Better Call Saul S03E05: “Chicanery”

Una Historia de Dos Hermanos

“In my experience – the bigger the lie, the harder it can be to dig out

Imagina un suceso que te da vergüenza. Imagina que te da tanta vergüenza que inventas una mentira para evitar que otras personas se enteren. Imagina que una de esas “otras” personas es alguien a quien amas, pero que el suceso en cuestión te da tanta vergüenza que prefieres quedar como imbécil a que se enteren de la verdad.
Imagina mantener esa mentira viva por años con un hilito metafórico, algo tan frágil que ni siquiera depende de ti por completo. Tan solo basta un instante para derribar un castillo de naipes.
Pero prefieres quedar como imbécil, así que vives con la paranoia constante de que algún día, en algún momento, eso puede salir a la luz. Algo que quizás termine con la percepción pública de tu persona, que tal vez arruine tu vida – o quizás no es para tanto, pero el miedo que sientes a que eso sea revelado hace que sobrereacciones. Y tu sobrereacción lo empeora todo.

Así que prefieres la mentira, la conveniente mentira, por sobre la verdad.

Imagina tener un hermano menor desordenado. Quizás más que desordenado: destructivo. Un peligro para sí mismo, para todos quienes lo rodean, y para la sociedad. Lo amas pero te duele que sea así, te duele que acepte la ayuda de todos solo para tropezar nuevamente con la misma piedra, una y otra vez. Estás cansado de ayudarlo, y estás cansado de que se aproveche de la buena voluntad de todos y siga en lo mismo en vez de cambiar. Quizás te duele pensar así, pero ¿cómo no hacerlo, si lleva años en lo mismo y no ha cambiado?
Quizás tengas razón. Quizás se esté aprovechando, porque es un tipo tan carismático y tan jovial que el mundo parece inventarle excusas para que siga cometiendo sus actos, y es un tipo capaz de tal bondad que parece difícil no darle otra oportunidad. Porque aunque tropiece y tropiece, no lo hace por maldad. Así que tropieza y tropieza.
Pero tú… imagina que te has esforzado toda tu vida para ser advertido por el resto. Que todo lo que tu hermano menor representa es el mayor incentivo para no caer en lo mismo. Que si vas a destacar, que sea entonces por ser un miembro valioso de la comunidad. Que tu nombre despierte admiración y hasta reverencia. Porque si tu hermano, pobrecito él, mancilla constantemente el nombre de la familia entonces tú eres el llamado a sacarlo del lodo, limpiarlo, y colocarlo en el altar donde se merece. Tú eres el guardián y el faro.
Pero nadie te dará el beneficio de la duda, nadie te ofrecerá excusas si es que fallas. No como a él. Porque a pesar de lo que hagas, no eres tan carismático como él. Porque quizás inspiras respeto, un dejo de temor reverencial – pero siempre sientes que hay una lejanía con el resto. No eres el alma de la fiesta ni eres el hombre al que todos echan de menos cuando no está; entonces eso te carcome. Quizás te duele pensar así, pero tú eres el guardián, la luz, y sin embargo es él quien se lleva las palmadas en la espalda, las excusas, los perdones. Así que lo amas y lo resientes, quieres verlo mejor pero estás cansado de ayudarlo. Estás cansado de verlo tropezar y de que nadie más lo vea como tú lo ves, tomando atajos, aprovechándose de la buena voluntad de otros, haciendo trampas. Estás cansado de todo eso.
Imagina estudiar derecho porque entre los códigos encuentras el orden que le da sentido a tu vida – lo que te estaba faltando, una forma de saber que en el mundo las acciones necesariamente tienen consecuencias. Basta con saber que la conducta se ajuste o rompa la norma para saberlo. Si X, entonces Y. Así de sencillo. La civilización se ha construido en base a esto, una secuencia lógica para sacarnos de la barbarie. Te sientes validado – no solo te defines ahora en oposición a tu hermano, sino que te defines en base a esto. Mantener el Imperio del Derecho es un imperativo categórico, como si toda tu vida te hubiese llevado inevitablemente por ese camino. Allí, en el centro de todo, la Verdad, emanando prístina e incorruptible.
Hasta que tu hermano menor decide estudiar Derecho.

