Sherlock S04E01: “The Six Thatchers”

sherlock-the-six-thatchers-a

Retornos y Despedidas

Después de una larguísima espera -saciada tan solo en parte por el especial navideño estrenado el año pasado- Sherlock vuelve a nuestras pantallas con su cuarta (¿y potencialmente última?) temporada. “The Six Thatchers” es el nombre del capítulo que abre este nuevo ciclo, haciendo referencia obvia al “Caso de los Seis Napoleones”, cuento corto escrito por Arthur Conan Doyle – y obteniendo una parte importante de su trama de dicho cuento, también. En todo caso, la pregunta importante es: como episodio de la serie, ¿está a la altura del nivel que sabemos que Sherlock puede alcanzar?

En cierto sentido sí. En otros, no.

¿Se acuerdan cuando Sherlock era una serie basada mayormente en la resolución de misterios altamente complejos (casi imposibles) mientras exploraba la relación entre el personaje homónimo y John Watson? Actualmente la serie está bastante alejada de ello. El tono de las dos primeras temporadas dista mucho del tono que adquirió durante la tercera; no solo la autoreferencia y la conciencia de ser un fenómeno cultural en la era de la internet, el humor en grandes cantidades en contraposición a la predominante seriedad de los capítulos anteriores sino que también la adición de un nuevo personaje principal: Mary Morstan (que terminaría siendo Mary Watson luego de su matrimonio), alterando la dinámica central de la serie. Todos estos elementos lograron que la tercera temporada se sintiera profundamente distinta a sus predecesoras, para bien o para mal. Incluso, podríamos decir que el personaje de Mary -especialmente su pasado desconocido- fue parte crucial de al menos 2 capítulos. La reacción, consecuentemente, fue dividida. Pero la fanbase se mantuvo igual, impávida, aceptante o resignada.
En ese respecto, “The Six Thatchers” es la continuación directa, no solo en trama sino en tono, del final de la temporada anterior. Pasa de ser “un caso más” -aunque con su buena dosis de humor- termina convirtiéndose en una nueva exploración del pasado de Mary Watson. Un pasado que pende constantemente sobre ella, una sombra ineludible, la sensación de que pase lo que pase dicho pasado igual la alcanzará tarde o temprano.

Allí radica la cuestión central sobre la reacción del espectador respecto al episodio en sí: el disfrute de éste parecería íntimamente relacionado con la tolerancia que se tenga con el personaje interpretado por Amanda Abbington. Si uno está dispuesto a aceptar todo ese “bagaje”, entonces probablemente el capítulo le parecerá bastante bien logrado y emotivo (incluso más allá de su final); en cambio, si Mary nunca le ha parecido convincente o no tolera el énfasis que la serie le ha dado al personaje, entonces su reacción a “The Six Thatchers” podrá variar entre la profunda decepción (con una luz de esperanza) a una resignada indiferencia – porque, para casi todos los efectos, Mary Watson es un personaje absolutamente crucial para los eventos del capítulo.
En lo estrictamente personal, nunca he sido muy fan del personaje. Reconozco la buena labor de Abbington y su química no solo con Martin Freeman (su pareja en la vida real) sino también con Benedict Cumberbatch, pero de alguna manera siento que su personaje nunca terminó de “cuajar” bien – su presencia en la serie sentida más como una imposición por parte de los showrunners que un desarrollo orgánico de la serie en sí. De esa manera, mi reacción a la tercera temporada fue un tanto más tépida que la que yo mismo esperaba (aún más si admito que “The Reichenbach Fall” es mi capítulo favorito de la serie), que se replicó en relación al Especial de Navidad del 2015 y que sentí al terminar de ver “The Six Thatchers”: no estuvo mal, pero podría haber sido mejor. No me hizo perder el tiempo, pero tampoco sentí que fuera algo esencial.

Quizás eso sea suficiente para algunos. No hay nada de malo en ello.

sherlock-the-six-thatchers-b

Pero a mí me deja un sabor agridulce. Tal vez porque sé que la serie puede dar mucho más – lo ha hecho antes, y espero que lo haga una vez más. Puede que sea una suerte de esperanza en vano, porque muchas cosas cambian en 5 o 7 años y no es razonable esperar que una serie se mantenga igual cuando la gente tras ella probablemente haya cambiado bastante.

