Better Call Saul S03E10: “Lantern” (Season Finale)

Destrucciones

I’m not good at building shit, you know? I’m excellent at tearing it down.”

La vida de Chuck McGill bien puede ser considerada una tragedia: el hijo perfecto que busca para sí el cariño y admiración que su delincuente hermano menor consigue con facilidad. Nunca será tan querido. Nunca podrán excusar sus defectos como a su hermano. Es una batalla perdida.
Así que decide atrincherarse, seguir peleando desde un terreno más favorable para él: seguir siempre la ley, mantener tanto su espíritu como su letra, defenderla de las transgresiones que sujetos como su hermano menor constantemente le infieren. Su amor por el derecho se explicaba, en parte, por la existencia de una ordenación lógica dentro del sistema: las conductas, ya sean jurídicas o antijurídicas, tienen consecuencias. El comportamiento bueno/legal tiene consecuencias positivas (el reconocimiento legal de dichos actos), mientras que el ilegal posee consecuencias negativas (invalidez, inexistencia, castigo penal, etc.) por lo que ningún acto queda impune ni pasa desapercibido. Existe armonía, existe una lógica. Su hermano altera ese balance per se; si su hermano funciona dentro de ese sistema armónico y lógico, inevitablemente su naturaleza disruptiva terminará por corromper el sistema desde dentro. Su ingreso no debe ser permitido.
Por ende, el resentimiento de Chuck hacia su hermano es doble: es la manifestación de todo el cariño que sus padres le negaron a pesar de todos sus intentos, y representa el espíritu de la ilegalidad operando bajo una fachada de legalidad.
La tragedia está, por supuesto, en que el hermano menor admiraba al mayor a pesar del resentimiento existente por parte de este último; que dicho resentimiento se manifestaba en situación que presionaban al menor a actuar de manera más reñida con la moral (y en casos, derechamente ilegal) solo para salvar su pellejo y que, por ende, más aumentaba el resentimiento ya existente, empeorando la condición de su hermano. Por lo tanto, cada uno dañaba al otro – de forma voluntaria o inconsciente. Una imposibilidad de conexión sincera que pudiera unir a dos individuos tan distintos y cuya única cosa en común parecieran ser sus lazos sanguíneos.

No todo fue siempre así.

Hace mucho tiempo atrás, cuando la vida parecía más inocente, Chuck McGill solía narrarle cuentos a su hermano mayor, juntos en una pequeña carpa e iluminados tan solo por una pequeña lámpara de gas. Los cuentos parecían tener momentos difíciles y oscuros, pero un final feliz. Jimmy McGill se sentía protegido por el hermano mayor que tanto admiraba.
En el año 2003, luego de perder su reputación públicamente, su trabajo, su matrimonio, su única amistad, el progreso logrado respecto a su condición, destrozar las paredes de su casa en una búsqueda infructuosa y destruir el vínculo que lo unía a su hermano con una de las frases más horribles y dolorosas que un familiar puede escuchar, Chuck McGill patea constantemente una mesa en la que reposa una lámpara de gas. Encima de la mesa, también se encuentra el ejemplar de The Adventures of Mabel, el mismo libro que le leía a su hermano menor, tanto tiempo atrás. Patea la mesa, una y otra vez, mientras la lámpara se acerca inevitablemente hacia el borde. Golpe tras golpe, la lámpara se mueve hacia el vacío. Golpe a golpe, Chuck McGill contempla el abismo.
Las historias de su niñez tenían un final feliz. La historia de Chuck McGill termina en soledad, desesperación y llamas.

