Informe FICVALDIVIA: Notas de una principiante

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Western de Valeska Grisebach

Por años escuché comentarios que afirmaban que el Festival de Cine de Valdivia (FICVALDIVIA) era el mejor del país e incluso uno de los mejores del continente, ¿lo era realmente o se trataba de una exageración de sus asistentes? Este año, al fin, tuve la oportunidad de asistir y aprovecharé este espacio para contar un poco de mi experiencia.

Mi visita al festival fue bastante restringida, sólo pude asistir a los días finales pero aproveché cada minuto. Vi mi primera película un viernes a las 18 horas y la última el domingo a las 22:30. Once filmes en 54 horas, todo un récord en mi vida de cinefilia.

Obviamente, el certamen cuenta con una gran oferta de películas; amplía en número, temas, formatos y procedencias. Hubo filmes desde Siberia a África, pasando por Portugal, Brasil e Isla de Pascua. De Ficción, no ficción y las que están en la nebulosa. Además, un catálogo difícil de encontrar en internet –e imposible con subtítulos en castellano-.

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L’amant d’un jour de Philippe Garrel

Más allá de eso, lo que capturó mi atención es el funcionamiento del festival y el movimiento de los asistentes dentro de la ciudad. A diferencia de lo que estaba acostumbrada con los festivales en Santiago, en FICVALDIVIA se programan filmes durante todo el día y en 6 salas de manera simultánea; todas a una distancia caminable. La ciudad gira en torno al festival, hay descuentos en bares y cafés para los abonados, fiestas al terminar las funciones, charlas sobre el mercado del cine y conciertos al lado de río.

La mayoría de la gente que deambulaba esos días por Valdivia eran asistentes con su credencial al cuello, conocidos y desconocidos con los que comentabas y recomendabas películas en los pocos momentos libres. También había gente nativa en las funciones pero la gran mayoría eran estudiantes de cine, realizadores, críticos o simplemente aficionados de diferentes ciudades del país y Sudamérica. Es una especie de turismo cinematográfico, de hecho, es altamente probable que alguien sólo pase el tiempo en salas de cine y poco o nada vea del bello paisaje Valdiviano. Me costó llevar el ritmo, dedicarse 100% a un festival de cine –aunque fuera por 2,5 días- implicó dormir menos de 5 horas diarias, socializar con cerveza –la ámbar cuello negro era la favorita de los contertulios- entre películas e intentar mantenerme despierta en películas experimentales de 3 horas. No era extraño ver a varios dormir la siesta y hasta roncar en las funciones. Obviamente, no fue un sacrificio pero fue difícil funcionar con mis cinco sentidos.

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Baronesa de Juliana Antunes

El festival tiene por slogan “clásicos del futuro”, así que vale la pena preguntarse si lo que se exhibió y las ganadoras de las competencias entrarán en esa categoría. Baronesa de Juliana Antunes fue elegida como la Mejor Película Largometraje Internacional, opera prima cuasi documental que narra la vida de un par de mujeres en una favela. Muchas escenas eran reales pero otras ensayadas, siendo los actores realmente habitantes del lugar. A través de sus conversaciones, ahonda en los sueños y problemas de personas en un contexto altamente peligroso y precario. Logrando que uno se sienta parte de la favela por 73 minutos, personalmente, creo tiene bien merecido el reconocimiento; era una película perfecta para un festival. Por otro lado, el mejor Largometraje Chileno fue Tierra Sola de Tiziana Panizza, documental que indagó en 32 cintas sobre Isla de Pascua y que hace una analogía constante entre la cárcel de la isla y la isla en sí misma como una prisión para sus habitantes. En un primer tramo parece tener por objetivo la historia de colonialismo en el lugar pero luego vuelca toda su trama en torno a los habitantes y gendarmes de la prisión local, esa falta de claridad del foco me parece un error pero, aun así, creo que es una cinta importante e inclusive de carácter patrimonial.

Fuera de competencia el festival consiguió exhibir las tres últimas películas del cineasta coreano del momento: Hong Sang-soo. Todas con varios factores en común y relacionados con la polémica de infidelidad que rodeó al director este año, con una visión pesimista del amor y a Kim Min-hee (The Handmaiden) como protagonista. Mi favorita por mucho fue On the Beach at Night Alone. Aunque los momentos más entrañables vinieron de la mano de L’amant d’un jour de Philippe Garrel y Western de Valeska Grisebach, ambas con miradas poco habituales y esperanzadoras de las relaciones humanas.

No me queda nada más que confirmar que FICVALDIVIA sí es el mejor festival del país –al que he asistido, al menos-. Es una experiencia que vale completamente la pena para los fanáticos del séptimo arte y 2018 puede ser una buena oportunidad para visitar, en la que será su edición número 25 y que ya se espera tenga sorpresas a la altura del aniversario de plata.

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