Game of Thrones S07E02: “Stormborn”

Apurando el paso

Luego de un primer capítulo relativamente calmado, la séptima (y penúltima) temporada de Game of Thrones pone su metafórico pie en el acelerador en el capítulo siguiente. “Stormborn”, escrito por Bryan Cogman y dirigido por Mark Mylod, se encarga de poner en marcha diversos hilos que el capítulo anterior tan solo había mencionado. Si “Dragonstone” era el vistazo al nuevo status quo, entonces “Stormborn” es la puesta en marcha de su destrucción.

El capítulo comienza con una noche de tormenta (literal) en Dragonstone y termina con una noche de tormenta (metafórica) en altamar. Ambas escenas están unidas no solo por el hecho de ser los “bookends” del capítulo, sino porque en ambas la figura de Daenerys es crucial.
En la escena de apertura, Daenerys conversa con sus consejeros el potencial camino a seguir ahora que por fin está en Westeros, lo que lleva a una tensa discusión con Varys y el rol que éste cumplió como consejero de monarcas anteriores. El hecho de que haya servido a Aerys, luego a Robert y ahora a Daenerys lo vuelve, ante los ojos de esta última, un individuo particularmente poco confiable – una persona capaz de traicionar con facilidad a quienes supuestamente les debe lealtad y que incluso estuvo a cargo del intento de asesinato que Daenerys sufrió hace un par de años atrás. La respuesta de Varys ante la aprehensión de la Reina es particularmente reveladora: la lealtad del eunuco es hacia el pueblo más que a un monarca en específico. Si apoyó a Robert Baratheon (un usurpador) en su momento fue porque sentía que el pueblo iba a estar mejor con él que con un desquiciado cruel como Aerys: el problema de Robert era, simplemente, que no quería ser Rey. En el mismo sentido, su apoyo actual a Daenerys está dado porque siente que de todos los pretendientes al Trono de Hierro, Daenerys sería la mejor opción para un pueblo que debe cargar con todo el sufrimiento de una clase noble que solo piensa en sus juegos políticos y no en los súbditos, no en quienes llevan los Reinos a cuestas, no en quienes son los primeros en morir anónimamente y sin gloria cada vez que los nobles se enfrentan por cualquier causa. Varys es, a su propia manera, un hombre que entiende a la figura monárquica como algo más allá de la suma del poder político-poder fáctico que muchos ansían; ser Rey o Reina tiene otro significado más allá de simplemente “estar en la cima”: es deberse a sus súbditos. Gobernar para ellos. Es por eso que apoya a Daenerys, por eso la “eligió” como la pretendiente al Trono que merece su apoyo… mientras no traicione al pueblo.
Daenerys parece entender el punto de Varys bajo su maraña conspirativa – pero (obviamente) son los métodos del eunuco lo que la mantienen intranquila. No solo obliga a Varys a jurar que si alguna vez siente que le está fallando al pueblo, se lo diga a la cara en vez de conspirar en su contra, sino que ella le promete que lo quemará vivo si alguna vez la traiciona. Una amenaza que hay que tomar en serio viniendo de alguien con tres dragones y cuyo padre tenía una insana y peligrosa fascinación con el fuego.