Ahora bien, incluso aceptando lo anterior, incluso concediendo que el tono mismo de la serie es distinto expandiéndose más allá de los misterios en sí, incluso concediendo que la relación entre Mary y los otros dos protagonistas es una parte importante de la serie actualmente… creo que el capítulo pudo haber sido mejor. O, al menos, haberlo pulido un poco más, porque momentos de gran calidad tiene.
La cuestión pasa porque considero que fue un capítulo altamente irregular: partiendo por la introducción humorística que sirve de cierre a los momentos finales tanto de la tercera temporada como del Especial de Navidad, luego a la búsqueda de otro caso por resolver, luego el caso en sí (y la mención constante a la Perla Negra de los Borgia, tanto referencia al cuento original como una pista falsa) y cómo se transforma en una cuestión centrada en Mary, la reacción de ésta, la reacción de Watson, la resolución del “verdadero” misterio y el sombrío final, hay cuestiones que funcionan mucho más que otras (algo que suena irritantemente obvio). En lo personal, siento que la “transformación” misma del caso en algo relacionado con Mary fue algo forzado, un cambio demasiado abrupto que le jugó un poco en contra al capítulo en sí y que se sintió reiterativo luego de que gran parte de “His Last Vow” también tratara de lo mismo. Además, el ritmo del capítulo se ralentiza una vez que el enfoque cambia, haciendo que el inicio se sienta demasiado apresurado y el medio, casi interminable.
Otros detalles que causaron algo de escozor -aunque en menor medida- fueron la resolución misma de lo sucedido al final de la temporada anterior (cuestión que probablemente haya sido intencional, como hablaremos más adelante), y todo lo relacionado con la “infidelidad” de Watson – que se sintió, a nuestro humilde juicio, liviano e intrascendente, prácticamente innecesario. Ahora bien, siempre existe la posibilidad de que a futuro dichas escenas adquieran una relevancia retroactiva (por ejemplo, si de alguna manera el antagonista principal de la temporada está detrás de ello) pero así, vistas bajo sus propios méritos, no aportaron mucho. Por último, nos resulta difícil ver a Amanda Abbington como una mercenaria/espía altamente letal; nada personal contra ella, claro está, ni con su actuación post-vida mercenaria, pero la suspensión de la incredulidad no da para tanto – si hasta se le ve incómoda con un arma en la mano.

Pero, por supuesto, no todo es malo (como ya dijimos): el humor durante el episodio es -por lo general- bastante preciso y efectivo, no sintiéndose para nada ajeno al ADN de la serie y sirviendo como un buen contraste cuando las cosas comienzan a colocarse excesivamente serias durante la segunda mitad del capítulo. También destacamos el trabajo visual del capítulo: es la primera entrega de la directora Rachel Talalay en la serie y, sin embargo, maneja a la perfección el lenguaje visual de ésta y, de paso, le agrega nuevos y efectivos detalles, como el foreshadowing de los enfrentamientos en lugares con agua (la piscina y el acuario) con el uso intensivo del color azul en filtros e iluminación, también la superposición de un fragmento roto de un busto de Thatcher sobre el rostro de Sherlock, y el uso de los bustos quebrándose para mostrar paso a paso la epifanía del personaje homónimo y cómo termina resolviendo el caso. Todo esto junto a la cinematografía de Stuart Biddlecombe (quien ya había trabajado con la directora Talalay antes en dos capítulos de Doctor Who) logran que “The Six Thatchers” sea un deleite para la vista.

Ahora bien, es momento de hablar del elefante en la habitación: la resolución del misterio, el clímax del episodio y la consiguiente muerte/sacrificio de Mary Watson. En primer lugar, la solución en sí es -al mismo tiempo- astuta si no se presta mucha atención y obvia si uno es un conocedor de los tropos y clichés del género: el que se le haya dedicado una escena completa (aún en tono humorístico) a un personaje aparentemente irrelevante que termina siendo el culpable es de esas pistas “ocultas a simple vista” que permean gran parte de las historias de misterio.
La responsable de la verdadera traición que termina por perseguir emocional y después físicamente (cortesía de Ajay) a Mary no es sino Vivian Norbury, la secretaria de Lady Smallwood -quien era la Miembro del Parlamento a cargo de relacionarse con AGRA- y el casting de Marcia Warren como la supuestamente intrascendente secretaria demuestra ser otra buena decisión por parte del equipo tras la serie: su apariencia bondadosa esconde un núcleo de envidia y ambición. Un tanto cliché, pero funciona bien dentro del contexto del episodio. La subsiguiente demolición verbal por parte de Sherlock a Norbury es otra muestra de lo cómodo que Cumberbatch se encuentra en dicho rol. Hasta ahí todo parece indicar que Sherlock tiene todo resuelto y que lo peor ha pasado. Vivian Norbury no tiene dónde escapar.
Al menos hasta que Norbury saca una pistola y dispara. Ahí está su cláusula de salida, su válvula de escape. La bala va directo hacia Sherlock, pero Mary Watson se interpone en su camino y recibe el impacto, instantes antes de que John entre en escena. Es un tanto conveniente, quizás demasiado forzado, pero lo artificioso de la situación es salvado por la calidad de la actuación de Cumberbatch, Freeman y Abbington. Incluso obviando que un médico que trabajó en el ejército debería considerar las heridas de balas como “lo usual” dentro de su trabajo e intentar racionalizarlo como que entró en una suerte de estado de shock debido a su evidente cercanía emocional con la víctima, incluso soslayando todo eso, la actuación de los protagonistas es lo que eleva el producto final: la expresión desolada de Cumberbatch, los devastadores gemidos/aullidos de dolor de Freeman, la frágil despedida de Abbington. Funciona, y funciona bien – aunque, nuevamente, el impacto será mayor para el espectador que ha aceptado a Mary Watson como parte crucial de la serie en este último tiempo. Su muerte será un golpe emocional fuerte, la pérdida dolorosa de un personaje significativo no solo per se, sino también en sus interacciones con los demás. Pero si Mary Watson nunca fue de su agrado, entonces tal vez suspire con alivio y piense que por fin las cosas podrán volver a ser como eran.