En cierto sentido, no podía terminar de otra manera – Chuck McGill, en el transcurso de la serie, perdió todo lo que le daba sentido a su vida. Si tal vez la determinación final de quitarse la vida parezca demasiado súbita, debemos entender que Chuck era un hombre profundamente enfermo; es difícil encontrarle una lógica racional a los actos cometidos por una persona cuya enfermedad mental lo sobrepasó completamente en un momento de crisis. Porque, no nos engañemos, lo de Chuck en este capítulo es una crisis completa, la peor que haya tenido. Lo que hace que la situación se vuelva un tanto más dolorosa es el hecho de que iba por buen camino, comenzando a manejar su situación y a convivir con ella de a poco – y, sin embargo, su propia naturaleza lo traiciona. Para Chuck McGill lo importante no es estar bien, sino que tener la razón, y es esta necesidad imperiosa de demostrar que todos los demás están equivocados excepto él lo que lo lleva por el camino de la autodestrucción: cuando se reúne con la gente de HHM para discutir la potencial demanda contra el estudio, es él quien establece los términos alternativos para terminar el conflicto… en beneficio propio. Básicamente una forma de apaciguar su ego.
Howard Hamlin no muerde el anzuelo.
En una jugada maestra, no solo se resiste a caer en el juego de Howard, sino que demuestra ser el único que de verdad tiene los mejores intereses de HHM en mente: le demuestra a Chuck que se ha dejado llevar por su propia vendetta irracional contra su hermano, arrastrando al estudio completo a una guerra que no tiene por qué combatir – y que ya basta. La “sugerencia” de retiro era una orden, y está dispuesto a pagar de su propio bolsillo para lograr que Chuck se retire inmediatamente de HHM y deje de poner a todos en mayor peligro. Para Chuck, por supuesto, esto es una suerte de traición mayor, una puñalada en la espalda cortesía de su único amigo, el hermano menor que siempre quiso tener; pero para Howard, es la única medida posible para salvar el estudio que ha construido a lo largo de los años. Una relación quebrada con dos simples -y amargas- palabras: “you won.
Pero lo magistral sucede cuando Howard le comunica al resto de HHM la salida inmediata de Chuck y lo obliga, sutilmente, a enfrentar el apoyo, admiración y respeto de toda esa gente que trabaja allí – esa misma gente a la que no le importaba dejar cesante en búsqueda de su venganza. Es una particular forma de humillación que baja el ego de un hombre con un ego enorme, al mismo tiempo de recordarle que hay tantos otros que dependían de una decisión que no podía tomar a la ligera. Entre vítores y aplausos, con una expresión de incomodidad, las palabras de Howard parecen retumbar. You won. Pero es una victoria que se siente pírrica. No tiene sabor a victoria alguna. Solo resta salir por la puerta principal, salir hacia la luz blanca que lo envuelve completa y ominosamente, mientras la puerta se cierra y su figura se desvanece.

El día de Chuck empeora cuando Jimmy va a visitarlo. Es un encuentro amargo y oscuramente irónico: después de todo lo que ha pasado, es Jimmy el que va a donde su hermano mayor para intentar recomponer la relación. Lamentablemente es una rutina a la cual Chuck está acostumbrado: “I don’t doubt your emotions are real, but what’s the point of all the sad faces and the gnashing of teeth? If you’re not going to change your behavior, and you won’t…”
Es la clásica rutina de Slippin’ Jimmy: arruinar las cosas, pedir perdón cuando le baja el remordimiento y luego volver a hacerlo porque no puede evitarlo. El discurso de Chuck tiene algo de verdad, pero rodeado de amargura y resentimiento. La oscura ironía está dada porque es Chuck quien aporta el núcleo de lo que será Saul Goodman en un futuro: “you’re going to hurt everyone around you, you can’t help it. So stop apologizing and accept it. Embrace it.” Quién lo hubiera pensado.

Pero el momento más doloroso del capítulo está dado, sin duda, por lo que será la última palabra entre ambos hermanos. Una historia de resentimiento, amargura, admiración y arrepentimiento cerrada con una mentira: “I don’t want to hurt your feelings, but the truth is you never mattered all that much to me.” Jimmy, por supuesto, no tiene cómo saber que es una mentira – para él, es prácticamente lo peor que su hermano mayor puede decirle. Una estocada al corazón, quizás incluso peor que el “you’re not a real lawyer” del clímax de la primera temporada. Aquí tanto McKean como Odenkirk se lucen, y ambos lo hacen más con miradas y silencios que con diálogo. Cuestión de gestos, de suspiros y de miradas, nada más.
La estocada de Chuck es mentira porque obviamente Jimmy significa algo para él, sea positivo o negativo. Significaba lo suficiente como para salvarlo varias veces de la cárcel, lo suficiente como para leerle cuentos a la luz de una lámpara, lo suficiente como para boicotear su carrera profesional cuando vio amenazada la “santidad” de la ley, lo suficiente como para querer suspender su ejercicio profesional o mandarlo de vuelta a la cárcel. Vil mentira: Jimmy ha sido la parte más importante, para bien o para mal, de su último año de vida.
Pero las palabras retumban y una historia fraterna es destruida en un instante. No es descabellado pensar que los episodios más críticos de la condición de Chuck se relacionan con la aparición de Jimmy – una suerte de trauma, un cortocircuito en la lógica interna de Chuck que se manifiesta en una condición psicosomática y que empeora cada vez que tiene contacto con su hermano. Es, tal vez, la imposibilidad de reconciliar su resentimiento con el cariño sincero que alguna vez le tuvo. Sea como sea, Chuck recae en la peor crisis de su vida y, en una señal de la profundidad de su desesperación y lo todopoderoso de su orgullo, decide reagendar una sesión con la Dra. Cruz en vez de acudir directamente a ella en medio de la crisis. De ahí en adelante, su caída se manifiesta en una secuencia extendida en la que prácticamente destruye todas las murallas en busca de algo que mueve el medidor eléctrico a pesar de haber desconectado todo en la casa; es, obviamente, una búsqueda infructuosa. Incluso el capítulo da a entender que el movimiento del medidor es imaginario – pero aún si no lo fuera, el impacto en el consumo es prácticamente irrelevante. Es Chuck perdiendo toda cordura… hasta que decide quitarse la vida, cuando ya no tiene más que perder.

