Sherlock S04E03: “The Final Problem”

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El Viento del Este

Así es como termina Sherlock: con explosiones, juegos mentales, crueldad, monólogos post-mortem cortesía de un DVD, metáforas sobre aviones y soledad, una imagen congelada. ¿Suena confuso? Hasta cierto punto, lo es. El capítulo final de la temporada es una mezcolanza extraña de buenos momentos con decisiones escasamente incomprensibles; a ratos lo suficientemente tenso para mantenerte a la espera de lo que se vendrá, y decepcionantemente anticlimático en otros. Una joya imperfecta pero entrañable. Una reverencia respetuosa que merece aplausos a pesar de los varios tropiezos.

Un final de temporada que se siente como final de serie sin realmente merecerlo, pero probablemente lo sea.

Y si bien la semana pasada solicité autorización para poder alabar las virtudes de “The Lying Detective, resulta que en esta ocasión debo volver a ser un tanto más negativo de lo que me gustaría. No es que disfrute criticando negativamente a una serie de calidad como Sherlock, pero ¿qué se supone que debo hacer cuando siento que lo que veo no está a la altura? No precisamente una altura inalcanzable, más encima – una que lograron rozar hace tan solo un capítulo. ¿Debo quedarme en silencio? ¿Asentir con la cabeza? ¿Mentir? No sería justo ni para ustedes, estimados lectores, ni para mí.
Así que nos veremos todos enfrentados a una reseña más bien tépida en cuanto a entusiasmo pero que intentará ser lo más comprensiva posible. Esperamos estar a la altura, eso sí.

Realizadas las “advertencias” de turno, comencemos con la reseña en sí.

The Final Problem” parece hacerle honor a su ominoso título en un principio – un cold opening en donde una pequeña niña despierta en un avión en donde todo el resto de los pasajeros (y la tripulación de cabina) se encuentra inconsciente. Suena un celular dentro de la cabina, la niña se acerca temerosamente hasta contestarlo… y es la voz de Jim Moriarty la que resuena, dándonos la bienvenida “al problema final”. Difícil no enganchar allí.
La oscuridad de lo anterior parece acrecentarse en la escena siguiente, en la que “alguien” interrumpe la película que Mycroft está viendo en la comodidad de su casa. Aquí nos llenan de todos los elementos típicos para aumentar el suspenso: mensajes crípticos, susurros infantiles, cuadros que lloran sangre, planos holandeses, ¡hasta un payaso asesino! Todo parece apuntar a que Mycroft está en peligro – Eurus está tras sus pasos. El Viento del Este está soplando.

Pero no, resulta que era una broma realizada por Sherlock y Watson solo para obtener una confesión-bajo-miedo de Mycroft, usando típicos clichés de película de terror (y la ayuda de los Irregulares de Baker Street) para ello. ¿Y el cliffhanger de la semana pasada? A Watson le dispararon con tranquilizantes así que no pasa nada.
Allí radica el problema generalizado de estas dos últimas temporadas de Sherlock en una escena. Un microcosmos de su pata coja: la falta de consecuencias. Todo parece dar lo mismo porque es resuelto en una escena y eso sería todo. Le disparan en la cabeza a un antagonista y hay grabaciones de dicha muerte? Las trucan antes de hacerlas públicas. Muere una protagonista? Solo un capítulo de dificultades y listo, no vuelve a hacerse importante más. Le disparan a otro protagonista? Está bien, eran solo tranquilizantes. Nada tiene consecuencias a largo plazo, nada arrastra al resto de los personajes consigo como una fuerza imparable. Todo es solucionable en una escena simple y nunca más es mencionado. Lamentablemente se ha hecho común en la serie, ya sea como una herramienta para mantener el ritmo de la serie relativamente veloz, como una suerte de compromiso para mantener las historias relativamente autocontenidas al mismo tiempo de realizar un arco narrativo a lo largo de la temporada, bien o como una ineludible (e imperceptible) falla en el proceso de escritura misma de los guiones, y termina por mancillar una experiencia que muy bien podría nutrirse a la perfección del hecho de tener que forzosamente lidiar con circunstancias cambiantes.
Lo anterior nos lleva a un punto relacionado: la inconsistencia de tono a lo largo del capítulo. Por un lado, comprendemos que es muy poco aconsejable mantener un único tono a lo largo de hora y media ya que se corre el riesgo de cansar/aburrir al espectador – lo ideal siempre sería tener pequeños momentos de “respiro” o de “calma” (o, como contraparte, de “seriedad”) para romper con la monotonía. En ese sentido no estamos en contra, teoréticamente, de los notorios cambios de tono a lo largo del episodio; el problema está, sin duda, en su ejecución. Dichos cambios no se sienten orgánicos, partes de una gran estructura sobre la cual la narrativa fluye naturalmente, sino más bien parece forzado, un síntoma más de la sensación de “cajón de sastre” del capítulo donde los guionistas parecen lanzar todo lo que puedan al guión para ver qué funciona y qué no. Honestamente pensamos que no todo lo logra; la inconsistencia termina dañando el capítulo, saltando de momentos de “terror” a cierto humor “meta” de vuelta a la seriedad y luego otra vez más al humor “meta” y así sucesivamente.

