Better Call Saul S03E09: “Fall”

BCS Fall A

Dinero Sucio

“I sold my soul for B-I-N-G and O!

Este capítulo de Better Call Saul no fue fácil de ver. La penúltima entrega de la temporada es una hora llena de gente miserable, ya sea porque está apremiada por las circunstancias o porque simplemente deciden comportarse así. Salvo las escenas de Mike en las oficinas de Madrigal junto a Lydia, básicamente el resto del capítulo gira en torno a personas llegando a situaciones límites: Nacho Varga y la situación con Hector Salamanca, Jimmy y su falta de dinero, Hamlin y Chuck con el aumento de la prima del seguro para el bufete, Kim y su sobrecarga laboral. Todos están destrozados emocionalmente o están a punto de estarlo, acelerando con temeraria imprudencia hacia una situación de quiebre – algo que se manifiesta no solo en el comportamiento de los personajes (ergo, la performance de los actores) sino que también en su vestuario, en su maquillaje, en sus peinados. Todo nos lleva al mismo lugar, a ese mismo incómodo, desagradable, irritante lugar.
Hay escasos momentos de liviandad en “Fall”. Generalmente se reducen a pequeñas líneas o momentos breves que sirven como preludio a escenas mucho más tensas o terribles – el humor característico de la serie está prácticamente ausente del episodio, y es algo que sin duda es intencional. “Fall” no es un capítulo que se preste para bromas, y si el inicio mismo del capítulo -con Jimmy “casualmente” visitando a su ex clienta Irene en las dependencias de Sandpiper y llevándole galletitas en forma de gato- parece ser lo suficientemente bondadoso o tranquilo, el capítulo mismo se encarga brevemente de aplastar cualquier esperanza: obviamente la visita no es casual. Un millón seiscientos mil dólares le aguardan a Jimmy si solo consigue hacer que Irene llegue a acuerdo y acepte la oferta más reciente de Sandpiper. Dinero fácil, dinero sucio.
Gran parte de “Fall” gira en torno al dinero: a no tenerlo cuando se necesita con urgencia (Jimmy y HHM), a tenerlo pero no poder ocuparlo (Mike en Madrigal), a buscarlo para mantenerse a flote (Kim), a odiar que otros ganen más que tú (Hector vs. Gus). El vil y cochino dinero como forma de relacionarse con otros, de tender y destruir puentes, como símbolo de cuánto estás dispuesto a perderte a ti mismo.

Para algunos, este capítulo es Jimmy McGill cruzando el Rubicón, acercándose más y más a su eventual alter-ego Saul Goodman. Una línea que no debió haber cruzado y, sin embargo, lo hizo – todo en el nombre del beneficio propio. Para otros, Jimmy pasó el punto de no retorno hace ya un buen tiempo.
Sea como sea, en este capítulo James McGill abandona por completo cualquier pretensión de moralidad y se aprovecha de una anciana para su propio beneficio monetario. Su situación difícil (muchas más deudas que ingresos, vaciando sus cuentas bancarias, etc.) no es justificativo para manipular de manera tan cruel a una persona cuyo único aparente defecto es no tener idea de términos legales ni querer involucrarse en ello. Una bajeza moral, sin duda. Es el primer capítulo en el que Jimmy McGill se muestra casi totalmente villanesco, y ni siquiera su ingenio e improvisación logran sacar carcajadas – son, más bien, una demostración de lo maquiavélico que puede llegar a ser. Su carisma natural utilizado, una vez más, para dañar a otros.
De esa manera, a lo largo de “Fall” observamos cómo Jimmy McGill manipula a un grupo de ancianas de forma descarada, aumentando el resentimiento del resto del grupo hacia Irene y así presionarla indirectamente para que acepte el dinero que Sandpiper le ofrece en estos instantes (y así Jimmy pueda cobrar su porcentaje). Para mucha gente que vive en hogares de retiro, los otros ancianos del lugar son los únicos amigos que tienen; una vida social con un círculo bastante reducido, en donde la calidad de vida de la rutina diaria que poseen depende mucho del vínculo que poseen con esas otras personas en su misma situación. Y si es el caso de una familia que simplemente no va a visitarla, entonces la pertenencia a ese reducido círculo social es casi vital para no sentirse completamente abandonada. El haber aislado a Irene, entonces, y haber arruinado sus amistades a través de mentiras y omisiones se siente particularmente brutal. La escena en la que Irene “gana” el bingo, nadie aplaude y luego simplemente se retira a llorar es un momento difícil de ver: una pobre anciana que siente que su mundo se está cayendo a pedazos lentamente y no tiene idea de la razón, deseando que las cosas volvieran a ser como antes.
¿Y qué hace Jimmy McGill cuando ve a Irene llorando desconsoladamente? ¿Acaso le baja el remordimiento y detiene su plan porque literalmente se está aprovechado de alguien en una situación desmejorada? Qué va. Asesta la estocada final y propone la “solución” a un problema que él mismo causó. Saul Goodman tan solo a un paso.

