Y después de “Los 80″… ¿Qué?: La televisión chilena y el género de ficción

Tiempo ha pasado ya del último gran fenómeno de audiencia en cuanto a realizaciones de ficción en la televisión chilena. Las desventuras de la familia Herrera no solo tuvieron la dicha de gozar de buena sintonía, sino también haberse mantenido durante 7 temporadas en pantalla, cuestión sin precedentes en nuestra pequeña industria. Sin embargo, a pesar de este éxito rotundo que podría haber significado una valorización de las producciones nacionales tanto por las casas televisivas como por el público, lo cierto es que el género de ficción sigue siendo una materia pendiente de la cada vez mas alicaída televisión chilena, dominada por las telenovelas comédicas/románticas y las superproducciones internacionales. Entonces, cabe preguntarse ¿Por qué “Los 80” si y otras no? ¿Cuales son los motivos del éxito? y pensando en el futuro del género ¿Es posible repetir el éxito con nuevas producciones? ¿Es posible una industria de ficción de calidad y sostenida en el tiempo? Trataremos de hallar algunas luces.

Para comprender el éxito de la serie de Canal 13 que debutó el año 2008, debemos dar cierto contexto al análisis. El gran caballo de batalla de las estaciones nacionales, las telenovelas vespertinas, se encontraban en franca decadencia, agotando un formato cuyo éxito se sostuvo por casi tres décadas de manera incólume, dando paso a la consolidación del formato de teleserie nocturna, con contenidos levemente mas variados, y por cierto, a la horda de paneles de farándula que acaparaban la grilla programática de todos los canales. Por otro lado, Chile se preparaba para celebrar el esperado Bicentenario de la patria, ante lo cual los canales de televisión se hicieron parte con variadas producciones especiales para conmemorar tan magno evento. En este sentido, el otrora canal católico llevó la vanguardia con dos sendas producciones. En primer lugar, la miniserie sobre los próceres de la patria, “Héroes: La gloria tiene su precio”, compuesta por 6 capítulos emitidos entre 2007 y 2009 en horario prime, liderando la sintonía con cada edición. El factor patriótico/histórico sumado a la factura de cada capítulo y un reparto ganchero, determinaron en gran medida el triunfo de la apuesta (obviando incluso la falta de rigurosidad histórica), siendo hasta ese entonces la producción de ficción mas exitosa en primera línea. Esta buena experiencia ciertamente entronca con el debut un año mas tarde de “Los 80”, una serie que como su nombre lo indica retrata la vida de una familia chilena de clase media durante la década referida y de sus distintas transformaciones conforme la sociedad evoluciona, en medio de los horrores de la dictadura militar de Pinochet.

Ahora bien, “Los 80” en ningún caso es el primer intento por llevar el formato de serie a las pantallas chilenas. Con la llegada del nuevo milenio aparecieron los primeros intentos por replicar el formato televisivo de ficción del primer mundo, con mas o menos éxito. “Mas que amigos” (2002), un fallido intento por recrear la magia de “Dawson’s Creek”, y la muy bien lograda crónica juvenil, de curioso éxito en horario prime, “Bienvenida Realidad” (2004-2005), son el punto de partida para producciones de ficción que divagaron por distintos géneros, desde la adaptación nacional de la serie argentina “Los Simuladores” (2005 y 2010, siendo una de las primeras realizaciones televisivas en formato cine), al drama femenino carcelario de “Cárcel de mujeres” (2007-2008, mucho antes que “Orange Is the New Black”), hasta la comedia policial con “Huaiquiman y Tolosa” (2006 y 2008). Entre otras creaciones originales, también aparecen algunas adaptaciones de sitcom anglosajones como “Casado con hijos” (2006-2008), “La Nani” (2005-2006) y “La Ofis” (2008), de resultado dispar.

Si bien gran parte de estas producciones gozaron de buena recepción y rating mas que respetable, todas tienen como factor común el límite máximo de duración de dos temporadas. Derribando mitos sobre la capacidad creativa de los realizadores y guionistas nacionales, las series chilenas respondían de gran manera al desafío de armar historias de contenido original y atractivas para el público, aun cuando los canales de televisión decantaron por el contenido fácil y barato: las telenovelas y la farándula. Este escenario poco alentador tuvo un oasis de 7 años con “Los 80”.