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Algo que funciona, sin embargo, es la introducción (física) de Jim Moriarty en el capítulo. Su llegada a Sherrinford con “I Want to Break Free” de fondo es uno de esos momentos tan ridículos pero al mismo tan adecuados al espíritu del personaje que es imposible no encontrarlo realmente memorable. Al mismo tiempo, el capítulo logra con efectividad manipular una vez más nuestras expectativas al revelar que la aparición de Moriarty era tan solo un flashback – salvándose, así, de tener que encontrar alguna rebuscada explicación para ello.
Con todo, si ésta termina siendo nuestra última oportunidad viendo a Moriarty, al menos nos quedaremos con una escena de lujo. Lástima que (una vez más, la inconsistencia del capítulo) el resto de su participación sea más un cameo glorificado que otra cosa, formando parte de múltiples grabaciones utilizadas por Eurus para aumentar la tensión en Sherlock, Watson y Mycroft.

El resto del capítulo siempre está en una delgadísima línea dividiendo lo que funciona y lo que no, entre excesivamente serio y extrañamente absurdo, entre calmadamente reflexivo y abrumadoramente tenso, entre pausado y apresurado; inclinándose más hacia un lado que hacia el otro dependiendo del momento. La conversación entre los Holmes y Watson en Baker Street sobre la existencia (y el pasado) de Eurus da paso a un pequeño momento emotivo (sutil, casi imperceptible) mientras se mantienen quietos para evitar que estalle el drone-bomba, y -al mismo tiempo- un instante de humor con la Sra. Hudson y luego “acción” con una explosión de bajísima calidad que termina destruyendo el departamento de Baker Street. Cajón de sastre, un tuttifrutti en un par de minutos.
Cuando llegan a Sherrinford las cosas no son tan distintas: lo creepy de Eurus (que a Sian Brooke le sale bien) dando paso a elementos menos razonables o incluso, no muy convincentes como -irónicamente- su manipulación a todo el staff de la instalación, que entró más en el terreno de “superpoder villanesco de control mental” que una manipulación verosímil por parte de alguien con intelecto superior – una cuestión que parece alejarse del terreno de la serie (que a ratos ya logra poner a prueba la suspensión de incredulidad) para arribar a costas más fantásticas.
En todo caso, la mayoría de las escenas en Sherrinford una vez que Eurus decide poner a prueba a Sherlock resultan de gran calidad y el episodio retoma la atmósfera tensa que prometió en un principio. Nos olvidamos de las carencias, de lo absurdo, de lo inconsistente y llegamos al terreno en el que la serie se siente cómodo: no solo poniendo en aprietos a Sherlock y compañía, sino que volviendo partícipe al espectador en tales situaciones incómodas. Momentos de comerse las uñas y aferrarse a los cojines.

