“Nature Boy”, el 30 for 30 de ESPN sobre Ric Flair

Pocas cosas prestigiosas le van quedando a ESPN, pero sin duda una de ellas es su serie de documentales “30 for 30”, donde cuentan la historia tras íconos del deporte, eventos significativos, rivalidades de años, o la trascedencia en su disciplina de un deportista. Hace algunos meses ganaron el Oscar por “O.J.: Made in America”, por lo que la calidad de estos materiales está a la vista.

Por eso cuando se anunció “Nature Boy”, el primer especial de la cadena sobre lucha libre profesional, no había duda de que Ric Flair era el indicado para tener dicho honor. Catalogado por los más prestigiosos luchadores y cronistas como el mejor de la historia en la disciplina, su nombre marcó la época más importante de la actividad en Estados Unidos, donde se explotó como un negocio profitable, siempre basado en la personalidad y talento de sus intérpretes, en los tiempos en que Hulk Hogan, Dusty Rhodes, Bruno Sammartino y el propio Flair llenaban recintos por todo el país norteamericano y otros mercados internacionales.

En un momento Shawn Michaels, otro de los que está en el panteón de grandes, entrega la frase que resume la vida del 16 veces campeón mundial: “Ric nunca conoció a Richard Fliehr, él solo conoce y vive la vida de su gimmick, Ric Flair”. El documental narra en sus primeros minutos la breve vida de Richard Fliehr: un muchacho adoptado por una pareja adinerada, que con el correr de los años le interesó la fiesta y el deporte por sobre la vida académica. Sus padres nunca le dieron la atención que él requería, por lo que se esforzó en obtenerla en el mundo de la lucha libre profesional. En sus primeros pasos de vida luchística sobrevivió la caída de un avión, pero al momento de obtener su primer cinturón de campeón mundial la vida de Richard Fliehr terminó, para pasar a ser Ric Flair, el extravagante villano blondo que ostentaba dinero, fama y el amor de distintas mujeres, las que fuera del ring acompañaban sus noches en la carretera para luchar en la siguiente ciudad. Ric Flair vivía lo que pregonaba, y eso terminó destruyéndolo.

Flair repasa sus mejores años en la National Wrestling Alliance, donde no solo revolucionó al público con su personalidad, sino también cambiando las reglas del juego en el espectáculo que ofrecía dentro del ring, involucrando al público que pagaba su ticket para verlo perder el cinturón, pero como dice el dicho en la escena de la lucha libre, Flair siempre se levanta antes del conteo de 3. La vida dentro del ring lo trató bien, incluso con una preciosa lucha de retiro en Wrestlemania, pero Flair vivía dentro de ese encordado, y cuando la inactividad lo encontró, tuvo que volver. Para humillarse en el camino.

La vida fuera del ring de todas formas le pasó la cuenta. Su incapacidad por mantenerse fiel a su familia lo llevó a separarse y casarse numerosas veces, teniendo hijos con los que rara vez compartió, sabiéndose un mal esposo y padre. Ese mal ejemplo lo continuó Ried, su hijo más joven, que terminó transformándose en su gran amigo, y el estilo de vida que su padre le inculcó terminó quitándole la vida a los 25 años. El trauma familiar de la muerte de Reid, por más que suene cruel, ayudó a entender a Ric los errores que había cometido, y terminó siendo la luz para que otra de sus hijas, Ashley, decidiera continuar con el sueño de su hermano y entrar al mundo donde su padre fue rey, para ser hoy una de las más importantes luchadoras en WWE.

“Nature Boy” es un relato crudo para quien no conoce a la persona tras el mito. Así como refleja el legado de un hombre que trascendió su actividad e influenció a muchos deportistas y artistas actuales, también se encarga de mostrar las consecuencias de vivir a través de su gimmick. El showman nunca dejó el show, y el documental se queda con la premisa de una de sus más célebres frases: “to be The Man, you gotta beat The Man”. Flair venció a Fliehr, y dentro del ring eso lo llevó a ser auténtico, único en su era, pero cuando no calzaba las botas, ese hombre derrotado por la fantasía tenía que responder a dichas frustraciones, y la forma en que él decidió enfrentarlas no fue la más adecuada, transformándose en un alcohólico funcional que nunca asumió sus errores.

Se echó de menos más detalles de la vida de Flair fuera del ring en su prime, y de por qué es considerado el mejor luchador de la historia, más allá de los pequeños detalles sobre su talento para “vender” ofensiva y su capacidad de transmitir emociones con el micrófono. También se extrañó el testimonio del gran protagonista del negocio detrás de la cortina: Vince McMahon, pero eso no quita que “Nature Boy” sea un muy buen material, más por las características del objeto del documental que por los méritos del mismo. El trabajo de Karpf es una gran puerta de entrada a uno de los más interesantes personajes de ficción en la lucha libre, y tristemente es testimonio de que de ficción hubo poco en la vida de Flair, para bien y para mal.

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