T2: Trainspotting (2017)

T2: Trainspotting

País: Reino Unido
Año: 2017
Género: Drama / Comedia 
Duración: 117 min.
Director: Danny Boyle
Guión: John Hodge
Reparto: Ewan McGregor, Ewen Bremner, 
Jonny Lee Miller, Robert Carlyle, 
Anjela Nedyalkova
Música: Rick Smith
Fotografía: Anthony Dod Mantle

 

Tras el anuncio de una segunda parte del clásico noventero de Danny Boyle, 20 años después de su estreno, mas era el resquemor que las expectativas, y es que Trainspotting a estas alturas no solo se ha transformado en uno de los títulos fundamentales del cine británico de la década de los 90 sino también parte de la cultura pop mundial como pieza de culto sobre el desenfreno y las adicciones en la sociedad de consumo, al son de Iggy Pop y Lou Reed. Pues bien, en un ejercicio de nostalgia tan arriesgado como innecesario, Boyle reunió al elenco original para retomar las vidas de Renton, Simon (aka Sick Boy), Spud y Begbie después de la gran incidencia que los separó hace décadas, para así, darle un cierre definitivo a la historia.

Teniendo en cuenta la gran sombra de la primera entrega, el desafío de la versión 2017 de Trainspotting básicamente se reducía a no arruinar el legado de la obra, objetivo que logra sin mayores sobresaltos jugando sobre seguro bajo dos pilares: la nostalgia y el humor. Si bien las reminiscencias al pasado son manifiestas y recurrentes a lo largo del film, lo cierto es que T2 en ningún momento pretende ser un calco de su predecesora, sobre todo al huir del tono desolador y lúgubre, adoptando mas bien un carácter mas lúdico ante la ironía de un futuro conformista que confronta a los protagonistas con su pasado frenético, que aun lleno de sinsabores y oscuridades, parece mucho mas brillante que la abulia del presente.

Renton, tras huir con el dinero de sus amigos hace 20 años, decide volver a Edimburgo desde Amsterdam luego de sufrir un episodio cardíaco que lo tuvo al borde de la muerte. En su regreso a Escocia se reencuentra con su viejos colegas. Primero, Spud, sumido aun en la adicción a la heroína y en una profunda depresión tras perder su trabajo y consecuentemente la posibilidad de visitar a su hijo, y luego Sick Boy, dedicado a la extorsión, la explotación sexual y el tráfico de drogas, mientras administra un viejo y sucio bar sin mayor clientela. La reunión no solo confronta por primera vez a los amigos desde que Renton decidió aprovechar la oportunidad para traicionarlos, sino también sirve para revivir los años mozos de los personajes, con todos los fantasmas y demonios que acarrearon a lo largo de los años, sopesando los errores y las victorias, con cierta vergüenza en lo que se convirtieron. A pesar de la distancia y el conflicto inicial, Renton y Sick Boy ven una nueva oportunidad de enmendar sus vidas arruinadas hasta ese instante, montando un burdel junto a la novia del otrora blondo heroinómano,  Veronika, con la cual deciden postular a un fondo de emprendimiento social a fin de obtener los recursos necesarios para el negocio. Eso si, esta nueva oportunidad, bajo la narración de un novelesco Spud, presenta una nueva posibilidad de traición, cuestión que pone en juego las confianzas mutuas entre los involucrados, mientras el otro gran miembro de la banda, Franco, decide dar caza de Renton tras escapar de la cárcel.

La formula drogas, sexo y violencia nuevamente se hace presente en esta continuación de la historia, pero de manera mucho menos atractiva que en la primera, toda vez que el foco en esta oportunidad no esta puesto en el desenfreno que ofrece el día a día. En T2 hay mucho de resaca, de añoranza de una vida pasada desperdiciada pero al fin y al cabo disfrutada en la lógica del reventón sin consecuencias que la divina juventud ofrece. Los lamentos son una constante ante la imposibilidad de volver el tiempo atrás, mas aun cuando mucho del discurso anti sistema resumido en el panfleto del “Choose Life” (con una versión patéticamente actualizada) terminó por consumirlos. Turistas de su vida pasada, en palabras de Sick Boy, en búsqueda de la mística perdida, aunque en ese intento las heridas del pasado vuelvan abrirse.

El juego de la nostalgia siempre es un gancho, sobre todo para una generación (la de los 90) que construyó su identidad colectiva en torno a la cultura pop (a falta de proyectos sociales y políticos mas trascendente) por lo cual la formula funciona a la perfección con aquellos que tienen un vínculo emocional con la historia. Los guiños estéticos son manifiestos, aun cuando el fuerte de esta nueva entrega es el plot de la oportunidad/traición sobre el que se sostiene gran parte de la película, a diferencia de su predecesora que durante tres cuartos de desarrollo mas bien narra las tristezas e inhumanidades alrededor de la heroína. En este mayor desarrollo argumentativo, si bien se pierde en fuerza, impacto y emoción, gana en otros aspectos, como la construcción de personajes. Siguiendo este razonamiento, Spud es el gran beneficiado, adquiriendo mayor preponderancia que cualquier otro personaje en la película al explorar sus dramas interiores sobre todo con la droga, la que nunca pudo abandonar, incurriendo ademas en una faceta de narrador urbano a partir de las historias vividas con sus amigos. Sin lugar a dudas, el alma del film.

El humor en T2 aparece a borbotones y en definitiva es el gran cambio que se puede apreciar respecto a la primera entrega, al abandonar la crudeza lúgubre para pasar al conformismo contemplativo bajo un manto de ironía constante. Hay momento notables que sacan carcajadas, otros que se quedan solo en el intento, pero en general la intención por suavizar la estética discursiva se siente, cuestión que puede dejar al seguidor acérrimo con cierto gusto a producto light, aunque con cierta frescura, evitando caer en la repetición absurda de cuadros.

Si bien creo que una segunda parte de Trainspotting es del todo innecesaria en los términos planteados, T2 cumple con su cometido. Así como un capítulo de reunión de alguna serie luego de varios años después de emitido su último capitulo, la segunda parte de Trainspotting celebra su propio legado, y ademas se da el lujo de entregar momentos de entretención comédica sin mayores pretensiones. Salvando los intentos por revivir el discurso irreverente del largometraje de 1997 con referencias poco sutiles y carentes de ingenio, T2 puede incluirse al canon sin vergüenza, aun cuando este lejos de ser una obra maestra. Después de todo, solo los mas ingenuos y podrían haber esperado algo mas luego de dos largas décadas.

 

 

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