Chicanery” (palabra que se puede traducir como argucias, artimañas o subterfugios) es un capítulo hábilmente centrado en una sola historia: la tragedia de los hermanos McGill. Por un capítulo entero nos olvidamos de Gus Fring, de Mike Ehrmantraut (salvo una indirecta mención), del Cartel de Juárez y el narcotráfico para centrarnos en la historia de dos hermanos con una relación completamente autodestructiva, y de las víctimas colaterales de esta infausta cruzada justiciera. Es, además, lo más cercano que Better Call Saul ha estado de otorgarnos un “bottle episode” -esto es, un capítulo filmado generalmente en una sola locación, con pocos actores, general pero no necesariamente para reducir el gasto- y el primero en este “universo” creado por Vince Gilligan desde “Fly” (Breaking Bad), emitido en el 2010. Básicamente, aparte de 3 escenas consecutivas al inicio del capítulo (el flashback antes del título, Jimmy en la consulta del veterinario y Kim con la gente de Mesa Verde) y una breve durante la audiencia (Chuck practicando su declaración) el resto de la hora transcurre dentro de la sala donde se lleva a cabo la audiencia judicial que decidirá el futuro profesional de Jimmy o sus alrededores inmediatos. Es una narrativa contenida y el hecho de que se desarrolle mayormente en una sola ubicación, entre cuatro paredes, solo refuerza el impacto emotivo de un hilo argumental mayormente íntimo – más allá de lo inmediatamente obvio que es pasar casi todo el tiempo dentro de un tribunal cuando el capítulo en sí trata sobre la audiencia de juicio. Básicamente la serie maximiza la circunstancia de ceñirse a una sola ubicación y a una sola narrativa, prescindiendo de flashbacks (más allá del inicial), de tramas paralelas, de elementos foráneos. Todo queda circunscrito a la riña pública y privada entre los McGill.

Y funciona a la perfección.

En cierto sentido, “Chicanery” es el clímax del hilo narrativo que viene fraguándose desde el inicio de la serie, esa disputa entre hermanos que empezó siendo ignorada por una de las partes para luego revelarse a full en uno de los momentos más emotivos de la primera temporada. La escena crucial de este capítulo termina siendo un eco de la anterior: allí, Jimmy se entera del resentimiento de su hermano mayor, basado en una suerte de superioridad moral que se expresa en una desagradable idea de sentirse con el derecho a todo, mezclada con un fanatismo insano hacia la norma y una pizca de verdad entre tanta desmedro, pero es una revelación privada, una conversación entre dos hermanos que solo tiene por testigos a las paredes mudas de la casa de Chuck; en “Chicanery”, Jimmy logra que la confesión de dicho resentimiento sea pública, que se caiga la máscara, que se destruya la fachada de aparente preocupación de su hermano mayor y se revele el odio y la envidia que ha llevado guardados durante décadas. Con los jueces, con la secretaria del tribunal, con Howard, con Kim y con Rebecca allí presentes. Cuatro paredes que soportar una eternidad.
Cuando Jimmy hace su jugada y lo deja en Jaque Mate, no queda más que arrancar la Verdad que tanto se ocultó por años. “Let justice be done, though the Heavens fall”.

Hay que considerar lo sucedido en esta audiencia de juicio como la concreción de dos planes simultáneos: el plan de Chuck para deshacerse de su hermano, arrinconándolo y aplastándolo entre la posibilidad de irse a la cárcel o la posibilidad de ser inhabilitado de por vida; y el plan de Jimmy, contrarrestando el de su hermano. Durante estos últimos capítulos -y en gran parte de éste-  hemos visto cómo la certeza de Chuck respecto al resultado de la audiencia se mantiene firme (recordemos su “here’s what’s gonna happen…” hace unos capítulos), seguro de que no solo tiene la razón sino que su Verdad será reconocida públicamente. Que el mundo entero vea a Jimmy McGill como él lo ve. Al mismo tiempo, hemos visto a Jimmy y a Kim formular un nebuloso plan que le permitirá zafar de las consecuencias que Chuck estipula – pero no vemos nada concreto. No sabemos detalles, simplemente podemos esbozar ciertas teorías de lo que podría suceder: hay fotografías, una dirección, un “bingo!” al final del capítulo, pero ¿qué es lo que están tramando?
Durante gran parte del metraje de “Chicanery”, observamos cómo Jimmy y Kim parecen perder terreno. No pueden disputar los hechos del caso: hay testigos, la cinta (o su duplicado) efectivamente fue destruida, la cinta efectivamente contiene la confesión de Jimmy respecto a los documentos. Las preguntas de la contrainterrogación no conducen a buen puerto más allá de una pequeña victoria al mostrar que Chuck había impedido la contratación de Jimmy en HHM por supuestas razones de “nepotismo”. El resto, objetado, innecesario, irrelevante, una pérdida de tiempo. Chuck se siente victorioso. Cuando testifica ya ha ensayado su declaración, ya sabe qué decir, no tiene más que agregar excepto mostrarse preocupado por su hermano, dolido de su actuar, severo con el castigo pero de todas formas magnánimo. Una victoria asegurada ante sus ojos.

