Editorial: El último OOOOOOOOOOOHHHHH.

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Corría el año 2010 cuando, en los albores de la actual “época dorada” de la animación occidental, se estrenaba en Cartoon Network una nueva serie que, pese a su nombre, no tenía nada de regular. Nacida de la imaginación de J.G. Quintel (tras un período trabajando en “Camp Lazlo” y “The Marvelous Misadventures of Flapjack” junto al creador de “Adventure Time”, Pendleton Ward), “Regular Show” tomó como punto de partida 2 cortometrajes estudiantiles de Quintel –“The Naïve Man from Lolliland” y “2 in the AM PM”-, los que unidos a las sensibilidades y referencias de cultura pop de los que crecieron entre 80’s y 90’s, a una dosis considerable de series inglesas y a la programación de “Adult Swim” -bloque para el cual estaba dirigido el pitch original-, terminaron entregando un producto sensacional que no sólo vino a ser punta de lanza de la actual generación de series animadas, pero que incluso le valió al show el premio Emmy a la mejor serie animada en formato corto gracias al episodio Eggscellent”.

Enfocada en las particulares aventuras de un azulejo llamado Mordecai (con voz del mismo Quintel) y un mapache llamado Rigby (William Salyers), “Regular Show” supo hacerse no sólo de una locación en apariencia genérica -un parque aptamente bautizado como “El Parque”– para poder hacer con ella lo que quisiera, pero también presentarnos un excepcional grupo de personajes que forman gran parte del encanto de la serie: Benson (Sam Marin), Skips (DON Mark Hamill), Pops (Marin), Muscle Man (Marin) y Hi-Five Ghost (Quintel), quienes componen el elenco central, y a quienes se sumaron con el tiempo Eileen (Minty Lewis), Margaret (Janie Haddad), Thomas (Roger Craig Smith) y C.J. (Linda Cardellini), además de un elenco itinerante y recurrente de personajes a lo largo de sus 8 temporadas y 1 película para la TV.

Pese a lo simple de la premisa y a lo generalmente aislados de los episodios -a pesar de conexiones temáticas entre algunos, así como a una serialización que pese a ir in crescendo con las temporadas, nunca impidió que los capítulos se pudieran disfrutar por separado-, “Regular Show” sembró un terreno fértil para convertirse en uno de los shows más emblemáticos y rentables de Cartoon Network, pese a que su popularidad fue eclipsada paulatinamente por otras series como su show hermano, “Adventure Time”, así como por nuevas ofertas como “Steven Universe” -el mejor show animado de los últimos 2 años, dicho sea de paso-, “We Bare Bears”, “The Amazing World of Gumball” o “Clarence” (así como shows de la competencia como “Gravity Falls” o “Star vs. the Forces of Evil”).

Lo anterior se puede atribuir parcialmente a que, pese a su encanto para todas las edades, “Regular Show” siempre parecía estar destinada a un público un tanto mayor al target objetivo que veía Cartoon Network, atribuible no sólo a la conexión con Adult Swim ya mencionada, pero también a las influencias en la producción. Y es que no bien el humor y las situaciones en el show son universales, la cantidad de referencias y homenajes a la cultura pop -particularmente ochentera y noventera, partiendo por la premisa misma de la serie, basada en “Caddyshack”– son algo que claramente se aprecia y agradece más por parte de una audiencia de mayor edad. Pese a esto, Quintel y su equipo tuvieron el mérito suficiente para navegar estas aguas -muchas veces inciertas- para sacar adelante más de 250 episodios, los cuales no sólo lograron entretener a montones, pero muchas veces emocionar hasta las lágrimas, a medida que la serialización de la serie dio lugar a notorias instancias de crecimiento emocional y desarrollo de sus personajes, particularmente en lo que a sus vidas emocionales y laborales respecta.

Este último punto también resulta relevante ya que ha sido uno de los elementos constantemente elogiados en la serie, particularmente en comparación con el panorama completo de la televisión norteamericana y los grupos demográficos y económicos a quienes está dirigida, y a quienes representa. En este sentido, la representación que el show hace de una clase media-baja trabajadora y no necesariamente instruida ha sido destacado en reiteradas oportunidades, más cuando se le compara a la casi inexistente visión y representación de la clase media en la televisión, especialmente en el mundo televisivo post-“Friends”, donde todos los adultos jóvenes, sin importar sus problemas de toda índole, parecen disfrutar de viviendas irrealmente amplias, así como reservas inagotables de dinero en sus vidas. Bajo ese prisma, se justifica entonces la audiencia más adulta de “Regular Show”, que sienten una mayor identificación con los problemas que aquejan a Mordecai y Rigby que con lo que se ve en otras series, a saber, las dificultades de vivir solo tras abandonar la seguridad del hogar familiar, el cómo llegar a fin de mes y tratar de costearse lujos o gustos cuando no se tiene dinero para pagar la renta, o el estar atascado en trabajos poco gratificantes y emocionantes desde todo punto de vista.

De esta forma, “Regular Show” no sólo consigue generar una conexión con un grupo de espectadores que va más allá del -muy buen- humor superficial que nace de forma intrínseca a las situaciones presentadas en la serie (y la forma que tienen para escalar fuera de control), pero además se genera un vínculo con la audiencia de más de 18 años que se siente identificada con la narrativa de “underdogs” que permea no sólo a los 2 protagonistas, pero a todo su elenco general, quienes comparten las luchas y anhelos que usualmente se miden en baremos de la subsistencia diaria, la satisfacción de necesidades inmediatas y el establecimiento de conexiones y relaciones emocionales, sea con un grupo de amigos y colegas con los que se crea una verdadera familia, o sea con potenciales parejas: la crónica de las relaciones -fallidas- de Mordecai con Margaret y CJ-; la relación entre Rigby y Eileen; los problemas para relacionarse de Benson; la congoja que embarga al inmortal Skips cuando recuerda a su fallecida novia Mona; o la relación a distancia de Hi-Five Ghost con Celia.

Así, la forma en la que “Regular Show” logra plantear situaciones cotidianas dándoles un giro no sólo humorístico, pero también fantástico, fue finalmente lo que terminó por catapultar a la serie al lugar que ocupó, y seguirá ocupando, en la cultura pop. Y claro, también gracias a las incontables referencias a ella en todos sus episodios, así como su gloriosa banda sonora, que oscila entre temas compuestos para el show por Mark Mothersbaugh, y el genial uso de temas de bandas como Queen, Twisted Sisters, The Beach Boys, The Cars o Dragonforce (en el mejor montaje de entrenamiento de la historia).

Es así como nos corresponde despedirnos y agradecerle a “Regular Show” por las numerosas horas de entretenimiento (muchas veces amenizando las grabaciones de nuestro podcast), una serie que supo labrar su merecido espacio en un panorama animado altamente competitivo y de gran calidad, lo que en gran medida se debe a los caminos que esta misma serie abrió -donde mucha gente que trabajó en su producción ahora están trabajando en sus shows propios-.

Para el cierre, sólo nos queda decir una cosa: OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHH!!!

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