Better Call Saul S03E06: “Off Brand”

Familias

It’s just a name.

Era esperable que luego de un capítulo tan emotivamente cargado y tan significativo como “Chicanery”, la serie se tomara un respiro, un momento para reordenar el tablero, mover las piezas y establecer un nuevo status quo luego de la profunda mutación/destrucción del anterior. En series como Game of Thrones, o incluso Breaking Bad, lo anterior se presta para eventos rayando en lo cataclísmico – combates que involucren la muerte de personajes (queridos u odiados), la destrucción de lugares a los cuales les hemos tomado cariño a lo largo de los años, el encuentro fatídico entre dos fuerzas que han venido creciendo durante un largo tiempo. La situación adquiere ciertos ribetes épicos, no solo por el género al cual pertenecen las obras, con sus lugares comunes y sus elemento estructurales, sino porque de alguna manera la misma comunidad les otorga dicha característica; es la expectativa que va in crescendo, más todavía si el acto de ver determinadas series se ha convertido en una experiencia compartida, social, en donde podemos alegrarnos o sufrir en conjunto a medida que semana a semana (o en el caso de ciertas series, luego de una sesión “maratónica”) vamos avanzando en una serie determinada.
En “Better Call Saul”, por su parte, el cambio del status quo no sucedió a consecuencia de un “evento” épico. Fue un capítulo íntimo, desarrollado mayormente dentro de un solo ambiente, con tan solo un par de personajes en el centro de todo – y la única expectativa que teníamos antes de empezar el capítulo iba más por saber a qué se refería el “bingo!” de Kim que había cerrado la entrega de la semana anterior. No es que un estilo sea inherentemente mejor a otro: simplemente hacemos notar la diferencia, recalcando que perfectamente se puede lograr algo potente y emotivo aún cuando el riesgo de los personajes involucrados es menor que en el de otras obras. Aquí no estamos hablando de muertes brutales ni nada por el estilo: a lo más, una humillación pública y la inhabilitación de ejercer una profesión. Contextos distintos pero resultados similares: el espectador, ya sea por el espectáculo, por la tensión o por el nivel de involucramiento y de empatía con los personajes, se sumerge por completo en la obra.

Todo lo anterior, a riesgo de aparentemente habernos apartado del tema, es para mostrar que si bien todas las series requieren capítulos y momentos eminentemente transicionales antes de continuar por completo con la siguiente fase de su narrativa, en Better Call Saul dichos capítulos tienden a ser de relativo bajo perfil – está en la naturaleza de la serie en sí y de cómo se va desarrollando. En tal sentido, “Off Brand” trata en gran parte con las consecuencias inmediatas de la devastadora audiencia en la que se centró el capítulo anterior – y aunque técnicamente es una victoria para Chuck, consiguiendo una suspensión de 1 año para Jimmy, su ánimo está por el suelo. Ni siquiera Rebecca puede lograr que abra la puerta de su hogar, y solo la insistencia de Howard lo saca de su estupor – al menos lo suficiente como para brindar con un Whiskey Macallan de 1966, en honor a los “nuevos comienzos”.
¿Tan así? Después intenta agarrar la batería de la famosa (o infame) grabadora con sus propias manos – preludio a lo que sería, con posterioridad, salir en plena noche cubierto con una “manta espacial” con la expresa intención de realizar una llamada a la Dra. Cruz, la misma que lo ha atendido en estas temporadas anteriores (y que se dio cuenta de lo psicosomático de la condición de Chuck). ¿Será, entonces, un “nuevo comienzo” en cuanto intento de superación de la condición que lo aqueja? ¿O es más bien todo lo contrario e intentará aferrarse con dientes y uñas al status quo que lo favorece?

Por el lado de Jimmy, en cambio, el ánimo es más bien celebratorio: incluso considerando una suspensión de 1 año para ejercer como abogado, las otras alternativas eran mucho peores, por lo que aceptan dicha suspensión como un verdadero triunfo. El pequeño festejo en la oficina solo se ve interrumpido por la aparición de Rebecca, implorándole a Jimmy que ayude a Chuck a salir del agujero negro mental/emocional en el que se encuentra post-audiencia.

Jimmy simplemente se niega.

