Hans Zimmer – Dunkirk (2017)

A diferencias de muchas películas de Nolan, con “Dunkirk” casi no teníamos expectativas. Sabíamos cosas básicas del guión (un grupo de soldados que debían evacuar la ribereña ciudad de Francia, siendo auxiliados por un grupo de civiles que fueron en botes privados a buscarlos), y las dudas en torno a si podrían convencernos, eran muchas. ¿Cuál iba a ser la historia que mantendría la atención del telespectador? Cualquier duda desaparece desde el minuto 1. Si tuviésemos que definir “Dunkirk” en pocas palabras, serían las siguientes. Nolan te mantiene tenso en tu asiento toda la película. Se vive la desesperación del inesperado plan de evacuación de los británicos en primera persona, en una experiencia totalmente corporal donde particularmente clave, es la música de Hans Zimmer, su ya eterno colaborador. Se trata de la primera banda sonora importante de Zimmer luego del notable show en Coachella, para algunos, el mejor espectáculo del festival.

Desde un inicio, Zimmer juega en la delgada línea entre intensidad y hostigamiento. De hecho, la crítica ha entregado comentarios tan opuestos como sorprendentes. Para muestra, Conrado Xalabarder, el crítico más importante de nuestro idioma, señaló que la música termina siendo pesadillesca, transformándose en un irritante estorbo que te obliga a ignorarlo para ver la película en paz. Directamente, creo que comentarios como esos directamente erraron el foco. De una u otra forma, dichas afirmaciones hablan de alguien que está analizando la música con total independencia de la película, olvidando como ellas se complementan en el mundo del cine, y en especial olvidando cómo en específico en “Dunkirk” una y otra calzan perfectamente. Porque la intensidad, ya señalada, que logra Zimmer con su banda sonora, obtenida a través de la técnica llamada “Shepard Tone” (que consiste en una serie de tonos separados por una octava, que reproducidos al mismo tiempo, dan la sensación que el tema está en un constante ascenso sin fin, lo que pueden ver desde un comienzo en “The Mole”), hacen que puedan estar ante el soundtrack más corporal que hayan escuchado en sus vidas.

En cuanto al tono oscuro de la música, no olvidemos que en “Dunkirk” hay poco o nada que celebrar. Es una de las derrotas más estrepitosa del ejército británico, y tanto el guión de Nolan como la música de Zimmer. ¿Podía esperarse una música distinta? Salvo que el compositor quisiese plantear el juego de oponerse directamente a lo que vemos en pantalla (como por muchos momentos sucede en “The Village”, película que ya comentaremos), “Dunkirk” no podía ser en ningún casos esperanzadora. Además, ya estamos para otras cosas. ¡Por favor! El cine de “Pearl Harbor” y su ridícula historia de amor ya quedaron atrás. 16 años atrás, para ser exacto. Ha cambiado tanto lo que exige el público como lo que están dispuestos a arriesgarse los productores y directores. Esto me recuerda una discusión con un amigo, que me decía que Nolan era un director comercial, a lo que yo le respondí que una cosa es que sea exitoso en taquilla, y otra muy distinta es decir que es comercial. Un director que sólo buscase ganar dinero, ¿habría hecho “Inception”, “Interstellar” y ahora “Dunkirk”? Yo creo que no. Y mismo comentario podemos hacer al trabajo de Zimmer. ¿Un compositor “comercial” habría hecho una banda sonora tan atrevida, o algo tan emotivo como la música de “Interstellar” en su momento? A esta pregunta, estoy seguro que la respuesta es no.  Ambos son rupturistas y se enfrentan a un Hollywood que nos acostumbra a un cine (y unas bandas sonoras) más heroicas cuando hay que mostrar guerras. Si no me cree, recuerde a Mel Gibson y “Hacksaw Ridge” el año pasado.