Por supuesto, el espectador sabe que algo va a suceder una vez que Huell Babineaux (Lavell Crawford), ese magnífico y corpulento prestidigitador, aparece en pantalla. Nuevamente ignoramos los detalles respecto a lo que está por venir, solo tenemos una ligera intuición de que quizás Chuck no debiera estar tan seguro de su triunfo. El orgullo precede a la caída, como dicen por ahí.
Cuando Rebecca reaparece en la sala, un par de cosas comienzan a aclararse: la dirección que Mike logró copiar del libro de Chuck. El significado del flashback del inicio. Se vislumbra un atisbo de estrategia: quizás sea para incomodar a Chuck. Algo tiene que haber allí. Sin embargo Chuck declara saber a qué está jugando su hermano menor, argumentando que la presencia de Rebecca es obviamente para perturbarlo y lograr una confesión – pero como él ya lo sabe entonces no caerá en el juego de Jimmy. ¿Qué clase de abogaducho eres, James McGill, utilizando artimañas tan obvias? La mente brillante de tu hermano sin duda se anticipa a todos tus movimientos. Soberbia, una vez más.
Lo irónico es que Chuck tiene razón en algo, pero no en todo (tal como en el macrocosmos de la serie): la presencia de Rebecca es parte de las artimañas de su hermano menor y es para provocar cierta reacción emocional en él, pero no como cree.

Cuando las cosas parecen casi perdidas por completo, con las preguntas de Jimmy conduciendo a ninguna parte aparente y la paciencia de los jueces en su punto límite, es momento del as bajo la manga: hablemos de la enfermedad de Chuck. Es un as que ha tenido bajo su manga desde hace ya bastante tiempo, cuando Chuck tuvo una de sus primeras crisis (en la serie) y fue a parar al hospital – en ese entonces, la doctora que atendió a Chuck “activó” la cama hospitalaria en la que él estaba recostado sin que se diera cuenta, no existiendo reacción alguna por parte del mayor de los McGill. Jimmy prefirió mantenerse en silencio, prefirió seguir ayudando a su hermano de la misma manera que lo había estado haciendo en vez de seguir los consejos de la doctora y someterlo a una evaluación psiquiátrica. Una forma de resignación silente, un sufrimiento interior propio basado precisamente en evitarle mayor sufrimiento a su hermano.
Ahora, en cambio, el Jaque Mate es público. Es la destrucción de la dignidad de su hermano, en términos sencillos; luego de la escena final, pocas dudas pueden quedar respecto al carácter de la “condición” que aqueja a Chuck. Solo bastó un poco de prestidigitación (gracias, Huell Babineaux) y la victoria que Charles McGill Jr. creía tan cierta se le escapa vergonzosa y dolorosamente de entre los dedos, humillado por completo ante su socio, ante la ex-esposa que todavía ama, ante el representante de la profesión que tanto proclama defender, ante los representantes del espíritu de la ley que tanto profesa seguir.

Y en ese momento, Chuck McGill decide estallar.