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El personaje de Eurus resulta, hasta esos momentos, fascinante – un espécimen difícil de descifrar a ratos, y completamente transparente en otros. Un potencial camino para Sherlock Holmes, divorciado por completo de empatía y afecto, desdeñoso de relaciones y conexiones sinceras con otros y entregado a la aparente supremacía del intelecto puro – mezclado, además, con una visión retorcida de la “moralidad”. Una suerte de utilitarismo trastocado y llevado al extremo. Al mismo tiempo, considerando dicho intelecto puro y sin el filtro de las emociones, ignoramos por completo su objetivo final: ¿qué es, precisamente, lo que Eurus quiere conseguir de Sherlock? ¿Que acepte su visión del mundo y decida prescindir, de una vez por todas, de las ataduras sentimentales que aparentemente limitarían su potencial? Hasta ese momento, el espectador lo ignora. Tan solo es testigo de pruebas cada vez más devastadoras, en donde las “buenas intenciones” terminan destruyendo la vida de otros. Gente muere innecesariamente cuando Sherlock y Watson intentan “hacer lo correcto”. Lógica fría: no sirve de nada el triunfo moral de sentir que haces “lo correcto” si es que más gente termina perjudicada que si no lo hubieras hecho. Muertos, muertos y más muertos, mientras intentan destruir tu núcleo moral arraigado.

La escena más devastadora de todas termina siendo, sin duda, la llamada telefónica a Molly. Llega a dar la sensación de que, por alguna razón, Moffat y Gatiss atacan con alevosía y sin razón alguna al personaje, arrastrándola y abriéndole una herida innecesaria que no tiene ningún momento de sanación en lo que resta de capítulo. Hemos visto tan poco a Molly durante la temporada y lamentablemente su escena más significativa es una realmente dolorosa en la que se ve forzada a revelar sus sentimientos a sabiendas de que no existe verdadera reciprocidad – una pantomima de una declaración de amor, una humillación via telefónica que duele. Lo bueno para el espectador es que tanto Louise Brealey como Benedict Cumberbatch se lucen, volviéndola absolutamente convincente y, por lo tanto, desgarradora. El rostro de Cumberbatch mientras el teléfono de Molly suena sin que ella conteste se encuentra dividido entre la tensión de la inminente muerte de una amiga y lo hiriente que significa forzarla a declarar su amor. La expresión de Brealey cuando suplica y se da cuenta que no podrá salvarse esta vez, cuando se endurece y declara que no es un experimento y le pide a Sherlock que lo confiese él primero, cuando susurra su amor entregada a la vergüenza y el dolor. Por supuesto, la guinda de la torta está en que nunca hubo tal bomba en la casa de Molly, por lo que no hubo triunfo – solo humillación. La rabia es suficiente como para que Sherlock haga trizas el ataúd que Eurus puso allí simbólicamente. Pobre Sherlock.

La segunda escena más efectiva del capítulo viene casi a continuación, una vez que Eurus revela que Sherlock está obligado a matar o a Mycroft o a Watson para seguir adelante. Aquí es el turno de Mark Gatiss de brillar y Cumberbatch nuevamente acompaña en calidad – Mycroft insulta y menosprecia a Watson pero todo es una poco sutil estrategia para que sea más sencillo para Sherlock dispararle a él. La falsa soberbia de Mycroft da paso a una resignación elegante y frágil, con una actuación muy sutil de Gatiss en la que parece hacer todo lo posible por mantenerse compuesto y dignificado hasta el último instante. Un soldado que se sacrifica por su patria, usando la misma metáfora del capítulo. Además, un buen guiño al inicio del capítulo con las aptitudes de actuación de Mycroft y su interpretación de Lady Bracknell en “The Importance of Being Earnest” (o “La Importancia de Llamarse Ernesto”) de Oscar Wilde. Momentos así hacen que uno le tome verdadero cariño a la serie.

