Game of Thrones S07E04: “The Spoils of War”

Campos en Llamas

De todas las cosas que uno puede criticar de Game of Thrones, el mero espectáculo visual no puede ser una de ellas. Año tras año la serie promete (al menos) un momento derechamente épico que rompe los esquemas sobre lo que es o no posible de realizar dentro de un programa de televisión, y año tras año cumple.
La parte final de “The Spoils of War” cumple, una vez más. Incluso si es el capítulo más breve de la temporada -y uno de los más breves de toda la serie, con solo 50 minutos de duración- la secuencia final garantiza su lugar dentro de los momentos más memorables que Game of Thrones nos ha entregado a lo largo de sus 7 temporadas, con una batalla a campo abierto que está al nivel de producciones hollywoodenses en cuanto a escala. Nada que envidiarle a películas épicas… y “solo” es un capítulo de televisión. Es cosa de comparar lo sucedido en la primera temporada de la serie, en donde no tenían el presupuesto para poder mostrar la Batalla del Forca verde en el octavo capítulo (así que se la ingeniaron con “noquear” a Tyrion antes de ella, despertando una vez ya finalizada y viendo sus consecuencias) con lo acontecido en los últimos años: Hardhome, Battle of the Bastards, The Spoils of War. Algo así no habría sucedido si Game of Thrones no se convertía en el fenómeno cultural que es hoy, si no tomaba la batuta y se volvía el show más visto de HBO, con un éxito económico rotundo que justificara el altísimo presupuesto que significa realizar la producción. Cuando Game of Thrones se estrenó, el show más visto -y rentable- de HBO era True Blood – sus números estaban bastante alejados de aquéllos que generaba la serie de vampiros: mientras ella promediaba casi 5 millones de espectadores (en Estados Unidos) por capítulo, Game of Thrones no pudo sobrepasar la barrera de los 3 millones sino hasta el final de temporada. En otras palabras, la lamentable (y aún sentida) muerte de Ned Stark abrió las puertas del éxito futuro de la serie, una reputación que fue pasando de boca en boca y que se cimentó con la “Boda Roja”: el aumento de espectadores entre el final de la tercera temporada y el inicio de la cuarta fue de más de un millón, superando todos los aumentos previos. Actualmente, y solo en Estados Unidos, los espectadores de cada capítulo de la serie superan los 9 millones – y ésos son sólo los que en el capítulo por TV al momento en que se estrena, no los que ven las repeticiones o los que la ven online. Y si entramos a considerar el éxito en otros países (para los cuales no tenemos cifras específicas), podríamos estar dedicándole una columna completa. Pero no es el objetivo.
Toda la diatriba un tanto tangencial anterior se enfoca a mostrar lo absolutamente masivo que es Game of Thrones actualmente y la razón por la cual HBO aumenta anualmente el presupuesto de la serie – mal que mal, la serie genera ganancias anuales de mil millones de dólares, aproximadamente. Es ese el nivel actual del producto, y es un nivel que se ve reflejado en el espectáculo que genera.

Pero “The Spoils of War” es un poco más que su secuencia final. Retrocedamos un poco.