En este capítulo comienzan a sembrarse semillas de lo que será con posterioridad Saul Goodman; no solo el nombre y el personaje estrafalario (de lo cual hablaremos más adelante) sino que también la personalidad un tanto más egoísta, distante y cínica del abogado criminal. Quizás uno pueda encontrar que la reacción de Jimmy está justificada considerando todo lo que ha hecho Chuck en nombre de su cruzada personal – el costo emocional ha sido demasiado alto. El enterarse que el hermano que tanto admiras y del cual has cuidado con esmero durante años no solo te odia sino que ha efectivamente saboteado tus opciones laborales es un golpe duro que deja dolido y hastiado a cualquiera. Es difícil de aceptar, difícil de poner a un lado y pensar en que, más allá de las rencillas, hay un lazo familiar entre ambos. O incluso, que quizás necesite la ayuda en cuanto ser humano, más allá de ese vínculo fraterno tenso/roto. Pero Jimmy se niega rotundamente. No le debe nada. No va a dejar que la sensación de hacer lo correcto, esa pequeña parte de su conciencia que le ruega ayudar a su hermano porque quizás necesita su ayuda. “Jimmy, he’s still your brother,” le dice Rebecca, cuando ya casi todo intento de apelación anterior ha fracasado.

Not anymore, he’s not,” responde Jimmy. Con una sola frase se desliga de su carga, de su karma, de su cruz. No es problema suyo, después de años siéndolo. No más. El silencio de Rebecca es insoportable, una reacción de pasmo e incredulidad que se convierte en amargura y en ver a Jimmy como Chuck lo ve: un desastre egoísta que solo piensa en él mismo. La tragedia de este pequeño momento está en que, una vez más, es una cuestión de perspectivas: Rebecca al parecer ignora todo lo que Jimmy ha hecho por su hermano en este último tiempo; si lo supiera, quizás vería las cosas desde su perspectiva. Quizás le encontraría algo de razón en su cansancio emocional, en su cinismo, en su deseo de alejarse. Pero es el alejamiento (físico) de Rebecca el que informa su perspectiva, y para ella Jimmy le debe (y le sigue debiendo) tanto a su hermano que su negación no es más que un acto de arrogancia, egoísmo y crueldad inusitada. “He’s mentally ill. What is your excuse?
Pero solo hay silencio como respuesta. Una mirada dolida que no es acompañada por ninguna palabra en absoluto.

Off Brand” es una suerte de reflexión sobre familias fracturadas y la elección de familias sustitutas. En el caso de los McGill es evidente: la relación entre Chuck y Jimmy está rota prácticamente por completo, y éste último decide volcar su atención a su “familia sustituta” – su relación con Kim y las oficinas que poseen bajo un mismo techo. Es lo único que le va quedando relativamente incólume.
Pero las otras historias del capítulo también lidian a su manera con la familia. Mike, por ejemplo, vuelve a nuestra pantalla luego de una semana ausente; y aunque su aparición en este capítulo es particularmente breve, tiene elementos dignos de ser analizados. En primer lugar, el truco de cámara durante la sesión del grupo de ayuda se agradece – mientras la nuera de Mike cuenta su historia, la cámara gira y enfoca a todos los asistentes, hasta que revela que Mike está allí, al lado de ella, escuchándola hablar. Las inquietudes sobre su presencia (“¿qué hace allí? ¿Hablará? ¿Habló?”) son rápidamente respondidas cuando se nos muestra que está ahí acompañando a Stacey nada más, y que ésta lo “propuso” para ayudar con el vertido de hormigón requerido para hacer unos juegos infantiles para la comunidad. Más allá de lo específico de la actividad, el pequeño momento relevante está dado por la reacción de Mike ante la anécdota que Stacey le cuenta sobre el supuesto garage que construyó para su hijo – no sabe de que está hablando o no recuerda. ¿Acaso Matt le contó una anécdota falsa a su esposa? ¿Acaso Stacey está inventando algo para manipular nuevamente a su suegro? Hasta cierto punto esto último no es tan descabellado, considerando que en la temporada anterior aseguraba estar sintiendo balazos cerca de su casa cuando nunca hubo – Mike sabe que lo están manipulando y poco le importa.