Al menos hasta el clímax del episodio, donde todo empieza a desmoronarse rápidamente. Las cosas van bien, aumentando incluso más la tensión con la niña en el avión al parecer a punto de estrellarse y Watson encadenado en un pozo que va de a poco llenándose de agua. Sherlock debe actuar rápido, y para ello debe resolver el misterio de qué sucedió con Redbeard – y resulta que Redbeard nunca fue el perro de Sherlock sino que su mejor amigo, un niño llamado Victor Trevor, con el que jugaban a los piratas. Wow. Creo que muy pocos nos esperábamos una revelación así (a lo más esperábamos que la historia de Redbeard no era tal como la habíamos oído en la serie), pero funciona – con ciertos reparos, pero funciona. De alguna manera el trauma fue tan grande para el joven Sherlock que tuvo que inventarse una historia diferente, con una víctima diferente, para poder procesarlo; así fue como el niño desapareció de su memoria, reemplazado por una mascota que nunca pudo tener en verdad, y su conexión con otros seres humanos fue deteriorándose a medida que pasaban los años.
Con el misterio de la identidad real de Redbeard (y dónde terminó el pobre Victor Trevor) resuelto, Sherlock debe ahora resolver los otros dos casos urgentes: salvar a la niña en el avión y salvar a Watson de ahogarse en el pozo. Hasta ahí, bien – incluso vemos a Sherlock/Cumberbatch mover las manos en el aire mientras “reordena” las palabras de la canción que Eurus cantaba para descifrar su mensaje oculto, un momento muy “sherlockiano”, en verdad. Allí descubre la intención de la canción, vuelve a la mansión y cuando abre la puerta de la pieza de Eurus…

Descubrimos que nunca hubo ni niña ni avión, sino que todo era una metáfora que explicaba el aislamiento mental/emocional de Eurus respecto al resto del mundo.

¿Qué?

La efectividad de dicho plot twist podrá ser debatida ad infinitum desde el estreno del episodio, pero en nuestra humilde opinión, dicha revelación termina por desencajar casi por completo el clímax e incluso arruina otras partes del episodio también. El hecho de que hayan mostrado constantemente a la niña en el avión (y que ésta no se pareciera a Eurus cuando niña) va más allá de simplemente “subvertir las expectativas del espectador” y es derechamente un engaño; ahora bien, no tenemos problemas con el concepto del “narrador no-confiable” en la teoría (concepto-herramienta utilizado muy bien en el capítulo anterior de la serie, como incluso lo mencionamos) pero siempre va a depender de cómo dicho concepto se ejecute: si hay suficientes pistas ocultas allí para mostrarnos lo poco confiable de dicho narrador una vez que sepamos la verdad, como un rastro de migajas de pan oculto a simple vista, otorgándonos una nueva forma de apreciar lo sucedido. Nada de eso ocurre aquí, no hay pista alguna de que el narrador es poco confiable hasta el momento en que se revela – y su propósito parece ser, simplemente, tener otro giro en la historia. ¿Esperaban que Sherlock tuviera que de verdad ayudar a una niña aterrizar un avión? ¿O que explicaran por qué todo el resto de los pasajeros y la tripulación estaban inconscientes? Mala suerte, aquí tienen una metáfora.