Si bien el inicio del capítulo se encarga de establecer el contexto en el cual se desenvolverá la batalla posterior (Jaime y los ejércitos Lannister-Tarly volviendo a King’s Landing con vagones de oro y de suministros), pasa bastante tiempo en otros lados antes de volver a ella – particularmente en el Norte.
Luego de años de travesías duras, separaciones traumáticas y tragedias varias, los hijos sobrevivientes de Ned y Cat Stark se reúnen bajo el techo de la casa que los vio nacer – y aunque ninguno de ellos pregunta por Rickon (¿se acuerdan de él?), el reencuentro es un momento emocionante, una suerte de pequeño triunfo para quienes han vivido vicariamente el sufrimiento de la familia Stark. Sin embargo, es una escena levemente fría, como si hubiese sido una separación de meses más que un alejamiento brutal de años; pero, al mismo tiempo, se puede racionalizar como la muestra precisa de lo dañados que están cada uno de los jóvenes Stark: una, torturada física y psicológicamente por dos monstruos con forma de humano (y violada en su noche de bodas por uno de ellos) y manipulada por un poco confiable sujeto que estaba obsesionado con su madre; la otra, testigo indirecto de la muerte horripilante de sus padres y su hermano (en ocasiones separadas), viajando por reinos destrozados por la guerra acompañada de un bruto hosco y violento, forzada a abandonar su identidad mientras entrenaba con un culto misterioso en otro continente y perdiendo temporalmente la vista debido a dicho entrenamiento; y, por último, el que quedó parapléjico, viajando más allá del Muro para encontrarse con el anciano místico que alcanzó escasamente a guiarlo en la utilización de sus poderes psíquicos y ahora capaz de poder ver sucesos a través del espacio y del tiempo pero perdiendo casi por completo su humanidad. En otras palabras: lo fría de su reunión no es más que la medida del cambio que han experimentado a través de sus cortas, pero trágicas vidas. Al menos ahora están juntos, y -como bien dice Arya- sus historias no han terminado.
Aquí nos detenemos un poco en la reaparición de la daga con la cual intentaron asesinar a Bran en los inicios de la serie: es Littlefinger quien le entrega dicha arma a Bran, por alguna desconocida razón. ¿Quién, sino él mismo, sabe cuáles son sus planes? Aparentemente Bran Stark, quien le lanza de vuelta una de las frases más memorables que ha pronunciado: “chaos is a ladder”. El hecho de que Bran supiera precisamente dicha frase le da a entender que está lidiando con alguien más poderoso que él y a quien no debe subestimar. La posterior llegada de Arya solo lo deja en una posición más precaria: una “aprendiz” que solo lo tolera por conveniencia política y que está a cargo de todo el Norte, un inválido que por su aparente omnisciencia fácilmente puede delatar su rol en desencadenar todo el embrollo político de la serie y ahora una niña con vastas habilidades para matar y la posibilidad de transformarse en otra persona llega para reunirse con sus hermanos y recibe como “regalo” una daga de acero valyrio – decir que tiene las posibilidades en contra es ser generoso. Particularmente si Bran decide contarle a sus hermanas sobre las cosas que Petyr Baelish ha hecho todos estos años.
Otra de las cosas destacables de las escenas en Winterfell está dada por la reacciones de Sansa al entrenamiento entre Arya y Brienne. El combate en sí está bien dirigido y coreografiado, demostrando la notoria diferencia entre los estilos de la pequeña y ágil Arya, y la brusca y potente Brienne, aunque fuerce un poco la credibilidad por momentos (un golpe de alguien del tamaño/fuerza de Brienne perfectamente podría desarmar a Arya); la reacción de Sansa pasa de la diversión por ver a dos personas tan dispares combatir, a una suerte de terror silencioso al ver que su hermana menor se ha vuelto alguien distinta a quien creía conocer – alguien capaz de enfrentar a una de las mejores combatientes de Westeros y salir victoriosa. Alguien capaz de tener una lista de gente por matar y realmente cumplir con su cometido.