Cole Whitaker as Young Jimmy, Gabriel Rush as Young Chuck – Better Call Saul _ Season 3, Episode 10 – Photo Credit: Michele K. Short/AMC/Sony Pictures Television

Tanto hemos hablado de Chuck que pareciera ser que el resto del capítulo es menos relevante, pero no. La historia de Jimmy en este capítulo pareciese ser, curiosamente, una respuesta a la historia de su hermano – el accidente de Kim hace que reevalúe su actitud ante la vida. Sigue siendo Jimmy, por supuesto, pero por unos instantes parece volver a colocar las relaciones humanas, esas conexiones genuinas con quienes lo rodean, por sobre su codicia. Se nota en la más evidente declaración de amor que le ha hecho a Kim (“after everything… I don’t give a shit about the office”), se nota en los intentos por reconstruir la amistad entre Irene y sus compañeras de Sandpiper, se nota en el acercamiento a Chuck luego de todo lo que ha pasado entre ellos. Pero la amarga conversación con su hermano y la imposibilidad de recomponer la amistad de las ancianas lo deja convencido de su imperfecta naturaleza: “I’m not good at building shit, you know? I’m excellent at tearing it down.”
Hasta que Kim dice algo. Una simple frase, un momento eureka: “sometimes you gotta play by your strengths.” Si Jimmy McGill no es capaz de construir tan bien como destruir, entonces quizás sea la destrucción lo necesario para salvar una relación. Así es como James McGill realiza la movida más desinteresada de su vida, probablemente: decide destruir su reputación como abogado dedicado al derecho de ancianos y destruir su relación profesional con los clientes que había cultivado durante todo este tiempo para salvar la amistad de una pobre anciana con otras como ella – una amistad que él mismo se había encargado de destruir en nombre de su necesidad económica. Si Chuck le había instado a olvidarse de sus remordimientos y empatía, y abrazar su naturaleza destructiva, Jimmy decide hacer todo lo contrario. Es, por así decirlo, su forma de demostrarle a su hermano que estaba equivocado sobre él – o que no le daría en el gusto. Así solicita la “ayuda” de Erin, su antigua colega/asistente/constante fuente de molestia en Davis & Main para llevar a cabo su plan, con el beneficio agregado de que Erin tiene la oportunidad precisa para decirle lo que verdaderamente piensa de él.
Con todo, Jimmy logra su objetivo y por primera vez en varios días, Irene y sus amigas están del mismo bando. Lástima que ahora todas lo odien por igual.

Por el lado de Kim, su accidente es la oportunidad precisa para que pueda reevaluar sus prioridades en la vida. Es un tanto cliché, sí, pero no es menos cierto. No todos los días uno puede decir que se ha salvado (con una lesión relativamente menor) de un accidente automovilístico. Con su segunda oportunidad, en un principio intenta seguir -obviamente- con el ritmo de vida que la llevó a dicha situación en primer lugar – hasta que se da cuenta de lo peligroso de ello y que debe hacer un cambio si pretende evitar que algo similar (o peor) suceda nuevamente. Cancela la reunión con Gatwood, reagenda las de Mesa Verde: es momento de liberar tensiones y dedicarse un tiempo a sí misma. “Relaxathon 2003”, como ella misma le puso – incluyendo una vista a Blockbuster (¿se acuerdan de eso?) con numerosos arriendos de películas, incluyendo To Kill a Mockingbird y una de Monty Python. Los momentos con Jimmy son los más pausados en la vida de ambos en bastante tiempo, y es curioso cómo a pesar de literalmente todo lo que ha pasado en la temporada, cierran este ciclo con una complicidad y una fuerza como pareja que no había sido vista con anterioridad. De alguna manera es lo mejor que han estado como pareja, lo que es algo inesperado: la distancia entre dicho pasado y el tiempo de Saul Goodman se acorta, ¿qué pasa con Kim Wexler? Si están tan bien ahora (y lo están, con un “ready? Let’s go home” que parece augurar que lo mejor está por venir para ellos), ¿qué es lo que cambia tanto desde ese momento hasta la época de Breaking Bad? No nos queda otra que esperar a ver qué es lo que ocurre, con una ineludible sensación de miedo de que una relación tan bonita como la de Kim y Jimmy termina rota horriblemente en un futuro cercano.

