JAAR el lamento de las imágenes (2017)






JAAR el lamento de las imágenes.
Año: 2017.
Directora: Paula Rodríguez Sickert.
Guión: Paula Rodríguez Sickert.
Productor: Paola Castillo.
Fotografía: John Márquez, Enrique Stindt.
Edición: Titi Viera-Gallo.
Música: Nicolás Jaar, Nascuy Linares.
País: Chile.
Duración: 70 minutos.

Uno de los documentales que nos quedaba pendiente comentar de la última edición de SANFIC era “JAAR el lamento de las imágenes”, dirigido por Paula Rodríguez Sickert. En él, rescata la mundialmente conocida figura de Alfredo Jaar, quizás el artista visual chileno más importante de los últimos 50 años. Se trata de un artista valorado no sólo por su propuestas visuales, sino también por los potentes mensajes que esconde tras ellas, algunos sutiles, otros no tanto. Muchos lo recordarán por su intervención en plena Quinta Avenida, enrostrándole a los gringos que su país no es América (pueden ver el proyecto en el afiche del documental), o como a través de la sutileza de una imagen repetida un millón de veces puede invitarnos a cuestionarnos cuantas imágenes tenemos que ver antes de darnos cuenta que está sucediendo en nuestro mundo.

Quienes se dediquen al arte valorarán el documental por permitirles conocer el proceso creativo de Jaar. Un verdadero estudioso, Jaar realiza sus intervenciones acumulando, primero, toneladas de información. Sólo una vez que la procesa, actúa. Este proceso muy científico lo debe a su formación como arquitecto, no obstante, se quita el ropaje técnico cuando de discursos se trata. Jaar entiende claramente que la cultura parece ser la última trinchera donde las personas pueden enfrentarse a la vorágine de la sociedad (dotándola de humanidad), así como también exige a los artistas que tomen esta bandera de lucha. Desde su perspectiva, ser artista es un privilegio que acarrea muchas responsabilidades. Exige utilizar el poder del cual se dispone, para así llevar discursos que sanan, sirven y curan al público. Este es el correcto ejercicio de la “profesión”, aquel que enfrenta la indiferencia del mundo como tan bien hiciera Jaar en Rushes (con las fotografías de los mineros amazónicos en pleno Spring Station de Nueva York) o -especialmente- en el “Proyecto Ruanda”, en aquellas históricas portadas del Time que son la prueba viva de la complicidad de Occidente, complicidad que sin lugar a dudas llegó a ser criminal.

Pero quizás lo más interesante del documental de Paula Rodríguez sea precisamente mostrar a Jaar. Un artista que no gusta de la exposición. Uno que le gusta que sean sus obras las que hablen. No es sorprendente que en Chile sea menos reconocido que en el extranjero. En su trabajo, Rodríguez a un Jaar honesto en todas sus facetas. Querámoslo o no, Jaar no es un personaje carismático. Es quien busca perfección, se enfrenta a ello, te reprocha en la cara lo peligroso de tu discurso y te enrostra la verdad. Era, en otras palabras, un artista difícil de exponer. Pero en este mundo lleno de pesimismo, del que todos formamos parte, Jaar, a su manera, nos dice que siempre puede haber luz.

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