Pero no.

Aquí radica el poder del final del capítulo: en que, tal vez por primera vez en mucho tiempo, Sherlock está completamente obligado a lidiar con lo sucedido. Tal como el mercader de la leyenda babilónica de “Una Cita en Samarra” (contada por el escritor inglés W. Somerset Maugham), ni Sherlock ni John ni Mary pueden eludir lo inevitable, las consecuencias de sus acciones, la sombra de su pasado, la realidad – y es algo que quizás intencionalmente contrasta con la absoluta liviandad del inicio del capítulo, la forma en cómo resolvieron el problema de Sherlock asesinando a Magnussen para salvar el pellejo de sus amigos: básicamente un Deus Ex Machina (casi literal, en la forma de edición tecnológica de videos) para eximir a Sherlock de cualquier responsabilidad eventual incluso antes de que el público se entere. En ese sentido, la exención de dicha responsabilidad evidente al inicio se ve completamente subvertida al final del capítulo, en donde Sherlock debe lidiar de una u otra manera con la muerte de la mujer de su mejor amigo, la destrucción de dicha amistad y la dificultad de cumplir con el último encargo (post-mortem) de la fallecida. Su caso más difícil.

Es raro ver a Sherlock tan devastado que necesita ir a una psicóloga para poder iniciar el camino a la recuperación. Es una imagen simbólica: durante el capítulo, el asiento de Watson en el departamento de Baker Street no ha sido ocupado por él; primero, por un globo rojo (!), luego por la Sra. Hudson y luego, metafóricamente, por Sherlock mismo cuando va a la consulta de la psicóloga. Los roles han cambiado.
En una conversación después de ver el episodio, alguien me comentó que el episodio era tonalmente opuesto a “The Sign of Three” y encuentro que tiene razón: hay una cierta relación de complementariedad entre ambos capítulos, uno relativamente liviano, cercano, afectuoso, sobre la unión de John y Mary (cuánto simbolismo en dichos nombres) y el pronunciamiento del juramento de Sherlock; el otro mucho más serio, urgente, desolador, sobre la separación de John y Mary y el fracaso de Sherlock para cumplir su juramento. Opuestos complementarios. Una triste resolución a un momento de alegría.

Y luego de todo eso, aún no sabemos la verdad sobre el plan de Moriarty. Sherlock dice saberlo, pero no lo comparte. De alguna manera lo toma todo como un juego, un Gran Juego que debe resolver para satisfacer su irrefrenable ego – pero cuando la mujer de su mejor amigo muere por un impacto de bala, su mejor amigo le saca en cara el incumplimiento de su único (y último) juramento y decide cortarlo de su vida, es cuando se da cuenta que es más que un simple juego. Que las consecuencias son reales y que, en verdad, son ineludibles. Que son una cita en Samarra.

Observaciones Varias:

  • En una de las escenas finales, Mycroft menciona a “Sherrinford” – en los libros, el nombre del hermano mayor de los Holmes, aunque nunca apareció como tal. No es “canon”, por decirlo de alguna manera, sino que simplemente fue una idea/borrador de Conan Doyle para explicar por qué tanto Mycroft como Sherlock podían ejercer sus funciones en vez de administrar la casa de sus padres.
  • ¿Quién tendría un busto de Margaret Thatcher? Atroz.
  • La muerte de Mary nunca apareció directamente en los libros de Conan Doyle, sino solo indirectamente mencionada.
  • It’s never twins”. Así como el Doctor House (en sí, una adaptación/variante/equivalente de Sherlock) mencionaba que nunca era Lupus.
  • Go to Hell, Sherlock.” Puede ser un insulto (¿después de pedirle encarecidamente salvar a John Watson? ¿Por qué?) o puede ser, literalmente, una descripción de la misión: bajar a un metafórico infierno para poder salvar a su mejor amigo.
  • Otra cosa absolutamente destacable: la pelea en la piscina entre Sherlock y Ajay. Sin duda, una de las mejores escenas de la serie en cuanto a acción pura sumada a una hábil dirección/edición y una bella cinematografía.
  • ¿Qué piensan de “E”, la mujer que coqueteó con Watson? Algún papel importante cumplirá de aquí a futuro, ¿no?
  • Siempre es un agrado volver a reseñar una serie de tal calidad, independiente de si mi opinión personal sobre el capítulo en específico no es tan positiva como la suya, estimado lector. Nos vemos la próxima semana, cuando reseñe “The Lying Detective”. ¡Hasta la próxima!

sherlock-the-six-thatchers-d

Anuncios

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s