Su posterior reunión con Yara Greyjoy, Olenna Tyrell y Ellaria Sand no solo sirve como continuación temática de la conversación anterior (“¿cuál es el rol de un soberano y cómo debe gobernar?”) sino que también pone en marcha los sucesos que estallarán al final del capítulo. Mientras Tyrion, un hombre inteligente y Mano de la Reina, y -en cierto sentido, considerando su conversación anterior- Varys parecen decantarse por una estrategia basada en una imagen bondadosa y cercana por parte de Daenerys (en particular, en contraposición a Cersei) hasta el punto de planificar que el asedio a King’s Landing no será llevado a cabo por los ejércitos de Essos para no darle en el gusto a Cersei y su potencial estrategia patriótica de convencer a los nobles, Lady Olenna posee un enfoque distinto, más pragmático. La imagen “cercana” de su nieta cuando fue Reina y el cariño que el pueblo le tenía no la salvaron de su súbita muerte en el Septo de Baelor – y la supuesta lealtad de otras Casas menores a los Tyrell al parecer quedó olvidada cuando decidieron apoyar a la Corona; ergo, la única forma efectiva de gobernar -y mantenerse allí- es siendo más dura y más astuta que el resto: “commoners, nobles… they’re all just children, really. They won’t obey you unless they fear you.” Lo anterior se ve reforzado cuando, en su conversación personal con Daenerys, le menciona que debe desconfiar de los “hombres inteligentes” como Tyrion porque ella ha logrado mantenerse con vida más tiempo que ellos precisamente por no hacerles caso – rematando con una de esas frases que sin duda tendrá algún eco de aquí al fin de la serie: “the Lords of Westeros are sheep. Are you a sheep? No, you’re a Dragon. Be a Dragon.” Es, sin duda, un consejo mucho más directo que la cautela de Tyrion y que apela más a su sangre Targaryen. Fuego y sangre conquistaron los Siete Reinos. Fuego y sangre.
Sea como sea, deciden seguir el plan de Tyrion: serán los ejércitos de los Tyrell y los Martell, enemigos unidos por una causa común, los que asediarán King’s Landing (o, más bien, cortarán todas las rutas de abastecimiento hacia la capital), transportados por la flota Greyjoy comandada por Yara, mientras los Inmaculados se encargarán de tomarse Casterly Rock y neutralizar prácticamente por completo a la Casa Lannister. Parece un plan sólido, al menos.

Más allá de las guerras entre hombres, Daenerys recibe otra preocupación inesperada: la llegada de Melisandre a Dragonstone es el signo de la otra Guerra que se avecina, la amenaza del ejército de los muertos que intenta cruzar el Muro. Melisandre cree que Daenerys tiene un rol importante que cumplir y saca a flote la profecía del “Príncipe Prometido que traerá el alba” – con la conveniencia de que justo estaba Missandei allí para precisar que la traducción “Príncipe Prometido” es incorrecta porque la palabra en su lengua original no posee género: ergo, puede ser un “Príncipe” o una “Princesa”. Pero Daenerys no es la única que tiene un rol importante por cumplir, también hay otro: Jon Snow, el actual Rey en el Norte. Luego de numerosas temporadas, por fin la serie nos otorga la posibilidad de presenciar el encuentro entre el Hielo y el Fuego. Resulta un tanto irónico, eso sí, que en verdad ambos son familiares (tía/sobrino) y ninguno de ellos lo sabe – y ambos puestos en situaciones políticamente incompatibles (la existencia de un Rey en el Norte implica no reconocer la soberanía de Daenerys como Reina, o en otras palabras, no serían parte de los Siete Reinos) que deberán unirse si pretenden evitar que el Rey de la Noche avance imparable con sus huestes hacia el sur.