Precedida del antecedente de “Héroes”, “Los 80” tuvo desde su inicio la aprobación popular, conjugando cotidianidad y simpleza de las temáticas planteadas, propias de la familia promedio chilena, con el revisionismo nostálgico por la década en cuestión, en años en donde el país comenzaba a mirar ya con cierta distancia la oscuridad de la dictadura y el ostracismo respecto de lo que estaba ocurriendo fuera de nuestras fronteras. La depresión económica y la cesantía, el penal de Caszely en el mundial de España, Cecilia Bolloco Miss Universo, el terremoto del 86, el actuar de la CNI, etc., se entrecruzan con los dramas propios de los personajes de la historia, que encuentran en Juan Herrera el arquetipo del héroe de las cosas simples, entrañable y querible con todos sus sostenidos y bemoles, mas aun con cada final de temporada en donde la desgracia siempre tocaba su puerta. Si bien el eje central de la serie siempre fue Juan y sus dramas, cada personaje ofrecía elementos identitarios y representativos de la época para robustecer el argumento. En este punto es donde se hace presente el excelente elenco que dio vida a la familia Herrera, liderado por dos imperecederos de las telenovelas como Daniel Muñoz y Tamara Acosta, y es que aun con una industria cinematográfica en expansión la mayoría de los actores nacionales hasta el día de hoy hacen su sueldo a través de las vilipendiadas teleseries.

Pero fuera del cariño por los personajes y los actores, o la añoranza por una época en donde se enaltecía de manera casi religiosa la unión familiar, “Los 80” fue un gran producto ya que logró sostenerse en el tiempo manteniendo el estandar de calidad, partiendo por un equipo de producción de primera a cargo de Andrés Wood hasta el robusto reparto combinando experiencia y juventud. Una historia con arraigo e identidad, a tono con la gallada, y confianza en el proyecto a largo plazo, tuvieron como resultado la mejor producción de ficción de la historia de la televisión chilena.

Y después de “Los 80”..¿Qué? Bueno, volver a lo mismo. Entre nobles intentos, mayor preocupación por la factura técnica, expandir los horizontes argumentativos y nuevos mercados, los productos nacionales tratan de abrirse camino con mejores herramientas pero compitiendo de forma desleal contra las superproducciones turcas y brasileñas, y el revival de las comedias románticas de las 20:00 hrs., en donde el cliché de amor entre ricos y pobres se repite tanto como arroz y tallarines en el menú semanal. Nuevamente haciendo eco del clamor popular, ad portas de los 30 años del golpe militar de 1973, las producciones nacionales se enfocaron en el revisionismo crítico de la dictadura que en “Los 80” tuvo momentos de protagonismos. Así, “Los archivos del cardenal” (2011-2014) logró posicionarse como un muy buen producto pero que terminó siendo víctima de los cambios de horarios y por supuesto, la teleserie turca del momento, finalizando con dos temporadas. Ahondando en la reconstrucción de la memoria colectiva, Andrés Wood se hace presente con “Ecos del Desierto” (2013), la miniserie sobre la vida de la abogada de Derechos Humanos Carmen Hertz, que al igual que “Los Archivos…” gozó de buenas críticas y simpatía popular a través de las redes sociales, pero tibia sintonía.

Ciertamente el proyecto mejor logrado tras la experiencia de “Los 80” fue “El Reemplazante” (2012-2014), drama juvenil que retrata la vida de un ex hombre de finanzas devenido en profesor de matemáticas y la de sus alumnos en un colegio vulnerable de Pedro Aguirre Cerda, hijos de la mala educación y la marginalidad de su entorno. Otra vez la conexión con la realidad y la cercanía de los conflictos planteados fueron motivo para que la serie se posicionara como el programa revelación de la época, sumando premios y buenas críticas. Luego de una primera temporada de gran desempeño, la segunda no tuvo el mismo impacto, finalizando así el proyecto no sin dejar huella como uno de los productos desatacados de nuestra televisión. Posteriormente, “Juana Brava” (2015), promocionada de pésima manera como competencia directa de “Los 80”, y el gran drama político “Bala Loca” (2016), fueron lo mas destacado de los departamentos de ficción de nuestra televisión.

