Blade Runner 2049, la búsqueda de la humanidad en los ojos del replicante

Denis Villeneuve conduce la continuación de la película de Ridley Scott, esta vez de la mano de Ryan Gosling en el protagónico. Revisamos lo que propone la poco querida secuela de un clásico de los 80’s.

La cartelera ha sido infestada de secuelas y reboots a clásicos del cine, y ese agote se siente en los decepcionantes números de espectadores que dichos proyectos terminan consiguiendo. Salvo un par de notables excepciones, la mayoría de esas películas pasan al olvido, para ser recordadas como puntos negros del legado de sus predecesoras. En el caso de “Blade Runner”, si bien es una película que consiguió su popularidad posterior al estreno en cines en 1982, la naturaleza de su historia no invitaba a querer saber respuestas del destino de Rick Deckard (Harrison Ford) y Rachael (Sean Young), pero por su universo y su estética no solo era interesante revisitarlo por el mero hecho de ampliarlo, sino que su legado marcó el desarrollo posterior de lo que fue el sub-género “cyber-punk” en el cine (venido de la literatura), y ese capital valía la pena ser explorado.

Con esos miedos, pero sabiendo que existía un potencial en la dystopia, el nombre de Denis Villeneuve fue un alivio al ser anunciado como el responsable del film. El director franco-canadiense venía precedido de “Arrival”, su mejor carta de presentación por su acercamiento a la ciencia ficción con especial enfoque en la humanidad de sus personajes, algo que es parte del corazón de Blade Runner.

Y si bien es siempre la parte final de nuestras publicaciones, quizás valga la pena hacer dicha reflexión ahora: Blade Runner 2049 es una digna secuela de su predecesora. La película no solo encapsula su estética y aura, sino que mantiene los temas que hicieron brillar al primer film, y que siguen resonando con la audiencia del año 2017. Su calidad la pone de inmediato en las mejores películas del año, y un serio candidato en la temporada de premios para los apartados técnicos, de la mano de un trabajo espectacular de Roger Deakins.

En “Blade Runner 2049”, K (Ryan Gosling) es un nuevo modelo de replicante, diseñado para obedecer luego de las revueltas que se vivieron décadas atrás de la mano de los NEXUS 8. K no solo es un replicante, es también un Blade Runner, encargado de “retirar” a todos los NEXUS 8 que quedan en funcionamiento, pues muchos de ellos no contaban con fecha de expiración por 4 años, sino que se les programó mayor tiempo de vida (el primer gran cambio al canon de la original).

En medio del retiro de uno de aquellos replicantes, vemos que la investigación de K da con los restos de una particular replicante que contiene un secreto que puede cambiar la forma de ver a los seres biodiseñados por parte de los humanos, que al igual que en la original, siguen siendo discriminados por el hecho de ser programados para servirles.

Al igual que en el caso de la original, con varios matices eso sí, “2049” es una película de detectives, pero con roles algo cambiados. En el caso de Deckard, aún cuando no sabemos si es o no un replicante (¿acaso importa?), vemos la misión de estos androides con los ojos del cazador, para dar el giro en 180º con el correr de la película. Con K es distinto, porque sabemos de inmediato que esta es una misión fratricida de parte de un producto en “correcto funcionamiento” a otros que han dejado de serlo. El viaje de K entonces pasa de ser un engranaje más en la máquina, a ser algo único, especial, y autodeterminado: descubrir su humanidad, a pesar de saberse replicante.

Ese descubrimiento por parte de K va de la mano de sus relaciones más inmediatas, tanto con su jefa, la Teniente Joshi (Robin Wright), que lo usa como un dispositivo en la continua búsqueda del orden, como con la inteligencia artificial JOI (Ana de Armas), que nos recordara los mejores momentos de “Her” a través de su complicidad para la que fue programada. Ambas son lo más cercano a una madre y una pareja para el replicante, que no solo cuenta con el repudio de los humanos por ser un “skinjob” (portapieles), sino de sus pares por retirar a los de su propia “especie”.

De aquí en más, spoilers.

Y si el corazón de “2049” está en la búsqueda de la humanidad del protagonista, esta se expone en el misterio que los resto de la mismísima Rachael traía consigo: la replicante dio a luz a un bebé, un secreto que claramente cambia la forma en que se entiende la dicotomía humano/máquina, y donde la información que tenga Rick Deckard será clave para el resto de la historia.