Y en el Norte, la preocupación también es multifacética: tanto Cersei como Daenerys pretenden que Jon les jure lealtad, e incluso esta última requiere la presencia de Jon en Dragonstone – lo que para Sansa es una potencial trampa, y para los demás Lords del Norte es un abandono por parte de su Rey. Ajustándonos solo a la maquinación política, es razonable la duda de Sansa y los otros nobles: el honor naïf de Ned y la poca previsión de Robb acabaron con la muerte de ambos. Se requiere una cierta astucia, y suficiente desconfianza, para sobrevivir en un ambiente así. Incluso la pequeña Lyanna Mormont, generalmente certera en sus comentarios, piensa que el Rey en el Norte debe quedarse en el Norte. Nuevamente, si nos ajustáramos solo a la faceta política, no dejan de tener razón. Pero como bien dice Jon, ninguno de los presentes allí ha visto al ejército de los muertos. Ninguno puede imaginarse el nivel de la amenaza que ello significa – y eso, inevitablemente, requiere un pensamiento fuera de lo establecido, por muy arriesgado que pueda ser. Es tal el nivel de peligro que es menos riesgoso partir al sur y potencialmente caer en una trampa humana que quedarse allí haciendo nada mientras las huestes de más allá del Muro avanzan sin detenerse. No es algo que a Jon le agrade, pero siente que es su deber… y al menos tiene a Sansa allí: “you’re my sister. You’re the only Stark in Winterfell. Until I return… the North is yours.” Lo que podría ser un momento de triunfo (Sansa Stark por fin retomando el sitial ancestral de su familia) se ve corrompido por la felicidad de ese desagradable y desconfiable sujeto llamado Petyr Baelish.
Mientras Varys menciona ser leal al pueblo, la clase baja de la cual proviene y en la cual se desarrolló gran parte de su vida, Littlefinger es leal a sí mismo y a su ambición. Dos conspiradores en posiciones similares y, sin embargo, distantes. Además, Littlefinger es particularmente escalofriante debido a su obsesión con Catelyn que se transformó en obsesión con Sansa: “I love Sansa… as I loved your mother”. Asco. Bien merecida se tiene la amenaza de Jon, pero conociendo a Petyr Baelish eso no solo lo tiene sin cuidado sino que probablemente le sirva de motivación para dividir aún más a los hermanos… y se salga con la suya. Quién sabe.
Así es como Jon Snow parte en dirección al sur, confiando en las palabras que Tyrion utilizó al cerrar la nota enviada por cuervo (“all dwarves are bastards in their fathers’ eyes”) que fueron las mismas que le dijo en el momento en que se conocieron, y sabiendo que el enano no es como sus hermanos.

Quien cabalga hacia el Norte es -sorpresivamente- Arya Stark. Luego de mencionar, en el capítulo anterior, que se dirigía hacia King’s Landing para matar a Cersei, hay dos reencuentros emotivos en este capítulo que la confrontan con ese pasado que parece tan distante. Primero, la reaparición de Hot Pie (el mejor) en una de las posadas en la que Arya se detiene en su trayecto permite que Arya se entere de algo que ignoraba: los Bolton ya no existen, y el nuevo Rey en el Norte es Jon Snow. Las noticias viajan rápido, pero nunca tanto como para llegar a oídos de Arya mientras se ocultó en Los Gemelos. La escena con Hot Pie también sirve para establecer textualmente la pregunta que será respondida luego: “what happened to you, ‘Arry?” le pregunta Hot Pie. La respuesta es demasiado extensa para una conversación así, obviamente: la cantidad de traumas que una niña como Arya ha debido soportar en un par de años endurecería el carácter de cualquiera. Es, al mismo tiempo, posible de explicar en innumerables palabras, y completamente inexplicable.
Por eso la siguiente escena de Arya resulta tan notable: en vez de ser absolutamente explícita, la respuesta es un poco más sutil. La reaparición repentina de Nymeria, la direwolf que alguna vez tuvo cuando las cosas eran más felices y sencillas, es la manifestación de Arya en sí volviendo a sus raíces. Le menciona, directamente, que pretende volver a Winterfell, su hogar, y que la acompañe.
Pero Nymeria se niega – y en su negativa, Arya encuentra el momento de mayor unión entre ella y su animal. Ambas son espíritus salvajes, hechas para resistirse a la imposición de expectativas y normas societales, dispuestas a trazar un camino ellas mismas. El dolor inicial del rechazo de su animal da paso a la realización de que son almas gemelas: “that’s not you,” susurra Arya una vez que Nymeria se va. No está en Nymeria volver a una vida domesticada – y las mismas palabras son un eco de las palabras que ella misma pronunció, años atrás, cuando su padre le dice que tendrá una vida como una dama noble. “No, that’s not me,” fue la respuesta en su momento, una declaración de rechazo a la conformidad que se esperaba de ella. “That’s not you,” es el ahora, cuando se da cuenta que a pesar de que tantas cosas han pasado que tanto ella como Nymeria han cambiado, siguen siendo las mismas rebeldes de siempre.
Demás está decir que Maisie Williams actúa extremadamente bien en dicha escena, convenciendo al espectador del dolor inicial del rechazo para luego pasar al convencimiento y aceptación. Arya volvió a ser una niña por un momento para luego aceptar, con madurez, los caminos separados pero paralelos entre ella y su antigua mascota – y Maisie logra transmitirlo a la perfección.

