The Dragon Prince – Season 1 Review

“Avatar: The Last Airbender”, la serie de Nickelodeon, es justamente considerada como una de las mejores series animadas (y mejores series, punto) de todos los tiempos, no sólo gracias a su estilo visual inspirado por el animé, pero principalmente por la fuerza de sus guiones y personajes. Y no bien no fue su creador, gran parte del merito de la serie estaba dado por el trabajo de su escritor en jefe, Aaron Ehasz. Fue el mismo Ehasz, acompañado del escritor Justin Richmond, y los directores Villads Spangsberg y Giancarlo Volpe (este último reconocido por su labor en “Avatar”, “Star Wars: The Clone Wars”, “Star vs The Forces of Evil” y “Green Lantern: The Animated Series”, de la cual fue showrunner), quienes llegan ahora a Netflix con “The Dragon Prince”, una serie que se siente firme heredera de “Avatar” en cuanto a su nivel de calidad, estilo de animación y la fortaleza y temas de sus guiones.

La serie, que mezcla animación tradicional y digital, está ambientada en un mundo de fantasía épica medieval, el cual arrastra años de conflicto entre humanos y elfos, luego que los primeros utilizaran magia oscura para alcanzar niveles de poder insospechados, a la vez que alteraban el orden natural y las leyes mágicas que rigen este mundo. Luego que los humanos fueran expulsados a otro sector del continente que comparten con los elfos por sus transgresiones, se genera una tensa calma, la cual explota en conflicto cuando los mismos humanos acabaran con el Rey de los Dragones y su huevo, todo lo que lleva a una guerra entre ambos que se arrastra por años.

 

La trama comienza cuando un grupo de elfos, entre los que se encuentra Rayla (Paula Burrows) son enviados a asesinar a Harrow, el rey de los humanos del reino de Katolis (Luc Roderique), y a su heredero, el príncipe Ezran (Sasha Rojen). Sin embargo, y por la intervención de Callum (Jack De Sena), el hijastro del rey, la misión de los elfos y, sobre todo, de Rayla -y su aversión por matar- tendría un giro inesperado, ya que no sólo nuestro trío de protagonistas descubrirían que el huevo que contiene al Príncipe Dragón está intacto y en control de los humanos, pero también las ansias de poder y el uso de las artes oscuras que utiliza Viren (Jason Simpson), el asesor principal del Rey, quien busca medios no sólo para aumentar su poder y hacerse con el control de Katolis, pero también acabar con los reinos de elfos y dragones.

Bajo esta premisa, la primera temporada de 9 capítulos funciona muy bien como un prólogo o introducción a este mundo, su historia y funcionamiento, así como a nuestros personajes principales. Desde la primera escena, que con flashbacks nos cuenta la historia de la ambientación y el conflicto de este universo (canalizando, de paso, la intro de “Avatar”), pasando por la trama misma de la temporada, estos primeros 9 episodios que componen el primer “libro” de la saga realizan una muy buena labor al desarrollar a los personajes tomándose el tiempo para hacerlo, explorando las relaciones entre éstos, y demostrando el crecimiento, no sólo del trío principal, pero también de los antagonistas. Ehasz vuelve a demostrar la calidad de su trabajo, haciendo eco justo a su labor pasada.

Otro apartado donde destaca mucho la serie es en su diseño de producción: desde el diseño de los personajes que destaca no sólo por lo vibrante y estilizado, pero también por lo diverso e inclusivo de su elenco (incorporando incluso un personaje sordomudo, la genial General Amaya, tía de Callum y Ezran, y que se comunica con lenguaje de señas ayudada de un intérprete, en lo que es probablemente la primera vez que vemos algo así en una serie animada de este calibre); lo hermoso de los ambientes y fondos en que se desenvuelve la serie; y pasando a la excelente banda sonora del alemán Frederik Wiedmann (compositor de “Green Lantern: The Animated Series” y de gran cantidad de películas animadas de DC).

Dentro de todo lo bueno que tiene la serie, aún así hay que mencionar 2 elementos particulares que ciertamente le juegan algo en contra: en primer lugar, hay un tema con la animación que llama la atención, lo cual está dado por la decisión de la producción de reducir intencionalmente la cantidad de cuadros por segundo de los modelos digitales para tratar de evitar la sensación de “flotación” que a veces tienen los modelos digitales, y también para canalizar la animación 2d y hacer que el 3d combine bien con los fondos; sin embargo, se produce el efecto donde, a ratos, la falta de fluidez de la animación se vuelve notoria, a veces incluso distrayendo un poco. No es un elemento tal que pueda arruinar la experiencia, y ciertamente el cuánto lo sientan afectar dependerá de cada persona, pero está ahí (al menos la producción ya anunció que pretendían hacerse cargo de esto en la ya confirmada segunda temporada).

Y el segundo punto en contra, o más bien, que puede resultar frustrante, es lo corta que es la temporada, ya que los 9 episodios de entre 24 y 27 minutos de duración se pasan volando, y cuando la serie comienza a agarrar vuelo, a entregar respuestas a sus interrogantes y enigmas, y a mover la trama más allá del setting inicial, llega el fin de la temporada, y la sensación de desamparo que llega cada vez que se acaba una buena serie y no tenemos qué más seguir viendo. De nuevo, como ya mencionamos, la segunda temporada ya fue confirmada, además de una serie de otros productos multimedia que expandirán el mundo de la serie y ampliarán las historias (Wonderstorm, la compañía productora de propiedad de Ehasz y Richmond, ya ha hablado de libros, comics y videojuegos), por lo que por ahora no nos queda más que esperar.

MVP: Le dimos varias vueltas, y teníamos algunos candidatos como Bait -la mascota de Ezran-, o el dúo de hermanos de Claudia (Racquel Belmonte) y Soren (Jesse Inocalla), y claro, la General Amaya, pero finalmente nos quedamos con Rayla, considerando que del trío de protagonistas, es probablemente el personaje más complejo y desarrollado (además, es imposible no amar su acento escocés).

Mejor Episodio: Como siempre pasa con las series de Netflix y su diseño pensado en hacer “binge watch”, es complejo elegir un capítulo, pero decantaremos en “Wonderstorm”, el final de temporada, no sólo por la audacia de ponerle a un episodio el nombre de la productora, pero también por la forma en que las tramas confluyen en este episodio, y la cantidad de preguntas sin responder que deja para la segunda temporada, generando un punto que marca un antes y un después en la serie.

Notas al cierre:

  • Bievenidos a nuestra cobertura de “The Dragon Prince”, desde ya los invitamos a comentar con nosotros la serie y nos volvemos a reencontrar cuando sea que vuelva la segunda temporada.

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