BlacKkKlansman (2018)

                                         BlacKkKlansman

País: USA
Año: 2018
Género: Drama
Duración: 135 minutos


Elenco: John David Washington, Alec Baldwin, Adam Driver,
Robert John Burke, Ken Garito, Michael Buscemi, Laura Harrier,
Ryan Eggold, Jasper Pääkkönen, Ashlie Atkinson, Topher Grace.

Director: Spike Lee
Guión: Charlie Wachtel, David Rabinowitz, Kevin Willmott,
y Spike Lee, basados en el libro de Ron Stallworth.
Música: Terence Blanchard
Dirección de fotografía: Chayse Irvin

Basada en una de esas historias que parecieran demasiado fantásticas para ser verdad (o quizás justamente por eso es que sabemos son ciertas), “BlacKkKlansman” (o “El Infiltrado del Kkklan”, como llegó por estas latitudes), es la nueva cinta del director Spike Lee. Una película que, como el cineasta y su fluctuante filmografía, está plagada de contradicciones, ya que no sólo es una fantástica historia verdadera, pero también es una atemporal película de época, y una “dramedia” que trata con suficiente sentido del humor algo que ciertamente no es para risas, como lo es el auge del racismo y el supremacismo blanco en EE.UU. (y en general, en todo el mundo).

Narrando la historia de un policía afroamericano que, a fines de los 70’s, logra infiltrar el Ku Klux Klan, Spike Lee logra articular un relato que se sobrepone a la época y mantiene su relevancia por lo ya mencionado, a la vez que entrega una cinta que, probablemente, sea la más accesible de toda su filmografía (lo que ciertamente se puede deber a la influencia de los productores Jordan Peele y Jason Blum, los mismos detrás de Get Out”, dirigida por Peele).

Pese a la notoria ambientación setentera, la película opta por no hacer mención específica a un período de tiempo y, en lugar de eso, deja sutiles pistas en sus diálogos y los diversos ambientes donde se desenvuelve, que permiten fijarla en el período mencionado. Esto obviamente es una decisión consciente por parte de Lee, quien lo hace para evidenciar lo atemporal de la problemática racial en EE.UU., a la vez que muchos de los eventos de la cinta hacen eco de otros igualmente lamentables que son pan de cada día en pleno 2018: brutalidad policial hacia la comunidad negra, auge de supremacistas blancos que intentan victimizarse ante los cambios y la igualdad social, y el resurgimiento de grupos con mensajes enraizados en el odio que buscan legitimarse en el espacio público, en gran medida ayudados por los medios (lo hemos visto con los neonazis tanto en EE.UU. y Europa, como -tristemente- en Chile).

La cinta, basada en la autobiografía del ex-policía Ron Stallworth narra la historia de éste (interpretado por John David Washington, hijo de Denzel), el primer policía afroamericano en la ciudad de Colorado Springs, quien logra infiltrar exitosamente al Ku Klux Klan, luego de ver un anuncio en un periódico local, al hacerse pasar por un hombre blanco por teléfono.

Stallworth (y Washington) muestran una increíble habilidad y destreza para desempeñarse en un papel multidimensional que significa una dualidad que se ve no sólo en el hacerse pasar por caucásico, pero también en las contradicciones de ser el único policía negro en una ciudad anclada en pleno sur rural de EE.UU., con toda la carga racial que aquello lleva, más cuando Ron entabla una relación con Patrice (Laura Harrier), líder estudiantil y política de la comunidad afroamericana de Colorado.

Cuando el plan de Stallworth demuestra ser exitoso, el policía necesitará un rostro -blanco- para interactuar físicamente y cara a cara con los integrantes de “la organización” y aquí es donde entra Flip Zimmerman (Adam Driver, genial como siempre), un policía de origen judío y con sus propios problemas relativos a su herencia hebrea, quien tendrá que ser la imagen pública de Ron. Así es como, durante el transcurso de varios meses, Ron y Flip interactúan con los miembros locales del Klan, la película presenta muchas de sus mejores secuencias, las que no sólo rebosan en crítica social, pero que también brillan justamente por la liviandad de éstas debido a lo absurdo de la situación, pero sin perder nunca la vista en lo importante o en el elemento dramático de todo el embrollo.