En la capital las cosas están cada vez más oscuras. Al parecer Tyrion se anticipa a los movimientos de su hermana porque efectivamente Cersei utiliza una estrategia nacionalista-patriótica para intentar convencer a las Casas dependientes de los Tyrell de unirse a ella y servir a la Corona. Randyll Tarly responde al llamado de Cersei pero no está muy convencido – incluso Jaime pretende que se convierta en su general y le ayude a derrocar a los “enemigos de la Corona”… pero Tarly sigue desconfiando. “I’m a Tarly. That name means something. We’re not oathbreakers, not schemers. We don’t stab our rivals in the back or cut their throats at weddings.” Ouch. Golpe bajo. En todo caso, Jaime nuevamente apela al sentido patriótico (luchar por Westeros en vez de estar en el mismo bando que los extranjeros) de Randyll Tarly y le suma la posibilidad de convertirlo en el nuevo Guardián del Sur una vez que la guerra termine. Eso, tal vez, sea suficientemente convincente.
Para Cersei la preocupación va más allá de conseguir el apoyo de los otros nobles: ¿cómo vencer a los dragones de Daenerys? Afortunadamente para ella, el siniestro Qyburn parece tener una solución: ballestas gigantes. Una “solución” poco elegante en comparación a la existencia en los libros de un cuerno que (potencialmente) podría controlar a los dragones una vez utilizado. Pero, bueno, no tuvieron tiempo de introducirlo en la serie y hacerlo a estas alturas sería un Deus Ex Machina grotesco así que ballestas gigantes tendrán que ser. Qyburn incluso usa una variante del “if it bleeds, we can kill it” de Arnold en Predator, así que al menos ganamos una una buena referencia.

Por último, el cierre del capítulo está unido simbólicamente a su inicio (como ya mencionamos) debido a la figura de Daenerys. Es el plan aprobado por ella el que coloca a Yara, Theon, Ellaria (y las Sand Snakes) en la flota, navegando hacia Dorne para recoger al ejército y llevarlo hacia la capital. Están allí siguiendo su plan, cumpliendo sus órdenes, con un Tyrion que aparentemente se había adelantado al pensamiento de su hermana. Pero Cersei contaba con un as bajo la manga: Euron Greyjoy. La batalla del final del capítulo es caótica, desordenada, lejos de ser un espectáculo visual como “Hardhome” o “The Battle of the Bastards” porque no pretende serlo: no es el punto focal de la narrativa y no está interesada en contar una historia relativamente extensa a través de su acción. No va in crescendo hasta llegar a un clímax, sino que es simplemente un estallido en la oscuridad, una masacre en altamar, un torbellino súbito de confusión que deja a las fuerzas de Daenerys en una situación precaria. Euron mata a dos Sand Snakes y toma como rehenes a Ellaria y a Yara, mientras gran parte de su flota es destruida. Cambio de planes brutal para la Madre de los Dragones.
Pero aquí, en esta escena, ocurre un tropiezo a nuestro juicio: Theon Greyjoy, el hombre que fue torturado, humillado, deshumanizado hasta convertirlo en una sucedáneo de humano, una cosa sin voluntad y sin agencia hasta que pudo, de a poco, recuperar su honor, su valentía, su propia identidad y comenzar el camino hacia la redención por sus pecados, vuelve a ser el cobarde inepto. Narrativamente se siente un desvío innecesario dentro del arco de su personaje: desafiar a Ramsay, salvar a Sansa y volver a su hogar era la recuperación de lo que había perdido y el crecimiento de su personaje luego del sufrimiento físico, mental y emocional de temporadas anteriores. Acobardarse ante Euron, paralizarse por completo, huir y saltar por la borda sin hacer ni siquiera un ademán de lucha es -nuevamente- un tropiezo. Esperamos, eso sí, que solo sea un tropiezo y que su arco narrativo siga yendo en la dirección en la que iba, camino a recuperar por completo su honor y su valentía (que quizás nunca tuvo, por lo que sería ganarlas por primera vez en definitiva) antes de que la historia llegue a su fin. De otra manera, sería simplemente una pérdida de tiempo.