Pero lo más relevante en cuanto a familia luego de los McGill es la trama paralela de Nacho Varga (¿se acuerdan de él? Volvió, y no precisamente en forma de fichas), soportando trabajar para un jefe que detesta mientras mantiene esa faceta de su vida oculta de su padre y su honesto negocio de tapicería. El cold opening del capítulo nos entrega una parte del día de Nacho, recibiendo el dinero que ganan los traficantes de la organización Salamanca y contando que todo esté en orden. La presencia constante de Hector en el procedimiento solo les otorga mayor tensión – el viejo Salamanca se encuentra mayormente silente pero el solo hecho de estar allí hace que los esbirros tiemblen como si estuvieran al borde de la hipotermia. El encuadre ilustra a la perfección la situación: los sujetos deben lidiar directamente con Nacho frente a ellos, pero es la figura lejana de Hector (mostrada sobre el hombro de Nacho) la que los atormenta y los juzga. Nacho es el hombre del medio, allí en esa tierra de nadie entre un esbirro normal y la cabeza de la organización.Una situación incómoda que se vuelve más incómoda cuando Krazy-8 (¿se acuerdan de él? ¿El de los primeros capítulos de Breaking Bad) no lleva todo el dinero que corresponde a las ventas – mientras Nacho acepta a regañadientes las excusas de Krazy-8, solo bastan un par de palabras de Hector (“who works for who, huh?”) para que se vea prácticamente forzado a castigar al pobre sujeto. No le sirvió de nada la cortesía y el ir bien vestido con su polera de trabajo si no trae todo el dinero; y así es como Nacho debe ir, harto de todo, a “apretar”  a Krazy-8. No es necesario verlo en detalle, solo con los gritos y el sonido de los golpes en la piel es suficiente.
Cuando vuelve a trabajar en la tapicería de su padre, el agotamiento físico y emocional llega hasta el punto de pasar a llevarse la mano con la máquina de coser que utiliza. A estas alturas es un hombre miserable y poco puede hacer para cambiar las cosas, estando a merced de un tipo volátil y derechamente malvado como Hector Salamanca. Escenas y detalles así, que parecen menores -o casi indulgentes- en un principio, regresan al final del capítulo con fuerza para cerrar el círculo: obviamente un tipo tan despreciable como Hector no iba a quedar satisfecho con “solo” quedarse con 60% de las drogas traficadas por la operación de Gus Fring, sino que desea su propia “pantalla” para traficar drogas. El negocio honesto de la tapicería serviría a la perfección – y aunque Nacho protesta porque sabe que su padre es un trabajador honesto, alejado del mundo oscuro del tráfico, sabe que no tiene otra elección que acceder a lo propuesto por Salamanca. En caso así, no hay opción alguna.

Al menos, hasta que le avisan a Hector que Tuco estuvo involucrado en una riña dentro de la prisión y que, por lo tanto, es probable que se quede allí mucho más tiempo del previsto. Ahí es cuando a Hector le viene un ataque y Nacho percibe una pequeña oportunidad: una de las pastillas que el viejo Salamanca toma para calmarse. Una cápsula bajo la suela de su zapato. Un punto débil para atacar. Quizás ésta sea la última chance que tenga – y el bienestar de su padre dependería de ello.

Dentro de las “mitades” del capítulo, es esta mitad la que se siente más cercana a Breaking Bad en prácticamente todo: en la temática, en los personajes, en el lenguaje. Es la concreción de la idea de ser efectivamente una precuela – y, en esto debemos ser honestos, hasta cierto punto se sintió un poco llevado al “fan-service”, como si la serie estuviera preguntándonos de forma casi constante: “¿se acuerdan de estos personajes? ¿Se acuerdan de estos lugares?” Y aunque puedan tener cierta razón narrativa para aparecer a estas alturas, que las referencias hayan sido numerosas y en un tiempo tan breve nos dio una pequeña sensación de que se dieron un gusto con el “fan-service”… aunque, para ser honestos nuevamente, no hay nada de malo en ello siempre y cuando se haga de buena manera.
Así nos encontramos con uno de esos cameos que pocos esperaban: Lydia Rodarte-Quayle, la neurótica amante de la stevia interpretada por Laura Fraser y que apareció en la 5° Temporada de Breaking Bad. Si bien en dicha serie se dio a entender la relación de negocios entre Fring y Lydia, por razones obvias nunca vimos a ambos personajes compartir pantalla. Hasta ahora. Si bien su cameo se reduce a una oración, siempre está la posibilidad de que tenga una participación más sustancial de aquí en adelante, elevándola de una simple referencia a un personaje crucial dentro de una operación que todavía no alcanza su peak.