Esto último se logra gracias a la labor de Lee como director y guionista, quien obviamente está al tanto y se hace cargo de la historia de violencia del Klan, a la vez que se mofa del ridículo inherente que lleva consigo el pensamiento de sus integrantes, sin caer en un terreno de no tomar en serio las acciones violentas que semejante estupidez puede llevar consigo. Esto se hace mucho más evidente una vez que la película introduce a la figura de David Duke (Topher Grace), el entonces -y actual- “gran mago” y director nacional del Klan, un tipo que pone una afable cara para legitimarse públicamente, pero que por dentro -y en privado- es igual de nefasto que todos sus camaradas, mas se ve mitigado parcialmente porque Duke (y la interpretación de Grace) lo hacen ver probablemente aún más ridículo e imbécil de lo que seguramente es, siempre estando seguro de que con quien habla por teléfono es un hombre blanco, y no un afroamericano como Ron (lo que obviamente es fuente recurrente de risas).

Como dijimos previamente, John David Washington es digno de alabanza y de un justo hype de cara a la temporada de premios, ya que su carismática y estoica interpretación muchas veces es el motor de la cinta, a la vez que las contradicciones inherentes en la vida de Ron no son más que una forma adicional con la que Lee realiza una crítica social respecto a los roles y “caras” que la población negra de EE.UU. debe interpretar a diario. Comentario similar e igualmente interesante es el que realiza Lee con el personaje de Adam Driver y la forma en que éste navega con sus propias contradicciones, al ser blanco y judío, y lo que significa pertenecer a su religión en EE.UU., no exento de una carga discriminatoria de parte de grupos extremistas.

El elemento más débil de la cinta quizás es su trama romántica, principalmente porque ésta existe mayormente como un motor para que la trama examine otros elementos que resultan de mayor interés, como lo es la herencia e identidad afroamericana de Ron. Así, Patrice y su conexión con el mundo político y con activistas como Kwame Ture (ex miembro de las Panteras Negras), están ahí más para ahondar la examinación de la identidad racial y sociocultural de Ron, que para profundizar la conexión romántica.

“BlacKkKlansman” no es una película sutil, pero difícilmente se puede esperar algo así en esta época tan movida políticamente, y a veces justamente esto es necesario para entregar una mensaje de forma más directa y potente. Y no bien la película ha sido criticada por algunos prominentes cineastas afroamericanos como Boots Riley, por presentar una versión demasiado benevolente de la policía, especialmente en una época donde los servicios de la ley estaban más preocupados de oprimir a la población negra de EE.UU., que en infiltrar organizaciones supremacistas blancas (mismas que, hasta el día de hoy, tienen gran cantidad de miembros entre los diversos agentes policiales de EE.UU., como ha quedado en evidencia cada vez que existe un caso de violencia policial motivada por raza y que suele terminar con ciudadanos afroamericanos muertos); lo cierto es que esta válida crítica no disminuye el mensaje de la película, más cuando la atemporalidad es aprovechada por Lee para hacer guiños más que evidentes al ver a varios integrantes del Klan hablando de “hacer a América grande de nuevo”, o para que decir el montaje final de la película, donde el director muestra imágenes actuales de David Duke y de Donald Trump, luego de la tragedia de la marcha supremacista blanca de Charlotteville el año pasado.

Porque “BlacKkKlansman” y, por extensión, Spike Lee, entienden el poder del cine como medio, no sólo para contar historias, pero para hacer llegar mensajes hacia la población. La cinta pone foco en esto mediante el uso de metraje de 2 películas en particular: “Gone with the Wind”, la película que pintó en el imaginario colectivo el cuadro idílico y distorcionado del sur rural de EE.UU. y “Birth of a Nation”, el primer blockbuster del cine, y que presentó una falsa imagen de la Guerra Civil Norteamericana y del Ku Klux Klan, al punto que resucitó a la organización, luego que ésta hubiera sido destruida y prohibida legalmente luego de la Guerra Civil.

Afortunadamente para nosotros, Lee continúa su resurgimiento y retorno a la forma, y su visión y talento como nunca está afinado en esta cinta, para aprovechar el medio y entregar un mensaje claro y conciso, que va de la mano de una cinta dinámica y muy entretenida.

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