Mientras tanto, en Dragonstone, Jon sigue intentando convencer a Daenerys de dejar de lado las rencillas políticas entre los reinos y unirse para derrotar al enemigo común. Incluso encontró una caverna absolutamente repleta del vidriagón que servirá para enfrentarse a los ejércitos del Rey de la Noche – caverna que además posee convenientes “pinturas rupestres” hechas por los Hijos del Bosque en donde se retrata su unión con los Primeros Hombres para enfrentarse a los Caminantes Blancos. Todo muy conveniente, sin duda. Lamentablemente para Jon, la Madre de los Dragones (y un largo etcétera de títulos) sigue en la misma postura de antes: bend the knee. Subordina su ayuda al hecho de que Jon se someta y reconozca su autoridad como Reina – algo que no convence a Jon, particularmente por la posible reacción que tendrán los restantes Señores de del Norte. Después de todo lo sucedido en estos últimos años (haber perdido tanto a Ned como a Robb Stark a manos de nobles del Sur, y que los Bolton se hayan aliado con los Lannister para quedarse con el Norte) es difícil -casi imposible- que acepten reconocer la soberanía de una dinastía ajena. Aquí Dany le devuelve una frase que él mismo utilizó un tiempo atrás, cuando intentaba convencer a Mance Rayder de someterse a Stannis, salvar su pellejo y no arriesgar a que las tribus que había unido se dividieran tras su muerte: “isn’t their survival more important than your pride?
El problema está, claro, en que la caracterización de Daenerys hasta este punto es inconsistente con el mensaje que está entregando: si quiere hablar de supervivencia y orgullo, es la menos indicada si tan solo momentos antes había condicionado su apoyo a que Jon reconociera su soberanía.
Más adelante, cuando recibe las noticias de lo sucedido en Highgarden, Daenerys critica a Tyrion por su “plan” y termina pidiéndole, en la desesperación, consejos a Jon. Tiene ganas de tomar sus dragones, irse volando a King’s Landing y quemar la Fortaleza Roja – como buena hija de su padre. Jon le explica algo muy importante: si pretende ganar la guerra más allá de la mera cuestión militar, no puede ser igual a sus predecesores. Tiene que darle algo de esperanza a la gente común, algo que indique que no será igual a todos estos Reyes (y Reina) que han tenido que sufrir en estos últimos años. “I’m not going to stop the wheel. I’m going to break the wheel,” dijo Daenerys Targaryen alguna vez, marcando diferencias con el resto de los Señores de Westeros.

Así que termina llevándose solo un Dragón y comienza a incendiar campos y ejércitos, porque el amor de los Targaryen por el fuego va en la sangre.

La batalla final tiene momentos que van más allá del mero espectáculo de ver a un dragón gigante arrasar con un ejército, o una horda de Dothrakis cabalgando majestuosa y salvajemente por una planicie y demostrando por qué el temor que provocan es cuestión transversal: la perspectiva de los eventos va variando, de Jaime a Bronn a Daenerys a Tyrion, y lo que es para Daenerys una acción gloriosa de retribución es, para quienes están a pie, un acto horroroso de devastación. Es, tal vez, una de las cosas más efectivas de la secuencia final del capítulo: mostrar al dragón no solo como la concreción de lo imposible en posible, no solo una criatura increíble y digna de leyenda, sino que también lo más cercano a un arma de destrucción masiva. Jaime y Tyrion se dan cuenta de lo mismo, en veredas opuestas, mientras ven cómo los campos arden a su alrededor y allí donde se encontraban personas ahora solo quedan restos calcinados y cenizas. Es particularmente efectivo, más si consideramos que Drogon calcinó los vagones donde se encontraba el alimento para los soldados: una de las consideraciones de Daenerys antes de lanzarse a la batalla era no tener con qué alimentar a sus ejércitos; ahora, dejó a la gente de ambos bandos sin alimentos. Y si bien las únicas muertes del capítulo son desconocidos (mayormente del bando Lannister), la narrativa parece decantarse por una Daenerys que, por la desesperación de haber perdido a gran parte de sus aliados en tan poco tiempo, decide combatir fuego con fuego – metafórica y literalmente.