Por último, el plan de Nacho por fin rinde sus frutos – debe soportar, eso sí, una última humillación por parte de Hector Salamanca hacia su padre. Es algo tan difícil de soportar que decide, a pesar de demostrar lealtad expresamente hacia Salamanca, eliminarlo directamente. Espera el momento indicado, pero ya no ocupará las pastillas cambiadas ni otro plan igualmente elaborado; no, bastará con un disparo. Una medida desesperada para tiempos desesperados. Desafortunadamente para él, se ve interrumpido por la llegada de otra gente: Gus Fring, Juan Bolsa y los guardaespaldas. Afortunadamente para él, su plan funciona más allá de sus expectativas: la reunión entre Fring, Bolsa y Salamanca culmina con este último por fin sufriendo el ataque al corazón luego de perder los estribos. Las pastillas cambiadas funcionaron, pero no en el momento en el que él lo esperaba.
Además del éxito inesperado de Nacho, hay un par de detalles importantes aquí: en primer lugar, que Gus Fring haya decidido ayudar a salvarle la vida al hombre que odia (sabemos que quiere ser él quien acabe con la vida del viejo Salamanca, y sabemos que al final es Salamanca quien termina acabando con la vida de Fring… y con la suya) y, además, que con la mirada que le pega a Nacho se desprende que sabe que estuvo involucrado. La cuestión a definir es… ¿lo considerará un aliado en su lucha contra Hector, o un enemigo más a quien vigilar?

Con todo, Lantern es un final de temporada relativamente predecible pero no por ello menos efectivo. Que sea predecible no le resta efectividad ni potencia si está bien desarrollado – y lo está. Pone a sus personajes en situaciones bastante oscuras (particularmente Chuck) y ofrece situaciones de inesperada esperanza (Jimmy y Kim), pero extingue la luz al final del túnel cuando enciende la llama que consume la amarga vida de Chuck McGill – porque, estamos claros, que dicho acto no pasará desapercibido. Jimmy McGill acaba de perder una parte importante de su vida y lo ignora por completo.

Ahora viene la larga espera.

Observaciones Varias:

  • Francesca se despide momentáneamente de Kim y Jimmy. Sabemos que termina trabajando para este último, aunque es interesante cómo parece estar más preocupada de Kim que de Jimmy.
  • Mike estuvo ausente en este capítulo, aunque su escena en el capítulo anterior bien funcionaba como el cierre de su arco narrativo en esta temporada: es su ingreso a la operación de Gus Fring, cuestión que mantendrá hasta el fin de sus días (a manos de cierto ególatra e impulsivo sujeto).
  • Interesante paralelo entre Chuck y Hector: dos sujetos que se rehúsan a ceder una mínima medida de control de aquéllo que consideran como propio y construido por sus propias manos. Para Chuck, es HHM. Para Hector, su Cartel. Ambos postulan que sus respectivas creaciones son lo que son gracias a ellos, y ambos terminan fuera de ellas en este capítulo.
  • La última nota musical de la temporada: la música que suena en el mall mientras Jimmy intenta convencer a las (ex) amigas de Irene es “Steal Away” de Robbie Dupree.
  • El beso entre Kim y Jimmy es un hermoso momento de cariño sincero que atesoraremos.
  • Genial el casting del Chuck McGill joven para la escena de apertura del capítulo. La voz es realmente parecida a la dicción (y el timbre) de Michael McKean.
  • Siguiendo con McKean: su trabajo durante la temporada (especialmente en “Chicanery” y este capítulo) ha sido tremendo. Merece una nominación al Emmy, por lo bajo. Se le extrañará en la serie, incluso si su personaje era realmente detestable.
  • Es el momento de decir adiós nuevamente. Si bien (al momento de la publicación de esta reseña) todavía quedan dos reseñas faltantes, éste es el final de la temporada y significa que el contenido nuevo relativo a Better Call Saul será retomado recién el próximo año, si todo sale bien y la serie es renovada. Muchas gracias a todos por leernos semana a semana, apreciamos sus comentarios y esperamos no haberles fallado tanto. ¡Nos leemos el próximo año!

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