Ahora bien, en todos estos años de evolución televisiva en producciones de ficción, y por cierto también en la industria cinematográfica con mayor apertura a la región y el mundo, las grandes cadenas internacionales se fijaron en el talento nacional para la realización de verdaderas superproducciones para el estándar chileno, siendo HBO con “Prófugos” (2011-2013) el programa con mayor éxito y repercusión, con dos temporadas. Distinta suerte tendría “Sitiados” (2015)  de FOX y TVN, que a pesar de la abundante publicidad y una propuesta histórica, no tuvo los resultados esperados.

En resumen, podemos concluir a la luz de los antecedentes que a pesar del mayor número de producciones que se realizan cada año y de las patentes muestras de calidad de muchas de ellas, los canales de televisión aun desconfían del formato ante el riesgo que involucra apostar por productos que requieren mayores recursos, tanto humanos como económicos, para su realización, versus la facilidad que ofrecen los productos envasados extranjeros o bien la formula repetitiva de las telenovelas. Esta desconfianza no solo se ciñe al resquemor de las estaciones a financiar producciones originales, sino también en darles el lugar que merecen dentro las parrillas programáticas, en horarios ad-hoc y con la promoción adecuada. Casos como “El Reemplazante” y “Los Archivos…” son muestra clara de la desidia con la que los canales emisores tratan sus propios productos, removiendo y enrocando horarios a destajo sin mayor delicadeza o atención con la audiencia.

Ante este escenario también se podrían esgrimir otros factores que podrían incidir en las decisiones comerciales de los canales de televisión para no apostar por el producto nacional, como la escasez de demanda o la ausencia de calidad versus los monstruos de las grandes cadenas internacionales. Aun cuando Chile representa un pequeño mercado para el entretenimiento, lo cierto es que el público responde de buena forma ante proyectos de calidad y que por supuesto son respaldados por las compañías que las patrocinan, tal y como ocurrió con “Los 80”. Falta de talento tampoco podría ser la excusa para el estado actual de la ficción en la televisión chilena, ya que justamente mercados internacionales se han fijado en créditos locales para sus propios proyectos. Esta situación desmejorada dice relación mas bien con el estado mismo de nuestra televisión, quizás el mas critico en toda su historia, tanto en calidad de contenidos como en lo estrictamente numérico ante la arremetida del cable y los servicios de streaming, cuya lógica y funcionamiento se encuentra mas en sintonía con el consumidor del siglo XXI.

La televisión chilena, en tanto producto de consumo, no es mas que la muestra de la lógica mercantilista de los negociantes que se llenan sus bolsillos sin mayor objetivo ulterior. Ante esto, patrocinar nuevas historias de ficción nacionales o fomentar productos de calidad, en términos amplios, en ningún caso representa un objetivo de los empresarios de los canales de la televisión abierta, al contrario, significa un gasto “innecesario” ante la posibilidad de mejores rendimientos con productos ya replicados en otros mercados o calcados a los que han tenido éxito anterior, dejando de lado la creatividad e innovación. Esta lógica a corto plazo y miope de los genios detrás de la chabacanería y vulgaridad de la televisión nacional de todas maneras tiene sus días contados, ya que solo en algunos años mas Youtube, Netflix, Amazon y todos los servicios virtuales de televisión terminarán por devorar a los medios que no evolucionen. Por lo pronto, en materia de guiones originales, al menos una decena de producciones de diversos géneros se han anunciado para este año en nuestra televisión, engrosando la oferta de contenido, objetivo de suyo importante para optar a una mejor industria.

Puede que tras el fenómeno de “Los 80” la ficción chilena no haya evolucionado de gran manera o en la forma esperada respecto de lo que había antes, pero si establece un precedente exitoso dentro del género, y por tanto, la posibilidad a futuro de realizar series de calidad, con identidad, competitivas y comerciales, en la medida que existan, por supuesto, las condiciones que promuevan el desarrollo de las nuevas ideas.

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