Además de lo anterior, la dirección del capítulo (cortesía de Matt Shakman, conocido por dirigir capítulos de It’s Always Sunny in Philadelphia, The Good Wife y Fargo, y ahora debutando en Game of Thrones) es sorpresivamente clara para mostrar el caos de una batalla, en contraposición al desorden visual -intencional o no- de la batalla naval en la que Euron terminó por capturar a Yara. Alejándose del uso de la “shakycam” (tan común en escenas así después de que Gladiator y la saga de The Lord of the Rings la masificaran), es fácil seguir el hilo de lo que sucede sin perder la sensación de confusión y desamparo que significa un ataque sorpresa. Además, nos regala tomas geniales como los jinetes Dothraki parándose sobre sus caballos, la aparición de Drogon sobre los jinetes, Drogon arrasando con todo a su paso y, probablemente mi favorita del capítulo: Jaime cabalgando a través de los campos en llamas, una cabalgata prácticamente suicida, destinada a terminar con Daenerys y Drogon.
Esto último es, también, digno de mencionar: considerando el cliffhanger con el que termina el capítulo, la aparente (énfasis en aparente) muerte de Jaime Lannister es -al mismo tiempo- una forma anticlimática de despachar a un personaje importante de la serie, que ha estado en la narrativa desde el primer capítulo, al parecer estaría destinado a otras cosas más importantes, y la concreción de un pequeño arco narrativo propio, tal vez insuficiente pero no inexistente: Jaime siempre ha luchado con su propia sensación de insuficiencia o ineptitud en cuanto a su rol en la Guardia Real. Especialmente si se compara a gente como Arthur Dayne o Barristan Selmy, su nombramiento en dicha institución parece estar más ligado al nepotismo que a una igualdad de capacidades, e incluso su propio hijo se burló de ello. Por lo tanto, Jaime siempre se ha sentido indigno respecto a sus más ilustres predecesores. Su cabalgata suicida al final del episodio es la posibilidad de, por fin, estar a la altura de ellos con un acto glorioso, digno de ser recordado, digno de colocar su nombre en la historia más allá de la indignidad de ser considerado un Matarreyes – irónicamente, al terminar matando a una pretendiente al Trono. Si Jaime termina muriendo ahogado, salvado al último instante posible de morir calcinado por Bronn, quizás se sienta como una historia inconclusa en el gran esquema de las cosas, con la cuestión de su relación con Cersei todavía allí sin resolverse definitivamente (a ratos, alejándose levemente; la mayoría del tiempo, aferrado perdidamente a ella) y si terminará con alguna redención o no – pero, al menos en lo que ese pequeño arco narrativo sobre su propia sensación de indignidad se refiere, su cabalgata suicida en este capítulo podría servir como broche de oro. En todo caso, creemos que se salva -otra vez- de morir.

Lo mismo sucede con Bronn, quien a pesar de su prácticamente irrisoria “plot armor” (se salva de ataques Dothraki, de morir calcinado en la ballesta y de morir calcinado al final del capítulo) también tiene un arco narrativo concluído en este capítulo: pasa de ser un mercenario únicamente preocupado por el dinero -siendo esa la razón por la cual ayuda a Tyrion en la primera temporada- a pelear por una causa superior, yendo a dispararle a Drogon con la ballesta, y -por último- con un acto altruista de valentía, salvando a Jaime del aliento de fuego del dragón incluso cuando su propia vida corría el mismo riesgo. Un arco narrativo que se ve a lo largo de la serie, y que encuentra su reflejo dentro del mismo capítulo (comparando su queja por el pago al inicio del capítulo, con el rescate de Jaime al final). Bronn hace tiempo que dejó de tener alguna utilidad para la gran trama de la serie, volviéndose una suerte de personaje “fan favorite” que es utilizado por la producción para reemplazar en la adaptación a otros personajes de los libros. Es útil como herramienta, sí, y es gracioso en su comportamiento en comparación a la nobleza que lo rodea – pero parece carecer de propósito mayor. Al menos con lo de este capítulo cierra su propia transformación y, si llegase a morir pronto, al menos tendría una evolución definida.

