formar lazos sentimentales (personificados en su novia, Apollonia), y en la banda rival de The Revolution: The Time, quienes representan la lucha inherente que tiene la carrera de un músico.

No bien la trama está intrínsecamente vinculada a Prince, lo cierto es que los roles que no son interpretados por el hombre de púrpura están plagados de actuaciones irregulares y mediocres (que le valdrían una nominación a los Razzies a Apollonia Kotero), las cuales se ven amplificadas por un guión poco pulido, plagado de conflictos arbitrarios y artificiales, exposición innecesaria y pobre desarrollo de personajes.

Por otro lado está el aspecto musical de la película, el cual, como era de esperarse, se encuentra amplificado de una forma tal que a ratos pareciera que estamos viendo un musical o uno de los épicos conciertos que solía dar el músico. Habla mucho respecto de la película que estos “interludios extendidos”, a falta de una mejor expresión, sean de los puntos más altos de la cinta, particularmente porque nos permiten escuchar la célebre banda sonora de la película, la cual no sólo dio nacimiento a uno de los mejores y más conocidos álbumes de Prince –“Purple Rain”-, pero que además fue galardonada con el premio Oscar en la categoría de Mejor Adaptación Musical, premio que fue entregado por última vez a “Purple Rain”, pese a tener la particularidad de aún existir en el catálogo de la premiación, pero que sólo se otorga en aquellos años donde la cantidad y calidad de cintas que puedan competir en la categoría justifiquen la entrega de premio, lo que no ha ocurrido desde 1984.

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Ante lo irregular de la estructura, así como a los numerosos problemas de la cinta, bien vale la pena preguntarse entonces ¿por qué “Purple Rain” dejó la marca que dejó en la cultura pop?

En primer lugar, porque la cinta logra capturar a la perfección el adn cultural y musical no sólo de Prince, pero de los 80’s en general, entregando un vistazo particular -y muy enraizado temporalmente- a lo que fue la época donde se produjo el ascenso de Prince como músico. Ver “Purple Rain” no sólo es transportarse a dichos años, pero también a la ciudad de Minneapolis, tan amada por Prince al punto de haber vivido en ella hasta su muerte en abril pasado, dejando de lado el glamour y las luces que ofrecen ciudades como Los Ángeles o New York, por la tranquilidad comparativa que ofrece Minnesota, la que fue terreno fértil para que la conocida ética creativa y laboral de Prince pudiera florecer.

En segundo lugar, porque como dijimos, “Purple Rain” fue realizada y lanzada durante el peak de la carrera de Prince, por lo cual su presencia y carisma son omnipresentes a lo largo de los 112 minutos de duración. Esto se vuelve no sólo el motivo mismo de existencia de la película, pero también justifica que deba ser vista, ya que proporciona un vistazo ideal de todo aquello que hizo de Prince una de las estrellas trascendentales de la música y todo un ícono de la cultura pop, lo que a la postre se vuelve motivo suficiente para pasar por alto todos los problemas que la cinta pueda tener.

 Puedes volver a ver “Purple Rain” el 10 de diciembre a las 19:00 hrs. en el Teatro Oriente. Para más información sobre la película, y sobre la décimo tercera edición del festival In-Edit Nescafé, no olvides visitar la página oficial del evento.

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