Al final del capítulo volvemos, en todo caso, a Jimmy y su propia historia – tan lejana que parece a los líos de traficantes, tan pequeña e íntima y familiar. Incluso absurdamente graciosa, mientras observamos a Jimmy volver a utilizar a su fiel (?) equipo de grabación para poder grabar un comercial y sacarlo al aire en el menor tiempo posible. Es culpa de las circunstancias, claro está (el hecho de que esté obligado a emitir sus comerciales a menos que quiera perder dinero, y el hecho de que no pueda emitir su comercial de “Gimme Jimmy!” porque no puede ejercer la profesión), pero allí entre la espada y la pared es donde Jimmy McGill tiende a brillar, aflorando su talento para la improvisación y el pensamiento lateral.
¿El fruto de su labor contrarreloj? Un comercial tan absurdo que parece sacado de Mr. Show (programa de comedia creado y protagonizado por Bob Odenkirk junto a David Cross) y que termina siendo la primera aparición canónica de Saul Goodman más allá de una “referencia” durante la primera temporada (en un flashback, mientras Jimmy embaucaba a un sujeto, le dijo que su nombre era “Sauls’all good, man”). No deja de ser irónico que tanto tiempo se haya especulado con la primera aparición de dicho nombre en la serie, una suerte de símbolo de la transformación de Jimmy McGill en algo mucho más inmoral y oscuro, una suerte de “Darth Vader” (analogía que hemos realizado en ocasiones anteriores)… y que el momento en cuestión haya sido un comercial hecho a la rápida y con escasa seriedad. En cierto sentido, era algo esperable: así funciona la serie. Pequeños momentos.

Lo interesante aquí es la reacción de Kim: lejos de su cara radiante al final de la temporada pasada luego de ver “Gimme Jimmy!”, la expresión en este instante es inescrutable. Quizás shock, quizás sorpresa, quizás incredulidad. Su “that guy has a lot of energy” se siente como las cosas que se dicen cuando se está prácticamente obligado a decir algo positivo a pesar de no haberle encontrado nada.
Pero la pregunta que uno se hace en tal caso, si es que la reacción fuese más negativa que positiva: ¿qué es lo que vio en dicho comercial, en la performance de Jimmy, que la dejó prácticamente pasmada? Pero antes de tener cualquier respuesta, directa, solo nos quedamos con el silencio. Sea cual sea estamos un paso más cerca de ese futuro inevitable.

Observaciones varias:

  • A falta de un montaje musical, el capítulo nos entrega dos: primero, Jimmy llamando a todos sus clientes para informarles (a su manera) que estará un año sin poder atenderlos; luego, todo el sabor latino mientras los lacayos de Gus extraen la droga escondida en el camión de Los Pollos Hermanos. Ambos son relativamente breves, pero sirven para seguir asegurando que Better Call Saul ama sus montajes musicales.
  • Aparte de Lydia, otras referencias a Breaking Bad: la lavandería industrial que será en un futuro la ubicación del super-laboratorio secreto; reaparecen Victor (por segunda vez esta temporada) y Tyrus como lacayos de Gus, durante la escena en la que Nacho intenta llevarse más droga de la presupuestada.
  • Si bien Howard menciona que el Macallan de 1966 que beberá con Chuck tiene “35 años” (lo que situaría a la serie aproximadamente en el 2001), aunque puede ser que haya redondeado la cifra y no sean 35 sino 36 o 37. No tenemos una fecha clara pero sabemos que la serie se desarrolla en los primeros años de la década del 2000.
  • Curiosamente, se da a entender que Howard se fue de la casa de Chuck “con unas copas de más” pero que Chuck no se opuso a que su amigo manejara bajo la influencia del alcohol más allá de una simple preguntita. ¿Dónde está la santidad de la ley ahí, Charles?
  • Alabamos la fotografía de la escena en que Chuck decide salir a realizar la llamada desde un teléfono público. Los colores brillan de una forma espectacular y se distorsionan desde el punto de vista de Chuck.

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