Con todo, “Stormborn” es una mejora con respecto al capítulo anterior, pero es extrañamente acelerado. Si en la primera hora de esta temporada, pocas cosas sucedieron (por decirlo de alguna manera), en esta hora sucedieron demasiadas cosas demasiado rápido. La falta de tiempo es una cuestión ineludible, un puzzle que deben resolver en menos de 15 capítulos para el fin – así que esperemos que no terminen quedándose sin horas para poder contar de buena manera la historia que pretender contar.

Observaciones varias:

  • Algo que no mencionamos en el cuerpo principal de la reseña: la escena entre Missandei y Grey Worm. Es algo paradójica: es, a todas luces, otra consecuencia directa del plan de Daenerys (la marcha de Grey Worm a Casterly Rock es lo que provoca ese “último encuentro” entre ambos) pero narrativamente se siente tan ajena a todo lo otro que está sucediendo que no termina por encajar por completo. Al menos es la aparente conclusión de un arco narrativo que lleva su buen tiempo, la actuación de Jacob Anderson y Nathalie Emmanuel es buena (la expresión de vergüenza en el rostro de Grey Worm cuando Missandei pretende desabrochar sus pantalones lo dice todo) e incluso hay hasta fanservice. Lástima que, por una razón u otra, se sienta tan superflua.
  • Otra cosa que no mencionamos en lo principal: Sam en Oldtown, al rescate de Jorah Mormont. Es eso, el descubrimiento de que esta víctima infausta de greyscale/psoriagris es el hijo de Jeor Mormont, lo que lo motiva a saltarse el protocolo, seguir un tratamiento experimental e intentar curar al ex acompañante de Daenerys. Es una escena particularmente difícil de ver si es que uno tiene alguna intolerancia a presenciar procedimientos médicos de ese estilo. No apto para gente a la cual todo le da asco.
  • La edición del capítulo vuelve a ser inspirada, pasando de Sam cortando la piel de Jorah para sacar lo infectado a la cuchara de Arya atravesando el pastel que se está comiendo. O cuando Jaime dice “I can think of no better man than Randyll Tarly” e inmediatamente aparece Sam en pantalla (quien es, a todas luces, un mejor hombre que su padre). Muy bien ahí.
  • La muerte de las Sand Snakes (o al menos dos de ellas) es narrativamente conveniente pero indicativa de la muy mala manera en la que Game of Thrones decidió adaptar la trama de Dorne presente en los libros: apostaron por “reemplazar” a un personaje carismático como Oberyn con sus hijas (en cuanto a personalidad/presencia), y sin embargo la reacción hacia ellas fue tan negativa que se vieron casi forzados a reducir la importancia de ellas y de Dorne en general, por lo que las Sand Snakes se quedaron sin hacer mucho en sus pocas apariciones. Una lástima para todos los involucrados, porque en los libros la trama de Dorne es intencionalmente lenta y confusa hasta el momento del clímax en el que todo eso cobra sentido.

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