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Los problemas de la revelación son multifacéticos. Cuando mencioné que incluso arruinaban otras partes del capítulo más que nada hacía referencia a lo absurdo que puede llegar a sonar el hecho de que todo lo anterior, toda esa crueldad, los juegos mentales, la manipulación, haya sido solo para (estamos simplificando) conseguir que su hermano le prestara atención porque no jugaban con ella cuando eran niños. Si era un “llamado de ayuda” que estuvo décadas en mente, entonces su ejecución fue extrañamente exagerada y decepcionante al mismo tiempo. Tan extraño y absurdo resulta que hasta la misma Eurus se siente absolutamente distinta entre el capítulo anterior y éste: si podía salir de Sherrinford cuando quisiera, ¿para qué llevarlos a la Isla en primer lugar? Si ya se había encontrado con ellos (por separado), ¿para qué el drone-bomba? Incluso la aparición de Moriarty es desaprovechada y se siente, una vez más, desconectada con el teaser de su retorno al final de la 3° temporada: ¿para esto es que su rostro apareció en todas las pantallas de Inglaterra? ¿Para que Sherlock, Mycroft y Watson vayan a Sherrinford? Algo no calza, es como si lanzaron ese teaser al final de esa temporada y no tenían un plan establecido para desarrollarlo en la cuarta, ¿no? En fin, esas cosas pasan en el desarrollo de series de televisión.
En otra faceta, es problemático si lo vemos desde la perspectiva de que todo esto era para lograr que Sherlock por fin adquiriera un desarrollo emocional tal que fuese prácticamente lo opuesto a cómo inició la serie (y, en ese mismo sentido, a cómo son Mycroft y Eurus). No es que estemos en contra del desarrollo de personajes – todo lo contrario, es bueno que los personajes cambien, evolucionen, se rehúsen a mantenerse estáticos durante el transcurso de la serie, pero la cuestión problemática es que Eurus es, bajo este prisma, más una herramienta que un personaje en sí. Lamentablemente sería otro personaje femenino cuyo único rol en la historia sería conseguir que el protagonista (masculino) pueda superar un obstáculo -o darse cuenta de dicha superación- específico. Quizás sea un punto de vista demasiado cínico, en cuyo caso están en completa libertad de estar en desacuerdo conmigo.
La última faceta en la cual dicha revelación es problemática es, más bien, un elemento común en las últimas temporadas de la serie: la insoslayable reducción del “mundo” en el que transcurren las historias a pesar de la infinidad de casos posibles. En otras palabras: que todo termine girando en torno a Sherlock (y/o Watson y/o Mycroft) en vez de ser, como en su momento lo fueron, casos inconexos y autosuficientes. No hay, nuevamente, problema en teoría con encontrar una que otra conexión entre elementos aparentemente dispares, pero sí se vuelve algo limitante cuando todo parece estar ligado a los protagonistas – en un planeta de millones y millones de personas, ¿por qué forzar una conexión? Curiosamente, la última película de James Bond –SPECTRE– posee un plot-twist relativamente parecido, con la misma consecuencia de “achicar” un mundo con infinitas posibilidades a uno donde todo gira en torno a Bond y, aún más, con las motivaciones del antagonista igual de pequeñas y poco convincentes que las de Eurus Holmes.

Con todo, Sherlock logra reunirse (una vez más) con su hermana y tener un genuino acercamiento emocional con ella, aún por un instante. Es una escena que parece gritar éste es un momento emotivo, emociónense” y sin embargo no se siente verdaderamente ganado. Una vez más, el guión parece forzar más las cosas que encontrar un desarrollo orgánico y fluido de la historia que está contando – y para reforzar lo anterior, tenemos un epílogo que sirve como “final feliz”, atando diversos cabos sueltos. Mycroft obtiene su justa reconvención por parte de sus padres por el hecho de haber mantenido a Eurus no solo encerrada gran parte de su vida sino que también oculta de sus padres; toda la familia Holmes por fin puede ver a Eurus mientras Sherlock puede tener una real conexión emocional con ella a través de la música; el departamento de Baker Street es reconstruido y dejado tal como estaba (incluyendo la cara feliz con el agujero de bala); Sherlock parece por fin haberle tomado la importancia que se merece a las relaciones humanas; incluso Molly se ve feliz entrando al departamento después de su escena triste. Como diría Shakespeare, “all’s well that ends well”, ¿no? Y la guinda de la torta es otro monólogo post-mortem via DVD cortesía de Mary Watson, y éste es increíblemente cursi. Dependerá de usted, querido lector, determinar cuánto le gustó dicho monólogo – y la toma final que (muy probablemente) sea la última de la serie: Sherlock y Watson, congelados en el tiempo, mientras salen corriendo de un lugar llamado Rathbone Place (en honor a Basil Rathbone, mítico actor ue interpretó al Detective), seguramente en una nueva y épica aventura.

El final es el comienzo del resto de sus vidas.