Desde un comienzo, el ritmo musical lo marca un sonido que reconocerán. Las 3 líneas de tiempo (i. The Mole, ii. The Sea, iii. The Air) están unidas por un ruido de reloj que opera como metrónomo.  Un tick-tick, que es un recurso fundamental en la carrera de Zimmer, en especial lo recordarán por “Interstellar”. Pero lo anterior forma de un proyecto más grande, donde el tiempo es clave en la filmogragía de Nolan. ¿Qué tienen en común “Inception”, “Interstellar”, “Memento”, por nombrar algunas, y ahora “Dunkirk”? El rol que juega el tiempo en la construcción del guión parece ser el leitmotiv que no abandonará en sus historias, dándole un nuevo contenido con cada largometraje. Hoy, el paso del tiempo es el enfrentamiento a una muerte más que posible. El tick-tick busca aumentar la tensión, la desesperación, en quien sabe que cada segundo en esa playa es un aumento en las probabilidades de muerte, lugar desde donde ven cómo los nazis derriban una y otra vez, los barcos que ayudarían en la evacuación.

El único punto de relajación en toda la película y la música, es el desenlace de la historia. Sin spoilear, Nolan y Zimmer nos dan un respiro incorporando una variación de “Enigma Variatons”, un hit moderno de la música clásica británica, que aparece en un sinnúmero de películas, incluso siendo adaptado en notables escenas de Matrix (“Clubbed to Death”). Incorporando a su trabajo a Benjamin Wallsfisch y Edward Elgar, “Variation 15 (Dunkirk)” que se condice además con esta nueva forma de cerrar las películas de Nolan, luego del absurdo debate que se diera a propósito del final de “Inception”. Con un tempo más lento y pequeños cambios de la versión original, “Variations 15 (Dunkirk)” opera como bálsamo. Es esa música que cierra muchas veces procesos de meditación. La única válvula de salida de Nolan, quien dio instrucción expresa de no incorporar emociones en la música, mostrando la violencia y ritmo de la guerra tal como es.

Acá me gustaría comentar algo que es fundamental. Como nunca antes habíamos visto, el trabajo de edición de sonido, y ver cómo calza lo que vemos en pantalla con lo que propone Zimmer desde el estudio, nos permiten hablar que estamos ante una banda sonora más de Nolan que del propio compositor alemán. Es la mano del director la que determina en definitiva, cómo vivimos la música de su fiel compañero. . Piensen por ejemplo en la percusión en el primer bombardeo de la playa (ver foto inferior), donde cada bomba es un golpe musical, esperando que reviente el siguiente. Pueden verlo también en el comienzo de “Supermarine”, donde el ruido de la metralleta es un instrumento más en la música de Zimmer (o de Nolan, en este caso).

 

Creo firmemente, que puedes criticar por muchos motivos “Dunkirk”. El guión tiene serios problemas en detalles que no convencen (¿por qué Hardy aterriza lejos de sus tropas? ¿en verdad creían los británicos que sacando un soldado contrarrestarían el peso de los litros y litros de agua que entraban? ¿qué se pretende con la historia de George en el barco?), pero si hay algo que no se puede criticar, es su música y el rol que cumple en la narración. Es cierto que es en extremo intensa. Es cierto que hasta puede ser agotante. Pero eso es precisamente lo que busca. La falta de una pieza identificatoria le juega también en contra. “Dunkirk” no tiene una pieza en específico que recordaremos o que integre el playlist de Zimmer en un próximo show al estilo Coachella.  No hay un “Time” de Inception. Pero como proyecto, es difícil encontrar algo mejor. Esperemos que la Academia no cometa el error del año pasado con “Arrival”, y la elimine por material preexistente, en base a la incorporación de “Enigma Variations” al cierre de la historia.

La alianza Zimmer-Nolan nuevamente entrega un trabajo de joyería. Es hora que nos demos cuenta que estamos ante el Williams-Spielberg de nuestra época. Las muchas veces fundadas críticas que recibe Zimmer (recurrir siempre a sus caballitos de batalla) no son nunca aplicables a la forma en que Zimmer trabaja con Nolan. Por eso la invitación es a ver y re-ver “Dunkirk”. Sentarse y valorar el rol que cumple esta por momentos desordenada música en una película (buena o mala, decida usted) que realmente, no te da descanso desde los primeros minutos.

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