Después de que su despreciable plan aparentemente funciona, no encuentra nada mejor que ir a celebrar con Kim, quien está sumergida en trabajo, estresada a más no poder, con evidente falta de descanso y notoria falta de tiempo. Pero en vez de ser comprensivo, de notar que Kim está visiblemente atrasada y que quizás no sea el mejor momento para celebrar, decide comportarse como un niño con una pataleta y hacer que todo gire en torno a él. Menos mal que Kim todavía lo ama/lo estima (lo dejamos al criterio del lector) lo suficiente como para no insultarlo profusamente en ese momento de altísimo estrés, porque de verdad se lo merecía. Así, con numerosos papeles ordenados meticulosamente y batallando contra el tiempo que se escapa de entre sus dedos, Kim parte a cumplir con su trabajo… mientras Jimmy se queda “celebrando” con su botella de Zafiro Añejo, con Francesa y un par de tazones. Si bien el ánimo de Jimmy en ese instante no es de los mejores, tiendo a pensar que va más por el “rechazo” de Kim que por la naturaleza en sí de su “triunfo”: al final, quiere recibir ese millón seiscientos mil dólares que ahora no posee y que tanto necesita. Considerando el tipo de labor que realiza cuando ejerza como Saul Goodman, es probable que ese dinero nunca llegue a sus manos o bien se gaste más rápido de lo que él imagina.

Mientras tanto, en Hamlin Hamlin & McGill, las cosas se ponen color de hormiga rápidamente: los representantes de la compañía aseguradora llegan a conversar con Howard y Chuck sobre los sucesos recientes, a informar que el precio de la prima que cada abogado del estudio paga se duplicaría y que otro socio del estudio debiera “supervisar” el trabajo de Chuck debido a su condición. Obviamente Hamlin y McGill no se toman para nada bien las nuevas condiciones “sugeridas” por la aseguradora y Chuck, literalmente, amenaza con demandarlos. Por un lado es reconfortante ver a Chuck McGill otra vez con un fuego interior y una braveza que estuvieron un tanto perdidas luego de un par de episodios a la deriva, luego de su humillación en juicio; por otro lado, el orgullo de Chuck McGill regresa en gloria y majestad. Obviamente el hombre está tan seguro de su mente legal, sus capacidades y de tener la razón que no duda en anunciar una demanda si la gente de la aseguradora no cambia sus condiciones – y eso no es todo. Howard, quien a estas alturas está absolutamente harto del comportamiento de ambos hermanos McGill, le sugiere “sutilmente” a Chuck que es tiempo de retirarse de la litigación y dedicarse a otras cosas en el ámbito del derecho, preferiblemente lejos del día a día de HHM. No culpamos a Howard por ello – dentro de todo, e incluso considerando su injustificado castigo a Kim por algo que Jimmy hizo en la segunda temporada, no es un mal tipo. Le importa el éxito del estudio que dirige; eso incluye las relaciones públicas y la percepción que potenciales clientes tendrían de HHM. Si ha soportado a Chuck todo este tiempo ha sido tanto por correcta lealtad como por considerar que deshacerse del mayor de los McGill hasta ese entonces habría sido más perjudicial para el bufete que mantenerlo y apoyarlo. Hasta ese entonces. El tema del juicio entre los hermanos, y el comportamiento irracional y rencoroso de ambos, terminó por hartarlo. No más.
Chuck intenta convencerlo de que ha mejorado respecto a su condición (lo que es verdad), y de que ahora “está bien” (lo que es mentira). “This is not what ‘fine’ looks like,” responde Howard. No es algo que le haya gustado decir, pero es algo que sentía que debía decir, por el bien del estudio. Mal que mal, con todo lo que ha pasado, ya no puede confiar en el criterio de su socio: “I can’t be partners with someone whose judgment I don’t trust”. Es frío, pero es racional.
La cuestión, sin embargo, no termina allí.

