The Predator (2018)

                                         The Predator

País: USA
Año: 2018
Género: Acción, Ciencia Ficción
Duración: 107 minutos


Elenco: Boyd Holbrook, Trevante Rhodes, Jacob Tremblay, 
Keegan-Michael Key, Olivia Munn, Sterling K. Brown,
Thomas Jane, Alfie Allen, Augusto Aguilera, Jake Busey, 
Yvonne Strahovski, Brian A. Prince.

Director: Shane Black
Guión: Shane Black, Fred Dekker
Música: Henry Jackman
Dirección de fotografía: Larry Fong

Si algo se puede comenzar a decir al hablar de “The Predator” es que, quizás más que cualquier otra cinta en la franquicia, ésta se siente como una secuela de la maravillosa cinta original de 1987, lo que resulta más que comprensible, considerando que Shane Black, su director y guionista, fue uno de los protagonistas de la icónica cinta que introdujo a la cultura pop a los guerreros Yautja, y nos dio uno de los antagonistas más memorables de la historia del cine.

Aquel mismo año, Shane Black escribió el guión de “Arma Mortal”, una cinta que combinaba acción y comedia como ninguna otra hasta ese punto, y que se volvió no sólo en un clásico instantáneo, pero también en una franquicia; a la vez que el mismo Black desarrolló, de ahí en más, una prolífica carrera como guionista y director. Por lo mismo, pareciera que este director era el hombre clave para devolverle algo de la magia a la alicaída franquicia, tras los bodrios de “Alien vs Predator”, y la infravalorada, aunque algo repetitiva, “Predators”.

Y de cierta forma Shane Black entrega una secuela digna (en parte porque la vara estaba demasiado baja, por lo que se esperaba poco y nada), combinando los elementos clásicos de su cine de acción y humor, con algo de elementos del cine de acción moderno (el uso -y abuso- obligatorio de CGI, el teaser de posibles futuras aventuras si la recaudación de taquilla lo permite, etc.). “The Predator” es una película profana y violenta, pero que no se toma a sí misma muy en serio -para bien y para mal-, y es por eso que se siente como si fuera más secuela que cualquiera de las otras, porque no se atreve a hacer mucho distinto, o a innovar demasiado; sino que se nutre de las habilidades de Black para entregar una cinta que se hubiera sentido más a gusto a fines de los 80’s o comienzos de los 90’s, que en las postrimerías de la década del 2010.

Quizás lo más importante que retiene Black es la conciencia de que las cintas no deben girar en torno al Depredador o Yautja de turno (pese a lo grande que es la tentación de jugar con uno de los más geniales “juguetes” de Hollywood), sino que más bien alrededor de los hombres que, por el azar de las circunstancias, deben hacerle frente al cazador intergaláctico. Aquí es donde el director busca revivir parte de la magia de la original, con un variopinto elenco que replique la sensación de compañerismo que transmitía la original.

Así es como la cinta nos presenta, mayormente, a un grupo de soldados (apodados “the loonies”), todos quienes sufren algún tipo de trastorno o enfermedad mental, pese a que la cinta no se decide con qué solemnidad y seriedad quiere tratar esto, lo que genera una fluctuación entre estereotipos más que añejos, y algunos buenos momentos de introspección sobre lo que significa vivir con estas enfermedades. Es así como Nebraska (Trevante Rhodes), Coyle (un genial Keegan-Michael Key), Nettles (Augusto Aguilera), Lynch (Alfie Allen) y Baxley (Thomas Jane) harán frente tanto a un par de Depredadores, como a una secreta agencia gubernamental, luego de cruzarse en el camino con Quinn McKenna (Boyd Holbrook), el único sobreviviente de la llegada del más reciente Yautja a la Tierra, y probablemente el eslabón más débil en la cadena de personajes. En palabras simples, Holbrook entrega lo mejor de sí, pero no tiene la presencia escénica ni el carisma que se requiere, no sólo para liderar a un grupo de personajes como el descrito, sino porque también (y como ha ocurrido, para bien y para mal, con cada protagonista de secuela), ninguno es Arnold Schwarzenegger, quizás la única persona cuya personalidad e imagen “más grande que la vida” podía sentirse digna de medirse de igual a igual con un guerrero alienígena de más de 2 metros de altura.

Completan el elenco Sterling K. Brown como un peculiar agente gubernamental (y que resulta, gracias a lo enigmático y, sobre todo al carisma de Brown, un personaje más interesante que el mismo protagonista), y Olivia Munn como una astrofísica que es pronta en saltar a la acción, sirviendo en parte como reflejo para la audiencia, y también como la responsable de toda la exposición e infodump, en un papel que es competente y que hace buen uso de los talentos de Munn para la acción, pero que, a la vez, no hace más que perpetuar ciertos estereotipos añejos sobre las mujeres en cintas de acción -aunque vale la pena destacar que aporta mucho más que el único personaje femenino de la original-.

Respecto a la trama de la película, lo cierto es que no es más que una excusa para la acción, por lo cual ahondar demasiado en sus contradicciones puede resultar un tanto contraproducente -además de buscar no caer en spoilers, entre tanto hablar de 2 Depredadores, de cambio climático, hibridación y modificación genética, o el motivo por el cual los Yautja terminan en los suburbios de EE.UU., cortesía de Quinn y su hijo con autismo (Jacob Tremblay, aka, el niño de “Room”). Lo importante de esto, como dijimos, es entregar un contexto para la acción y el humor, todo lo cual parte casi desde el inicio y sin respiro hasta el final, todo lo cual va de la mano con la corta duración, al menos para los estándares modernos, de menos de 2 horas, entregando así una cinta dinámica, liviana, pero que se pasa rápido.

Contribuye también a lo rápida y liviana de la película la cantidad de humor en ella, el cual funciona mayormente, pese a que no todas las bromas logran acertar con su aterrizaje. Aunque ciertamente, si algunos esperaban una película más seria, vinieron al lugar equivocado.

Aún así, y como dijimos, Black entrega una película competente y digna, la cual obviamente palidece en comparación con la original, porque las cosas no pueden ser de otra forma. De todas formas, lo “retro” que se siente, sin apelar directamente a la nostalgia, hace que se sienta refrescante de ver en esta época, lo que sumado a la actitud que exuda, y a lo rápida y liviana que es, permite entregar un buen rato en el cine, no bien seguro van a quedar con un tanto gusto a poco, o bien, con ganas de volver a ver la original.

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