Nils Frahm – Victoria (2015)



Tuve la suerte de conocer Berlín hace unos años. Es increíble estar en sus calles y pensar que hace apenas 28 años la ciudad estaba dividida por un muro y que quizás en esos mismos tiempos (o no mucho años antes), la gente se disparaba en las calles. Al pararte y mirar la Puerta de Branderburgo y los rastros de balas, te das cuenta que estás respirando historia. Pero visitar Berlín luego de haber pasado por otras ciudades de Alemania también levanta una señal de alerta. La capital alemana es, lógicamente, prisionera de su historia. Y en esa historia, hay una generación que para muchos está perdida. Abiertas las barreras desde los 90’s, fue fácil observar cómo Berlín se había quedado tras otras urbes germanas, en especial aquellas que estaban bajo el control de la República Federal Alemana (Munich o Frankfurt). Así, mientras su contexto cultural, histórico y bohemio es hermoso, existe otro Berlín que todavía duerme en lo que es oportunidades para los jóvenes, muchos de los cuales deciden migrar a otras zonas de Alemania o de Europa, o sentarse y ser testigos de la grotesca batalla entre una improbable oportunidad de surgir o un predecible desenlace fatal. Precisamente esta es la historia que decide rescatar Sebastián Schipper en “Victoria”, para muchos la mejor película alemana del año 2015.

Victoria (Laia Costa) es una joven madrileña que se encuentra de paso por Berlín. Podríamos decir que está allá por opción. Sin hablar una palabra de alemán, trabaja en un café céntrico donde además se queda algunas noches. Una noche de fiesta, a sólo cuadras de su puesto de trabajo, conoce a Sonne (Frederick Lau). La química es inmediata y llega con una oferta tentadora. En un inglés primitivo, él la invita a unas cervezas bajo la promesa de conocer el verdadero Berlín con verdaderos chicos de Berín. Acompañado de tres amigos, dentro de ellos Boxer (Franz Rogowski), invaden la terraza de un edificio y observan desde las alturas la ciudad que tanto aman pero que tanto les ha privado. Todo anda normal hasta que Fuss, otro de los integrantes de la banda, cae borracho. Boxer inmediatamente toma una actitud agresiva, demostrándonos que “algo” deben hacer esa noche, y para ese “algo” es fundamental que sean 4. Con Fuss caído y Victoria al alcance de la mano, Sonne la convence de ingresar a la banda sin saber que se embarcaría en quizás una de sus peores pesadillas. ¿El motivo? Boxer, el más violento del grupo, estuvo preso y debe, ya fuera de la cárcel, pagar favores a quienes lo protegieron dentro

Además de aprovechar una problemática juvenil para montar una gran y convincente historia (por medio de un increíble guión del mismo Schipper, Olivia Neergaard-Holm y Eike Frederik Schulz), “Victoria” estuvo en boca del mundo por dos hechos. El primero, una increíble apuesta visual apoyando la película en un plano secuencia, créanlo, de 138 minutos. Sin cortes, el lente de Schipper acompaña a nuestros personajes principales desde que se conocen en la fiesta hasta el desenlace de la historia. Una forma de grabar que exigía increíble capacidad de improvisación (en especial en los diálogos de los actores) pero también de coordinación y organización. El rol que juega incluso la llegada del amanecer fue uno de los elementos que debió considerar el equipo de grabación.

Pero tan alabada como la técnica de grabación fue la increíble banda sonora de unos de los compositores más promisorios de Alemania, Nils Frahm. Con sólo 34 años, ha sido capaz de construir un estilo aclamado que respeta lo clásico pero que además complementa con un estilo moderno que da frescura a su música. Su habilidad para algo que defino como “re-presentar” los instrumentos, mostrando su potencial con sonidos que nadie se ha atrevido a presentar, hace que Frahm sea verdaderamente un pionero pero a la vez un músico de mucha calidad. Por eso, para todos era cosa de tiempo que diera el paso a las bandas sonoras. Como él mismo señala en su página, se demoró porque buscaba un proyecto que lo interpretara. Ofertas no faltaban, pero cuando “Victoria” llegó a sus manos, finalmente había recibido el proyecto que tanto había esperado.