Cuando Howard recibe un mensaje por parte de Chuck, inicialmente piensa que será aceptando su “sugerencia” y anunciando su retiro. Al leer la carta, la expresión cambia. Chuck McGill va a demandar a HHM.
Una vez más: el orgullo de Chuck McGill. En vez de buscar una solución relativamente pacífica para ambas partes, prefiere demostrar que tiene la razón – y demostrar que puede arruinar HHM en vez de aceptar que quizás su criterio no es el mejor en la actualidad. Porque Chuck McGill no puede no tener razón. Y aunque tal vez sea cierto que el estudio está donde está gracias a su labor, no es menos cierto que demandar un dinero que sabe que el bufete no posee significaría condenarlos a la quiebra – y con ello, numerosas personas quedarían sin trabajo solo por Chuck McGill no puede tolerar que tal vez no está pensando con claridad.
Así que después de que dos hermanos se fueron a la guerra, los dos socios que combatieron del mismo lado ahora están en trincheras opuestas. Todo por una cuestión de orgullo, por no dar su brazo a torcer. Los hermanos McGill son tal para cual – y quizás deberían destruirse mutuamente antes de seguir causando daño a quienes los rodean. Quizás, en ese caso, por fin dejen de pensar que todo gira en torno a ellos.

En el otro lado de la historia tenemos lo sucedido con Hector Salamanca, Gus Fring y -más importante- Nacho Varga. La decisión de Eladio de supeditar toda la operación al método de tráfico de Gus Fring (“todo se mueve a través del chileno”, un regalo de la serie para nuestros compatriotas) es un golpe al orgullo de Salamanca tan potente que le comienza a dar un ataque. Es el momento de ver si el plan de Nacho Varga funciona o no. Pasan los segundos, aumenta la tensión, y la cápsula parece no hacer efecto. El momento pasa. Se calman las aguas.
Hector Salamanca se tranquiliza y sigue vivo.

Obviamente, para Nacho, lo anterior significa que su plan fracasa y es prácticamente inevitable que Hector Salamanca decida “apropiarse” del negocio del patriarca de los Varga. Ante esta situación horripilante, Nacho decide contarle a su padre. Es otra escena particularmente difícil de ver: la sensación de decepción en el rostro del papá de Nacho es dolorosa, y el tono de la conversación sugiere que no es primera vez que padre e hijo han hablado sobre el tema, que probablemente haya existido una discusión hiriente entre ambos, y que quizás Nacho juró no volver a trabajar más con Hector Salamanca para hacer las paces. Y sin embargo, allí están: un hijo avergonzado, rogándole a su padre que no haga nada estúpido mientras Salamanca esté a cargo del negocio, y un padre destrozado que no puede prometer algo que sabe que no podrá cumplir. Es un muy buen trabajo por parte de Michael Mando y Juan Carlos Cantú, sin que ninguno tenga que recurrir a un histrionismo descontrolado para transmitir la sensación de completa derrota en la familia Varga y de la destrucción de la relación entre un padre y su hijo. Solo queda una mesa con un silla vacía en medio de un cuarto escasamente iluminado.

