Arrow S06E17: Brothers in Arms

  • En primer lugar, pedir disculpas a los lectores por el retraso en esta reseña. Sometimes life happens, por eso es que vamos a retornar al formato más breve esta semana por un tema de celeridad.
  • Cuando una serie ya va en la segunda mitad de su sexta temporada -y se apronta a una séptima, como supimos esta semana luego de la renovación de “Arrow” para otro año más-, muchas veces el sentido de originalidad se pierde en favor de otras cosas, mal que mal, tras más de 100 episodios cuesta reinventar la rueda. Pero lo que se pierde en este acápite se gana, por ejemplo, en una sensación y un sentido de historia y tiempo transcurrido que se puede prestar para muchos tipos de hilos narrativos como lo ha demostrado “Arrow” estas últimas semanas; y no bien el episodio anterior fue bastante irregular en cuanto a su ejecución y la forma en que aprovechó dicha historia con Thea, Roy y Nyssa, esta semana ocurre lo contrario, ya que “Brothers in Arms”, pese a no ser el más novel de los capítulos, logra compensar esto gracias a su foco en el trío original, particularmente en Oliver y Diggle y toda el agua que ha pasado bajo el puente entre ambos. La ropa sucia sale a relucir, así como el talento de Stephen Amell y David Ramsey, todo mientras sus personajes se enfrentan, verbal y físicamente, respecto a las consecuencias de sus acciones a través de 6 años (o más si contamos los 5 de Oliver en la isla), y cómo el paso del tiempo ha afectado, para bien y para mal, a ambos.
  • Quizás el mayor mérito de este episodio -y kudos a la producción por esto-, es que se hace cargo de un elemento que ha sido bastante deficiente en esta temporada: el ritmo mismo de los capítulos. “Brothers in Arms” es un episodio de cocción lenta, en parte por el sentido de historia presente en el conflicto entre Oliver y Diggle, pero también porque el episodio mismo construye momentum de cara a la gran confrontación entre Green Arrow y Spartan. De paso, la anticipación que construye el capítulo también nos da a entender que lo que está pasando es de capital importancia, lo que le añade aún más peso dramático a la pelea entre ambos hombres.
  • Finalmente, y pese a que la confrontación a golpes es brutal, pese a lo breve -antes de la intervención de Felicity, en un gran momento de Emily Bett Rickards-, lo más relevante del conflicto es la discusión verbal que la antecede, ya que no sólo vemos aquí algunos de los mejores momentos de Stephen Amell y de David Ramsey (y elogiar de nuevo lo mucho que han crecido como actores en 6 temporadas), pero también por lo honesta y real que se siente la discusión. Un ejemplo: cuando Oliver le replica a Diggle que su rastro de cuerpos al menos no incluye a su hermano hay una pausa dramática que dice mucho respecto de la decisión de Oliver de pensar en dicha frase, para luego decirla porque sabe el daño que causará. Ambos sacan la ropa sucia a la luz de una forma tal de buscar maximizar el efecto que las palabras tendrán en el otro, lo que no sólo se siente humano y real, pero también funciona porque la historia de la serie y el momentum del capítulo le dan aún más solemnidad, haciendo que la discusión se sienta verdaderamente como una instancia que marcará un antes y un después en la serie. Y no bien sabemos que Oliver y Digg van a volver a reencontrarse y arreglarán las cosas más temprano que tarde, la serie vende a la perfección la pelea y un nuevo quiebre en el Team Arrow original, lo que de paso hace ver aún más mal al quiebre con el equipo de René, Dinah y Curtis (dice mucho que la producción de la serie esta misma semana saliera a admitir que cometió un error de cálculo con el quiebre del Team Arrow en el mid-season finale, ya que pese a que los argumentos de ambas facciones tienen igual peso, no consideraron que la audiencia tenía mucho más afecto e interés por el trío original que por los más nuevos reclutas).
  • Considerando lo bien que funciona la trama central del episodio, cuesta un poco comprender el por qué de pronto la producción decidió colocar otras tramas secundarias que no sólo no funcionan tan bien, pero que se sienten un tanto apresuradas para el estado de la temporada donde nos encontramos. Que la trama sobre la investigación de la corrupción en la policía pasara de pronto a “todos los policías limpios fueron despedidos, y los corruptos se quedan” como el último acto de la capitana de la SCPD tras ser despedida, junto al fiscal de distrito, por Oliver, se sintió bastante gratuito. Quizás lo mejor que podemos sacar en limpio ahí es que Dinah y Curtis volvieron a tener una trama que se sintió relativamente normal, que no gira en torno a los conflictos con el equipo original, y que en general les permitió ser personajes que generan empatía, especialmente Curtis.
  • De donde no podemos decir lo mismo es de lo que está ocurriendo con Laurel-2. Hemos repetido ad nauseam lo extraño, por decir lo menos, de la insistencia de la serie en tratar de pintar la posibilidad de que el doppelganger de Laurel pueda de pronto convertirse en su versión de la Tierra-1. No sólo lo que ocurre con Quentin es bastante perturbador, pero además la trama se ha arrastrado tanto sin un punto de destino claro que a estas alturas, salvo el notorio entusiasmo de Katie Cassidy en interpretar un personaje tan over the top, lo cierto es que el interés es poco, y cualquier sorpresa -como el beso final con Díaz- se siente agotador y predecible (o acaso había alguien que de verdad no viera ver a kilómetros una traición así, y un vínculo con Díaz que fuera más allá de lo profesional).
  • Aún así, y pese a que las tramas secundarias no funcionaron como se esperaba, lo cierto es que no logran mellar el impacto de la trama principal, la cual ciertamente nos entregó uno de los capítulos más sólidos de esta irregular sexta temporada. La confrontación entre Oliver y Diggle es un punto bajo para dos personajes que hicieron todo lo posible para que las cosas no escalaran ni terminaran tan mal como lo hicieron, mas narrativa e interpretativamente, se sintió como la inyección que la serie necesitaba para salir de un letargo y tratar de retomar el rumbo extraviado en esta segunda mitad. Una sola escena bastó para subir las apuestas y poner en evidencia el debate de toda la temporada respecto a responsabilidad, daños y liderazgo entre un grupo de personas dispuestas a sacrificar todo con tal de proteger una ciudad, y de los errores y roces que pueden derivarse de estas buenas intenciones. Cuando se intenta hacer lo mejor, y las cosas aun así salen mal, de pronto hay que reevaluar lo que ocurre, y esta lección le servirá tanto a los personajes como, esperamos, a la serie, ahora que sabemos que estará en pantalla un año más.
  • Ojalá la serie le diera más cosas que hacer a Lyla (siempre un deleite tenerla en el show) y, sobre todo, a Anatoly, quien se ha perdido entre todo el drama post-muerte de Cayden James.
  • Dentro de las noticias para la próxima temporada, hoy nos enteramos que Colton Haynes vuelve al elenco regular de la serie para el séptimo ciclo. La movida ciertamente es bienvenida ya que devuelve algo de familiaridad al show -y de paso pareciera marcar el fin de la permanencia de algunos personajes del nuevo equipo-, pero también despierta dudas considerando la partida de Willa Holland del show. ¿Cómo irán a explicar el retorno de Roy pero no de Thea? ¿Irá a renovar Willa Holland también? Sólo el tiempo lo dirá.
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