Con todo, más allá de lo visceral y espectacular de su escena final, “The Spoils of War” nos deja con suficientes interrogantes: ¿qué será de Petyr Baelish ahora que está rodeado de tres hermanos Stark lo suficientemente poderosos en sus respectivos ámbitos? ¿Sansa se alineará con sus hermanos ahora que están reunidos, o se sentirá alejada de ellos después de tanto cambio? Y ahora que Daenerys hace su aparición con fuego y sangre en Westeros, ¿qué pasos a seguir tomará? ¿Se acercará a lo sanguinario de su padre, o tratará de ser una monarca distinta, como le aconsejó Jon? Si tienes una Reina cuyos súbditos dicen seguirla porque confían y creen en ella, ¿qué pasará cuando les dé suficientes motivos para desconfiar? ¿Cuánto están dispuestos a tolerar?

Observaciones varias:

  • Otro reencuentro en el capítulo, pero mucho menos agradable: Jon y Theon. El Rey en el Norte tiene razones de sobra para deshacerse de Theon, pero por respeto a su rol en salvar a Sansa (algo que sea) lo mantiene vivo. Quién sabe por cuánto tiempo más.
  • Cersei refuerza sus vínculos con el Banco de Hierro. La escena no sirve de mucho en el capítulo, más allá de una mención a la Golden Company, la banda de mercenarios más grande e importante de Essos. ¿Significará que aparecerán en un capítulo futuro? Quizás para mostrar cómo Cersei sigue con algún tipo de ejército (aunque sea de mercenarios) después de que Drogon quemara gran parte del existente.
  • El capítulo se encarga se avanzar la posible relación entre Daenerys y Jon. Más allá del posible fanservice que eso significaría: ¿a nadie le incomoda el inevitable incesto de dicha relación? Estamos hablando de tía/sobrino, así que más allá de la referencia al título de la saga y de cómo las cosas tienden a repetirse (Hielo y Fuego; Rhaegar y Lyanna; Daenerys y Jon), el tema incestuoso me parecería bastante incómodo.
  • Hay montones de consideraciones prácticas que uno debiera dejar de lado para disfrutar el capítulo. A saber: el tiempo a viajar entre Dragonstone y (las afueras de) King’s Landing sin que nadie se dé cuenta; el que Bronn sepa manejar una ballesta sin haberlo hecho antes; el que lo dejen manejar esa ballesta sin interrupciones mientras combaten a su alrededor; la aparente disparidad de la profundidad del agua en el final del capítulo; la conveniencia de las pinturas rupestres, etc. Todas esas cositas son “atajos” para la producción de la TV, ustedes le pueden dar el valor que consideren prudente – si les arruinan el capítulo, o pueden disfrutarlo a pesar de ello. Incluso en este capítulo, el tema de la distancia y el tiempo es más salvable que en entregas anteriores (con la flota teletransportadora de Euron): la cercanía de ambos lugares y las horas que transcurren permiten evitar que sea tan discordante.
  • Pobre Meera, después de todo lo que hizo por Bran solo recibe un “thank you” de despedida. Ojalá no sea la última vez que aparezca (su padre, Howland, es el último sobreviviente de lo sucedido en la Torre de la Alegría, así que quizás tenga todavía un rol por cumplir) pero lo poco ceremonioso de su salida también da cuenta del escaso-nulo propósito que el personaje cumplía una vez que logró llevar a Bran ante el Cuervo de Tres Ojos.
  • Podrick felicita a Brienne por cumplir su promesa a Catelyn Stark. Brienne, siendo siempre ella misma, siente no merecer ningún crédito por ello – pero Pod es un buen tipo.
  • Pequeña nota de caracterización: Randyll Tarly pretende azotar a los miembros más lentos del convoy que transporta el alimento a King’s Landing para así apurar el tranco; Jaime considera que es mejor advertirles primero. Jaime Lannister posee una cierta nobleza (entendida más allá de los títulos) que su hermana carece.
  • Ten thousand? Less…?”; “Fewer.” Grande Ser Davos, aplicando la misma lección que Stannis le enseñara alguna vez.
  • Lord… Rickon?”; “Dickon.”; “HAHAHAHAHA”. Qué grande que eres, Bronn.
  • Un imperdible: el “making off” de la batalla, por si todavía no lo ha visto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s