Nos tomamos un momento para alabar el trabajo de Chuck McKean en esta escena: es la desintegración de un individuo, quedando solo ira y celos en el aire. De a poco Chuck comienza a despotricar contra su hermano, comenzando con ofensas recientes y terminando con sucesos de su infancia que poco tienen que ver con el caso en cuestión. Mientras Chuck retrocede en el tiempo, la cámara se va acercando cada vez más a su rostro, que mezcla rabia con incredulidad con fastidio con arrogancia – y la actuación de McKean no es ni cómica ni exagerada. Perfectamente podría haber sido una caricatura gritona, un hombre con el rostro enrojecido y escasez de oxígeno en los pulmones mientras maldice a todo el mundo, pero no. Solo es un hombre que vio cómo el mundo, una vez más, parecía ponerse en su contra y en un momento impensado de completa sinceridad, decide revelarle al público cómo ve a su hermano menor. Sus artimañas, sus atajos, sus delitos, su escasa fiabilidad, su falta de respeto por el espíritu de la norma, su aprovechamiento y su inhabilidad de enmendar el rumbo. Indigno de ser abogado como él. No como el guardian de la ley, no como faro de luz, no como el hombre respetable. Quizás alguna gente puede cambiar, pero para Chuck McGill su hermano ya está más allá del punto de no retorno. Así que es hora de que el mundo lo vea así.
Lamentablemente para él, la reacción de toda la sala es un incómodo silencio y miradas indescriptibles. El que ha pasado el punto de no retorno es Chuck, enterrándose solo en un pantano que parecía mirar de reojo. Y su figura se va empequeñeciendo, más y más, mientras el silencio es el que impera dentro de la sala.

Se supone que es una victoria para Jimmy. Venganza por haberle negado dolorosamente haber formado parte del Estudio como un socio más, venganza por haberle arrebatado el cliente a Kim, venganza por tanto menosprecio durante todo este tiempo, pero se siente vacía. Es una victoria que duele, y una victoria que significa una pérdida más grande: si la relación entre hermanos ya estaba a punto de quebrarse, con esto parece romperse definitivamente. Chuck pierde la dignidad al mostrarse como un minúsculo hombre sobrepasado por la envidia, y Jimmy pierde su dignidad al montar este circo y exponer de esa manera a su propio hermano. Quizás haya zafado de la cárcel y de la inhabilitación, pero ¿a qué costo?

Cayeron los cielos, se hizo justicia, y nadie parece haber quedado contento. Después de la diatriba, después de la rabia, la decepción, la vergüenza y las voces quebradas, solo queda un silencio que se rompe por un monótono e ineludible zumbido eléctrico.

Observaciones Varias:

  • La última toma del capítulo es magnífica, con Chuck empequeñeciéndose (metafórica y literalmente) mientras el signo rojo de EXIT se agranda hasta dominar gran parte del cuadro. ¿Significará su eventual “salida” de la serie, ahora que ha sido derrotado por su hermano en la única arena que le importaba?
  • Una mención para los “acompañantes” de cada uno: Howard se nota visiblemente molesto con la situación, que se traduce en pérdida de prestigio para HHM y pérdida de dinero. Parece estar al límite de consentir a Chuck (su expresión cuando recién llegan a la sala, antes de la audiencia, lo dice todo) y lo irónico es que si Chuck le hubiese hecho caso respecto a no testificar, habría ganado. Nuevamente, el orgullo precede a la caída. En todo caso, a Howard mayormente le importa Howard y el Estudio, probablemente con lo sucedido lo único que querría es deshacerse para siempre de los hermanos McGill. En cambio Kim está al lado de Jimmy, codo a codo, peleando esta batalla ya sea por lealtad o por amor genuino. Su relación es una de compañerismo, respeto y amor que excede lo meramente “romántico”, y es una de las más bonitas actualmente en pantalla.
  • Chuck compara a Jimmy con Ted Kaczynski (terrorista conocido como “the Unabomber”) porque obviamente iba a comparar a su hermano con un terrorista. Si en su mente, es lo peor.
  • En el mismo sentido, obviamente Chuck iba a comparar su condición psicosomática con el SIDA, porque obviamente a él le van a tocar las enfermedades más mortales y difíciles de combatir posibles.
  • Lavell Crawford ha bajado notoriamente de peso, lo que es muy bueno para su salud.
  • El guionista de este episodio, Gordon Smith, también escribió “Five-O” – ese capítulo de la primera temporada que todos recuerdan por el doloroso monólogo final de Mike. Smith demuestra su versatilidad, habiendo escrito un gran guión centrado en Mike y ahora otro gran guión ausente por completo de él.
  • No deja de ser curioso que la mentira que Chuck (con cierta complicidad de Jimmy) le contó a Rebecca cuando la invitó a cenar en el flashback haya sido una que involucraba un error en los números de una dirección. Algo de poesía.
  • Sí, por si desea una versión breve y un comentario con el cual quedarse más allá de todo este análisis: nos gustó tanto que creemos que es uno de los mejores capítulos de la serie.

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