¿Dónde podemos catalogar a Frahm y en específico este trabajo? Es realmente difícil pero no imposible. Frahm forma parte de esa nueva camada de compositores, con un nuevo sonido y un nuevo enfoque en cuanto a cómo componer. Se trata de un compositor que reconoce que su fuente de inspiración en materia de películas son soundtracks que hemos recomendado en Revius, como la música de las películas de Jim Jarmusch (“Dead Man” de Neil Young o recientemente “Only Lovers Left Alive”), así como el remake de Solaris, musicalizado por Cliff Martínez, alabando incluso la versión de 1972 de Eduard Artemiev. Por estilo, entonces, lo dejamos con los grupos más moderno, lo que se confirma en la forma en que proyectó su trabajo. Hablamos de la forma de grabar “Victoria”, donde hay mucho de improvisación. Frahm buscó a sus mejores amigos y mientras se proyectaban escenas de la película una y otra vez, la música simplemente apareció. Un acto mágico donde los músicos que acompañaron a Frahm se volvieron, en el mismo instante, espectadores y creadores.

Si hablamos de la música de “Victoria”, no podemos sino definirla como minimalista. Sin cortes en las escenas, la música debía cumplir un rol fundamental de refrescar la pantalla y no volverse un invitado de piedra que fatigue la valentía de la propuesta del director. Por ello, la primera aparición llega recién en el minuto 20 minutos de la cinta, con “Our Own Roof”, que aporta tranquilidad y humanidad a la historia. Un piano muy simple para una escena donde los diálogos retroceden, y sólo se luce la partitura de Frahm. La oportunidad donde nuestros personajes se conocen. Con el silencio de los actores, Schipper le da al trabajo de Frahm toda la relevancia que merece, reapareciendo luego los diálogos cuando con voz baja y en medio de risas, cada uno de los alemanes cuenta sus historias de violencia que los tienen donde están.

Así, las apariciones de la música de Frahm son esporádicas y acertadas siempre. “A Stolen Car” consolida la participación de Victoria en el plan y muestra como esta película, de un momento a otro, se transformó un thriller. De cierta forma, aunque estamos alertas, Schipper nos seduce con una historia de jóvenes que se proyecta a una relación amorosa, y a la hora de invitarnos el tenor de la invitación cambia totalmente, primando el miedo. Todo bajo la misma noche de Berlín.  La música de Frahm, con sus notas características, juega perfectamente este juego, donde la historia sufre cambios radicales de acuerdo pasan los minutos, ilusionándonos por momentos y por otros realmente manteniéndonos en alerta. Prueba de ello es “Them”, con los protagonistas celebrando en medio de la pista de baile, olvidando toda la tensión que hace algunos minutos habíamos detectado. La escena contraste con la inicial, donde estando Victoria en la disco, lo que escuchamos es música electrónica del ambiente. Acá, por el contrario, la atención debe centrarse en ellos. Nuestros protagonistas que están celebrando de sobre manera y son observados por el resto de la fiesta, y donde finalmente Victoria y Sonne se besan. Es un escenario bastante idílico del cual despiertan luego de unos minutos, cuando son expulsados. Este vendría a ser el segundo tema principal del disco, y quizás el más elaborado.

Pero si me tengo que quedar con un de las pistas, sin dudas es “The Shooting”. Ella se basa en el mismo tema de “Our Own Roof” pero se siente melancólica en vez de esperanzadora. Frahm cambia el ritmo de la melodía e integra nuevos instrumentos y sonidos. Una especie de contra melodía desde la intervención de la policía en medio de un tiroteo que rápidamente escala vuelve esta propuesta única, y le permite integrarse a la escena más violenta de la película, esta vez conviviendo con los diálogos, disparos y gritos. Cuando antes había silencio, hoy hay caos, y en ambos casos Frahm aporta la elegancia y delicadeza necesaria para emocionar al telespectador. Porque el camino fácil pudo haber sido una apuesta más violenta o con mayor percusión en la escena del tiroteo, por eso para algunos, la música de Frahm no calza mucho con la historia. Para mi todo lo contrario. Es un drama. No uno común. Un drama que vive la juventud. Y por eso, la línea minimalista puede musicalizar todo el carrusel de emociones de “Victoria”. Por eso la elegimos como nuestra mejor banda sonora independiente del año 2015.

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