Pero al último nos quedamos con Kim Wexler. La serie ha sido particularmente hábil en mostrar, a lo largo de la temporada, el nivel de estrés de Kim y de cómo la sobrecarga laboral le está empezando a pasar la cuenta. Primero son leves comentarios de otra gente sobre la cantidad de trabajo para una sola persona, luego es ver que duerme en la misma oficina en vez de irse a su casa a descansar, de allí es ver la cantidad de papeles que parecen eternos en su oficina, es su siesta de 5 minutos que gracias a la edición se nos muestra como instantánea-demasiado breve para ser efectiva, es su exabrupto ante Paige, es su decisión de tomar otro cliente a pesar de estar atiborrada de trabajo con Mesa Verde, es su aspecto desaliñado y su falta de sueño y su personalidad irritable. Es todo eso. Kim Wexler ya no da más y está obligada a dar incluso más: si el otro cliente que toma es porque siente que Jimmy es incapaz de proveer para el estudio con regularidad, entonces está obligada a proveer ella. Carga con ello sobre sus hombros. No tiene tiempo para nada más… para que luego venga el mismo Jimmy a prácticamente exigirle que “celebren” su “victoria”. Solo le pide un poco de tiempo, pero no – tiene que ser ahora. No puede esperar. Quizás otra habría perdido la paciencia ahí mismo y Jimmy McGill habría perecido bajo una tonelada de insultos, pero Kim solo atina a irse. Está enfocada en lo suyo. Que Jimmy espere, ella tiene una reunión a la cual llegar. Una reunión a la que ya va atrasada.
Pero el estrés y la falta de sueño tienen una forma ineludible de hacerse presentes. Cuando Kim se sube al auto y la cámara la enfoca desde el costado, sabemos que algo va a pasar. A estas alturas, dicha toma es el estándar para mostrar accidentes en los que el auto es embestido desde el costado: muestra el vehículo que colisiona con claridad, por lo que es un instante de pavor en la mente del espectador, ya que sabe que el choque es inevitable. Así que la expectativa es ver ese vehículo cruzándose en cualquier momento… pero Kim sigue allí, manejando con su estrés y repasando sus líneas. No se ve otro auto. Es un instante de calma.

Hasta que la edición se pega un salto repentino y estalla el airbag y Kim Wexler se encuentra a sí misma lesionada, con un auto arruinado y humeante. Está viva, pero herida. En un instante las cosas cambiaron. El maravilloso truco de edición había sido utilizado en la ya mencionada escena de la “siesta de 5 minutos” en un capítulo anterior; es un corte tan repentino que nos pone en la interioridad de la víctima: tan solo basta un instante en que uno no se dé cuenta y un accidente de tránsito puede ocurrir. Kim probablemente sucumbió ante el sueño con los ojos abiertos por un segundo, lo suficiente para perder el control del auto y chocar contra una roca al costado del camino. Tuvo suerte.
Pero quién sabe cómo afectará esto a la relación profesional con sus clientes. Quizás, como es ella, pretenda llegar de igual manera a la reunión… y tal vez eso no sea lo más aconsejable.

Observaciones varias:

  • Es agradable volver a ver a Lydia, un poco menos neurótica que en sus apariciones en Breaking Bad. En este capítulo observamos el primer encuentro entre Mike y Lydia: ninguno de ellos imagina que en varios años más, el mismo Mike iría al departamento de ella con la intención de matarla.
  • It’s like talking to Gollum.” La referencia de Howard es más que adecuada para el año en que se desarrolla la serie: para el 2003, El Señor de los Anillos estaba en boca de todos.
  • Respecto a la misma escena, Howard le acertó medio a medio con Jimmy: obviamente el menor de los McGill está más preocupado de recibir su dinero que con el resultado del caso en cuestión.
  • Nota musical: la canción que suena durante las escenas de Jimmy volviendo a las ancianas en contra de Irene es un cover que Herb Alpert realizó de “Popcorn”.
  • Drug dealer? If that’s all you think he is… then you don’t know Gustavo Fring.”
  • You think I’m trouble now, as your partner? Imagine me as your enemy.” Más allá de que lo haya dicho Chuck, es una línea muy badass.

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