En ese sentido la película está muy dividida en dos partes: en la primera, conocemos a nuestro nuevo protagonista y el mundo del año 2049, y en la segunda parte es el acercamiento in situ a lo que quiere proponer la secuela para la historia. En una película de detectives el ritmo pausado es necesario, pero la extensión de la película se siente en el medio de ambas transiciones, especialmente en el papel que juega el villano nominal de la película Niander Wallace (Jared Leto). Su rol en la historia no es tan significativo como podría haber sido, limitado a antagonizar los esfuerzos de K por descubrir la verdad para sí mismo, y ser el rostro frío en el negocio de los replicantes. La escena que comparte con Rick Deckard es la que justifica su inclusión en la historia, pero sus escenas palidecen en el todo de la cinta.

Aquella verdad que busca K tiene una esperanza, y qué más humano que sentir esperanza. K recuerda haber peleado por un caballo de madera en una caldera, un recuerdo que tanto él como nosotros, presumimos fue insertado en su cerebro. Lo que no esperaba K fue encontrar el caballo en la caldera de un orfanato, donde sabría que Rachael no dio a luz a uno, sino que a dos bebés, en un registro que enlistaba al varón vivo, y a la mujer fallecida. De ahí en más, la película cambia, y K, ahora Joe, pasa a buscar el rastro de su origen, con la esperanza de ser él “el milagro” que Sapper Morton (Dave Bautista) se refería en los primeros minutos de filme.

La investigación lo haría pasar al estudio de la Doctora Stelline (Carla Juri), diseñadora de recuerdos para los replicantes, quien le confirma que sus recuerdos fueron vividos. La verdad se dispara en K, y su poco ceremoniosa salida del cuerpo de Blade Runners lo lleva a investigar Las Vegas, donde se encontraría con el mismísimo Rick Deckard, en un combate a puño limpio que debe estar dentro de los mejores trabajos de Roger Deakins a la fecha. Deckard le confirma a Joe que Rachael dio a luz, pero que se usaron varias medidas para esconder su identidad y destino, uno de ellos siendo que Deckard abandonara al bebé. Sabríamos después que el bebé que nació en verdad fue una mujer, y no era otra que la propia Doctora Stelline, destruyendo la esperanza de Joe, pero implantando la duda en todos nosotros: Joe sobreviene su programación en la búsqueda de aquella esperanza, se autodetermina, y termina siendo especial, como le recuerda JOI en cada interacción.

El punto con el que más tengo problemas en la película es la aparición/plot device de Freysa (Hiam Abbass), encargada de la “resistencia replicante” que conocía toda la historia con lujos y detalles, y que ¿lideraba un batallón para luchar contra los humanos?. Esa escena se sintió fuera de lugar, y una invitación a una secuela que de verdad no quiero ver.

El desenlace, de la mano de “Sea Wall”, que seguramente será la canción más trascendental de Hans Zimmer y Benjamin Walfisch para la banda sonora, se vuelve una batalla por la sobrevivencia en el mar que encapsula lo mejor del trabajo de Deakins, lidiando con los colores neón, el agua, y la oscuridad. El éxito de Deckard y Gosling trae consigo la visita a Stelline, y un nuevo final abierto, que nos invita a preguntarnos muchas cosas nuevamente.

Es difícil evaluarla a la sombra de la original, pero “Blade Runner 2049” responde positivamente a la pregunta que los fans le pedían que contestase: ¿Valió la pena que se realizara?. No solo por su respeto con el material original, sino por su indudable calidad. De las interpretaciones, Gosling consigue ser los ojos de la audiencia, Harrison Ford le impregna su calidad e interés al papel, mientras que Ana de Armas se alza como la MVP de la película en el apartado actoral, donde vale la pena hacer 3 menciones: Dave Bautista tiene breves minutos en pantalla, pero vaya que los aprovecha bien. El regreso de Edward James Olmos fue un bonito momento, y la gran sorpresa fue Sean Young en modo CGI. Respetuoso uso del recurso para un momento clave.

El arco de Joe emula lo que hubiese sido ver la original en los ojos de Roy Batty. Saberse “humano”, tener un alma, a pesar de ser un producto para un fin determinado. Es un viaje que vale la pena ser vivido, y uno que puede ser concebido a la par del descubrimiento de Deckard durante su última misión como Blade Runner. Las respuestas a las preguntas particulares sobre la identidad del hijo de Rachael, la humanidad de Deckard, e incluso de la de Niander Wallace parecen pequeñas, porque de nuevo, Blade Runner se trata sobre la humanidad vivida, no la nominal.

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