Así termina la cuarta (¿y última?) temporada de Sherlock – lejos de la aclamación unánime por parte de la crítica, no sin problemas, pero igualmente querida por gran parte de sus fans. Incluso con las falencias ya mencionadas, incluso con el tono negativo de gran parte de nuestras últimas reseñas de la serie, es difícil realmente despotricar contra ella: siempre uno encuentra algo de valor, ya sean actuaciones o el diseño de producción, la maravilla audiovisual en su dirección y edición, momentos de risa o momentos de tensión – uno sabe que más allá de lo que uno pueda lamentar, siempre podrá quedarse con, al menos, un par de cosas sobresalientes. Y las críticas nacen allí, de ese lugar bienintencionado, a sabiendas de que frustra que una serie que ha logrado llegar a puntos tan altos, tropiece con cuestiones que antes manejaba con soltura. Quizás, en ese sentido, sea bueno dejarla descansar y que se quede, por siempre, con un buen sabor de boca en vez de arrastrarla por el lodo y que sus buenos días sean tan solo un recuerdo distante.

Porque Sherlock no es ni será una serie perfecta, pero claramente es una serie absolutamente entrañable. La recordaremos y la extrañaremos en igual medida, sabiendo que no hay ninguna como ella – y, por lo mismo, deseando que se quede allí en nuestras memorias en vez de volver como un espectro.

Salud por Sherlock, salud por su gente, salud por ustedes.

Observaciones al cierre:

  • Homenaje eterno a la Señora Hudson, fan de Iron Maiden. Up the Irons!
  • The kettle’s over there.” Señora Hudson, una observación no basta para alabar su magnificencia. La mejor, sin duda.
  • Cuando dije que no había momento de triunfo para compensar la escena devastadora de Molly, estaba intencionalmente obviando su escena del epílogo. Honestamente, creo que ni siquiera alcanza a compensarla – nuevamente, se siente una escena más “forzada” que otra cosa, un claro “final feliz” para que una Molly devastada emocionalmente no sea lo último que veamos de ella. Más allá de eso, si es que el destinatario del mensaje de texto de Sherlock era ella (y no Irene Adler), entonces nos alegramos por ambos. En serio.
  • Mycroft, a pesar de la gran actuación de Mark Gatiss, se comportó realmente como un imbécil a lo largo del capítulo, ¿no? Y no me refiero a que haya sido insoportable, sino que fue un idiota: ¿por qué ir personalmente a Sherrinford con Sherlock y Watson a ver a Eurus en vez de solicitar su traslado a otra instalación? ¿Por qué no grabó ocultamente la conversación entre Eurus y Moriarty en vez de realmente dejarla sin supervisión? Plot holes.
  • John stays”; “This is family!”; “That’s why he stays!” Momento más efectivo que el final, y eso en gran parte por la sutileza de la actuación de Martin Freeman, con una sonrisa casi imperceptible.
  • ¿Cuál fue su momento preferido del capítulo, estimados lectores? ¿Su sensación del final? Más allá de si están de acuerdo o no con todo lo que escribí antes, siempre es bueno un feedback. Siempre se aprecian sus comentarios.
  • Esperamos haber estado a la altura de las circunstancias. Ha sido un agrado reseñar la serie con y para ustedes, ojalá nos volvamos a encontrar pronto en otra columna.

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Un comentario

  • Lamento decirte que el mensaje es para Irene no para Molly, por algo muy obvio: Sherlock le dice al destinatario “Sabes donde encontrarme. SH.”, vamos es obvio que es para Adler (principalmente porque Sherlock da a notar que la quiere a Irene en el anterior capitulo) ¿o se necesita mas explicacion?.
    Bueno en lo que respecta al capitulo final, la temporada me encanto en general pero pese a que pudo tener mas calidad el ultimo capitulo en general fue un buen capitulo…¿Que esperaban que Sherlock mate a su hermana? Quizas se lo merecia por lo de Victor pero Sherlock ya no es el mismo asi que hubiera sido poco creible que la matara, auque si fue un poco forzado el final. Estoy de acuerdo con tu reseña y yo aun espero que Moriarty vuelva pero vivo obviamente :/

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